Una amplia sonrisa pasa por mi rostro. Cuando entramos a casa y subimos las escaleras para mi cuarto, encuentro a Scott acostado en la cama con el control de la televisión en mano. Luhan, quien ni siquiera avisó que vendría, está revolviendo los cajones de ropa. Se voltea con una de mis bragas entre sus dedos. —Son negras—susurra—Y de encaje—se las tira a Scott que le cae en la cara—Ya es hora de ponerla, hermano. Scott larga una carcajada. Yo le saco mi braga de la cara, alejo a Luhan de mis cajones. —Los dejo solos por unos segundos… —Tranquila, mi amor—contesta Luhan—Acabo de llegar y con noticias. Debo decir que no son para nada buenas. —Luhan…—susurra Aaron. Está parado en la entrada, con una mano en el bolsillo y la otra colgando. Su rostro denota ira, rabia. Y de golpe

