Lunes por la mañana.
El cielo se mantiene con una capa gris de nubes. Estoy deseando con el alma entera que no llueva, pero al salir de casa a las siete, las primera gotas comienzan a caer. Incluso así, el calor no deja de ser insoportable.
No veo a mamá desde ayer en la noche. Me tomé un taxi hasta casa y me encerré en la pieza. Muy dramático todo, lo sé. Pero ella no es capaz de sentir como lo hago yo cada vez que me compara con alguien. Así que no soy yo la que tiene que pedir perdón en esta ocasión.
Pongo en marcha el auto y manejo hacia la facultad. Mientras que escucho las primeras noticias de la mañana, aspiro y exhalo lentamente el aire que entra por la ventanilla. Hoy va a ser un buen día, lo presiento. Nada de malas vibras, nada de malas ondas...ni siquiera voy a hacer contacto con Stacy y su mala fama. Así que cuando llego a la facultad de medicina y aparco en el estacionamiento, camino directo al aula y encuentro a Audrey con un brazo levantado para indicarme el camino. Ella va vestida con una falda negra, remera blanca y zapatillas. Tiene el cuaderno encima del escritorio. Tomo asiento a su lado, y al hacerlo, repentinamente veo a Alex y a Aaron entrar al aula.
Alex va moviendo las manos al hablarle, con la mochila rosa flúor en el hombro y una sonrisa de aquellas en el rostro. Mientras que Aaron...bueno, va asintiendo con la cabeza a lo que Alex podrá decirle...aunque sé bien que sus pensamientos están en otra dimensión.
—¿Y?—pregunta Audrey—¿Cómo te fue anoche?
—Para el culo—respondo—Mamá y yo peleamos.
—¿Qué fue esta vez?
Pongo el brazo contra el escritorio y me mantengo en esa posición, con la cabeza en mano.
—Le dije lo mucho que odio que me compare con Loraine.
—¿Qué pasó con Loraine?—pregunta Alex, sentándose en el asiento al lado de la ventanilla. Aaron queda frente a mí, y yo no hago más que apoyar la espalda contra el asiento para quedar a una distancia considerada de él.
—Nada—respondo yo.
—Blas se peleó con su madre—dice Audrey.
—Oh, santo Cielo—exclama Alex—A la señora Clark le hace falta una buena…
—¿Vas a estar hablando siempre de p***s?—pregunta la rubia a mi lado y yo tengo que taparme la boca para no reír. Por su lado, Aaron mira a Audrey con intriga.
—¿Quieres hablar del mío?—contraataca él.
—No, gracias. Solo salgo con chicos malos. —Puedo ser un chico malo por tí.
Aaron me mira como diciendo ¿acaso soy yo el único que está incómodo aquí?.
—Estoy esperando a mi príncipe de amarillo.
—¿No es azúl?—pregunto yo.
Audrey se encoge de hombros.
—A Luhan no le gusta mucho el azúl.
La mención de Luhan hace que todo a mi alrededor se detenga. Por primera vez en un año, Audrey pronuncia su nombre.
Yo la miro de reojo y ella se da cuenta de lo que hizo. Acordamos no hablar de ese tiempo. Acordamos que todo lo relacionado con el pasado no estaría involucrado con nuestras vidas nunca más. Le prometí que dejaríamos a un lado ese mundo. Le prometí no tener contacto con nada relacionado a eso.
Creí que no iba a tener las fuerzas necesarias, pero ahora resulta que no fui yo quien rompió la promesa.
—¿Quién es Luhan?—pregunta Alex.
Aaron parece levantar la oreja.
Audrey intenta arreglar su descuido.
—Nadie que sea de importancia.
Y yo la ayudo:
—Un romance pasado…
—Luhan Robinson.
La voz de Aaron llega a mis oídos. Me quedo estática en el lugar pensando en que tal vez, este sea el mejor momento para salir corriendo del aula e internarme en el baño para vomitar. Luego rebobino el tiempo y me hago la siguiente pregunta: ¿cómo sabe que Robinson es su apellido? ¿Cómo sabe que era él al que Audrey hizo referencia?
Los ojos mieles de Aaron se clavan en los míos, tal como lo haría un torniquete en medio de la pared. De forma seca, sin dolor, demasiado rápido y sin previo aviso.
—¿De dónde conoces a Luhan?—dice luego.
—¿De dónde lo conoces tú?—ahora es mi turno.
La tensión en el ambiente es demasiada.
—Salía conmigo en un pasado—interrumpe Audrey con una simple mentira—Me dejó plantada en la última cita. Así que lo dejé.
—Pero todavía te gusta—implora Alex—Porque lo esperas.
Y Audrey dice:
—Es que tenemos asuntos pendientes que arreglar.
El aula entra en silencio en cuanto la profesora de Bioquímica entra y deja el maletín en el escritorio. Alex se voltea listo para tomar apuntes en su cuaderno, Audrey toma una lapicera a la vez en la que tose para aclararse la garganta después de tantos nervios. Y yo...bueno, intento no ver a Aaron de reojo y sus movimientos rápidos. Él también se voltea, pero no soy estúpida como para no darme cuenta de lo que hace: toma el celular y busca entre sus chats de w******p. Ahí veo el nombre de su hermano, Harry….
—Luego hablamos de esto—me dice Audrey tomándome por sorpresa—Fue error mío. Lo siento.
Me siento derecha en el asiento, sin poder ver lo que Aaron escribe. Abro mi libro en la página 173, como está indicado en la pizarra.
—Todos cometemos errores.
Más tarde, cuando la profesora da unos ejercicios de práctica luego de explicar la teoría, Audrey y yo nos concentramos en hacer las actividades, en silencio, pensando y calculando cada número y ecuación para no hablar sobre Luhan. Pero mis pensamientos me llevan una y otra vez hacia el rubio demonio que se fue una noche y nunca apareció.