—Alfa, es hora.
Mi segundo al mando, Steven, con su esposa Rossy, me observan desde el marco de la puerta, posiblemente el con un brazo en la cintura de ella.
No quiero despegar mi vista de la luna, solo deseo seguir aquí, con el vaso de Whisky en mi mano, en la tranquilidad de mi estudio.
Cierro los ojos, respiro profundo, dejo el vaso al lado de la botella de Whisky, acomodo mi traje -sin corbata, las odio- y camino directo a la salida, dejando una palmada en el hombro de mi amigo. Se lo que piensa y como me observa por eso evitó a toda costa su mirada y de cualquier otro que se cruce en mi camino esa noche.
Esta gran casa -mansión- mi padre, quien ya falleció en guerras antiguas entre especies, construyo este lugar junto a otros miembros de la manada, en un principio vivían todos aquí, en aquel entonces no éramos tantos, con el tiempo se fueron construyendo casas a sus alrededores para las siguientes generaciones, pero siempre se ha mantenido que esta casa no le pertenece a la familia del alfa, sino a todo aquel que lo necesite.
En aquellos tiempos las guerras abundaban y muchos quedaban sin hogar, por ello se unieron para tener un techo en el cual descansar y tener algo de paz.
El "patio" era el bosque, los árboles, el pasto, toda vegetación que nos rodea, para conservar la naturaleza tal y como es. Detrás de la casa hay un gran desplayo, perfecto para eventos, celebraciones y en especial para el entrenamiento diario de nuevos lobos jóvenes y humanos que hallaron su conexión con un lobo. Cuando estos se encuentran, el lobo o loba según el caso debe marcar al humano y este entra en un proceso, según dicen un poco doloroso, de transformación.
La Diosa luna nos concedió ese regalo para que el humano tenga una vida tan larga como nosotros. En un principio no era así y el lobo o loba estaba condenado a ver el tiempo pasar de su pareja. Muchos de ellos optaban por jamás fortalecer la conexión y huir lo más lejos posible, pero el dolor estaba y jamás se extinguiría.
Era una noche hermosa, todos vestidos según la ocasión, lámparas adornado los alrededores de diferentes colores, mesas largas para la cena, dejando un espacio en medio.
Mientras me dirijo a la cabecera de la mesa más larga, los miembros de mi manada me saludan al pasar y otros hacen un pequeña inclinación con su cabeza.
Ya en mi posición levantó una copa, digo unas palabras y hago un brindis en honor a los años por venir de nuestra manada y sus compañeros que lo conforman, que gracias a ellos prosperamos para ser más fuertes y bendecidos, por las futuras generaciones a venir gracias a estas uniones y en especial a los niños que están aquí esta noche y la mujeres que en sus vientres pronto traerán el futuro de nuestra manada.
Todos aplauden, aúllan y toman de sus copas felices.
Aquellos que no han encontrado aún a sus compañeros prefieren estar en sus casas o cualquier otra parte menos aquí, desearía poder hacer lo mismo, desearía solo estar mirando a la luna y rogarle cumpla mi deseo.
Mientras todos se divierten, cuando nadie se percata me escabullo entre las personas y me adentro al bosque, sin un rumbo fijo, solo caminar para pensar y despejar mi mente -como si fuera posible en esta noche-, durante mis muchos años de vida he viajado por todo el mundo en busca de ella, manada tras manada, incluso entre los humanos, pero siempre acabo de la misma manera, decepcionado y frustrado de mi fracaso.
Existen casos donde nuestra pareja está en otras especies como vampiros, hadas, brujos, elfos, sirenas, son en extremo raros, pero ha sucedido, lo intente también, pero nada.
—¿A dónde huyes? —mi madre, Arlene, una mujer que consideró muy hermosa a pesar de los años, de cabello largo -siempre suelto- castaño claro (algunos mechones ya blancos), ojos cafés, y delgada -el ejercicio continuo al que estamos nos mantiene así- siempre amable y humilde.
En su tiempo fue una gran guerrera, lucho en las misma batallas que mi padre, Archie, más aún se conocieron en una de ellas, cuando todas las manadas de la región -unas cuarenta en aquel entonces- se unieron en una guerra contra vampiros.
Nuestros líderes en ese tiempo eran orgullosos y soberbios. Casi extinguieron ambas especies, por suerte con ayuda de los elfos se pudo llegar a un acuerdo, pero demasiados pagaron el precio por cien años de una guerra interminable de territorio y el solo hecho de no ceder por el otro.
Muchos se alegraron de sus muertes años más tarde, cuando menos nos lo esperamos se enfrentaron solo ellos dos, y debido a las heridas causadas por los años, murieron. Sus hijos tomaron el trono con una mentalidad distinta, sin odio y rencor, solo buscando la paz entre especies.
A pesar de haber alfas en cada manada, tenemos un solo Rey a quien rendirle cuentas, mi amigo Noah, peleamos en batallas, perdimos y ganamos juntos, el odiaba todas las acciones de su padre, juro nunca ser como él. La paz abunda desde entonces.
El encontró a su compañera -mi hermana, Evie, que me sigue en edad- desde hace un par de años. Pensar que no se conocieron antes producto de las guerras y el deseo de mis padres que mis hermanas no pagarán las consecuencias, mis hermanas vivieron por años en otros países, hasta continentes, sumado que Noah vive al otro lado del país, comparten un niño en común, producto de esa unión, tiene ya siete meses. Estoy feliz por ellos, pero también los envidio.
—A ninguna parte en especial.
La escucho caminar hacia mí, enreda su brazo con el mío y apoya su cabeza sobre mi hombro, solía hacerlo con mi padre todo el tiempo.
—Pronto hijo mío, muy pronto.
—Siempre la esperaré ¿Pero por cuánto más? —acarició su mano que está en mi brazo.
—Solo la Diosa luna sabe lo que depara el futuro —acaricia mi mejilla.
—Tenías treinta años cuando hallaste a mi padre, yo tengo más de ciento cincuenta.
—Para cada uno es distinto, no desesperes hijo mío, por qué cuando llegue, todos estos años quedaran en el olvidó para comenzar una nueva vida.
Besa mi frente y vuelve a la celebración, para ella también es difícil, sin mi padre a su lado.
Después de perder al amor de su vida no volvió a ser la misma, una luz en ella se apagó, pero esa sonrisa que siempre me regaló cuando niño y adulto, y también a la manada jamás se fue, fue feliz con él por años y está manada lo recuerda cada día, el esfuerzo por seguir adelante en tiempos difíciles, formando una gran familia que vive en tranquilidad, paz y armonía. Ella sabe que nuestra gente jamás olvidará a uno de los mejores alfas, elegido por ellos mismo, logra que su corazón este contento cada día.
—¿Hasta cuándo mi Diosa luna esperaré para poder vivir?