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832 Palabras
Cada día para mi es una rutina, me levanto, desayuno, voy a mi estudio para trabajar, salgo a entrenar a los novatos, voy al bosque, más trabajo, más trabajo, cena y dormir... Así de entretenida es mi vida. De vez en cuando salgo de la región o del país visitando otras manadas. —Hermanito —mi dulce hermana me observa desde el marco de la puerta de mi estudio con su hijo Adrien en brazos. Ella es idéntica a nuestra madre, su versión más joven. Odiaba estar lejos de nosotros, pero entendió por qué era así, aunque en el fondo aún le molesta que la dejaran en otro lugar lejos de su familia, cuando ella, a su edad podía pelear junto a nosotros, es tan fuerte como nuestros padres, una hija digna de un alfa. —No me dijiste que vendrías —dejo lo que estaba haciendo y me dirijo a ella. También camina hacia a mí con una sonrisa son su rostro. Cuando estoy lo suficientemente cerca Adrien estira sus cortitos brazos hacia a mí. —Ven aquí —lo alzó por sobre mi cabeza y lo muevo simulando un avión, el ríe y disfruta. —Te queríamos dar una sorpresa, te extraño muchísimo y Adrien te extraña mucho más. Cuando mi hermana estaba a un par de días en dar a luz, con mamá fuimos a su casa para estar con ella y acompañarla, Steven se hizo cargo de la manada por al menos cuatro meses. A decir verdad, odiaba tener que irme, pero tengo una responsabilidad que no puedo abandonar. — ¿Te gusta estar más con tu tío que tú padre cierto? —Eso jamás sucederá. Cuando Noah vino aquí un día, para celebrar la paz -ese día no solo éramos lobos, si no también todo tipo de especies-. Durante la noche de ese día, mientras nos tomábamos una copa su expresión cambio por completo, dijo algo inaudible y desapareció de mi vista. Nos conocíamos desde hace suficientes años como para saber si había algún tipo de peligro o no, así que no lo perseguí. Media hora más tarde mi hermana llegó a mi corriendo y salto a mis brazos, al ver sus ojos lo supe, lo había encontrado, la sorpresa fue cuando me lo presento, mi mejor amigo y rey, sentí celos -a nadie le gusta que toquen a su hermana pequeña- pero cuando Noah y Evie se miraron lo supe, era imposible separarlos y jamás los había visto tan felices, estaban destinados el uno para el otro, aunque claro deje las reglas bien claras respecto a mi hermana. —Me alegra verte amigo, han mejorado mi día. Semanas, mejor dicho. —Por lo que pude observar todo va bien por aquí —abraza a mi hermana por la cintura. —Papeleo ya sabes, odio ese tipo de cosas —Parte del trabajo —hace una mueca de disgusto. — ¿Ya viste a mamá? —me dirijo a Evie. —No —dice con tristeza—. Se va a sorprender mucho cuando nos vea. —Vamos sobrino en busca de la abuela. —Odio verte así —Evie enreda su brazo con el mío y apoya su cabeza en mi hombro. Todas mis hermanas adquirieron eso de nuestra madre. Desde aquí puedo observar bien como los más jóvenes entrenan, como los niños juegan y mi mamá baila con su nieto en brazos. —No te preocupes por mí ¿Todo ha ido bien con Edrien? —No puedo explicar lo que siento cuando lo veo. —Estoy muy orgullo de ti y papá también lo estaría. —Lo extraño cada día y mamá no sé cómo aún sigue en pie, si yo perdiera a Noah. —Eso no pasará —acaricio su mano que esta en mi brazo. —Tu no deberías rendirte, sigue buscado, ve con los humanos, te rodeas mucho entre nosotros. —La busco Evie, siempre lo hago, solo que ya no sé dónde más buscar, tal vez, vendrá sola a mí. —Puede ser, pero el mundo humano siempre está cambiando, tal vez, solo nació hace unos años, puede que sea una bebé. —Odio es idea, pero también estaría feliz de saber que al menos la encontré. Cuando tú compañerao es menor de edad, por ley no pueden estar juntos, el niño o niña vivirá con sus padres lejos, hasta que cumpla la edad correcta, fue escrita desde el comienzo de nuestra especie. Al ser niños tan indefensos e inocentes, nuestra necesidad por protegerlos aumenta al punto de volvernos locos y caer en una obsesión, por su seguridad y los celos, somos capaces de atacar a un inocente solo porque cerca de él o ella. Además, que sus padres también tienen el deseo sobreprotector en sus hijos el cual traía muchos conflictos y peleas -hasta llegar a veces a la muerte- con la pareja de sus hijos. —Nunca pierdas la esperanza, tal vez está más cerca de lo piensas.
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