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1002 Palabras
—Solo un poco—pronuncio—Prefiero los vinos blancos y dulces. Depende también mucho del paladar de cada persona. Por ejemplo, un Chardonay dulce y fresco sería una buena opción. Aunque claro...también depende de qué clase de persona es uno. Anthony levanta una ceja y apoya los codos sobre la mesa para entrelazar los dedos. —Muy buena elección. Sonrío un poco. —Lo sé—y añado:—Te sorprendería las cosas que sé acerca del mundo. —Eso dice muchas cosas de tí—pronuncia Anthony, con una sonrisa—¿Eres curiosa? —Bastante. —La curiosidad a veces la domina—mamá exclama y me planta una mirada de “no arruines la cena, o verás al llegar al casa”—No es bueno tener siempre los pies en las nubes, ¿no es cierto? —Tampoco es bueno estar amarrado con una cadena al mundo real, dejando que la sociedad te explote y te utilice con sus fines...comerciales y políticos de manera corrupta—respondo yo, toda educada, sentada derecha en la silla, dejando que la servilleta de tela se deslice suavemente por mis muslos—Pero sí—le digo a Anthony—Mamá y yo no parecemos de la misma familia. Anthony larga una carcajada que me pone nerviosa. Mamá lo sigue, lo imita. Solo que me da una patadita por debajo de la mesa. Eso es todo lo que necesito para saber que no está conforme con mis palabras, que quiere que me comporte adecuadamente. Lo que no sabe ella, es que esta noche me convierto en Loraine. En lo que tanto ella implora por conseguir de mí. —Tienes un carácter potente, Blas—sugiere Thony—Eres una mujer hecha y derecha, como tu madre. —Qué puedo decir. Soy igual a mi hermana. Mamá no lo toma mal, todo lo contrario. Por eso comenta: —Loraine y ella siempre fueron muy unidas—incluso cuando un mozo viene hacia nuestra mesa y deja la canastita con pan tostado, con queso y jamón cortados en fetas, y una salsa blanca con pequeños trozos de cebolla verde, mamá continúa hablando:—Peleaban todo el tiempo, como una relación de amor-odio. —Un cliché—pronuncio y tomo un trozo de pan y hundo el cuchillo en la salsa—Como todo libro. —¿Te gusta leer?—pregunta Anthony, desparramando la salsa por su pan. El mozo trae el vino que pidió él y le sirve apenas en la copa. Anthony le hace una seña y el mozo se detiene. Luego, antes de probar un bocado de su pan, huele el vino, lo revuelve un poco y lo prueba. Entonces asiente—Excelente. El mozo llena su copa. Luego, la de mamá. —Sí, de hecho—continúo—Me hubiese quedado en casa leyendo, haciendo tarea para la facultad—mamá me da una rápida mirada. Me apresuro a decir:—Pero por nada en el mundo me perdería conocer al esposo de mi madre—Mamá se atraganta. Anthony deja la copa en la mesa—Lo siento—digo yo—Novio. Mamá deja la servilleta sobre la mesa y se levanta. —Si me permites, Anthony...acompañaré a Blas al baño. —Pero no quiero ir—reprocho yo. Mamá me señala el baño. Está enojada. Furiosa. Por eso accedo a lo que dice—Huy, ya me dieron ganas—me levanto y le sonrío a Anthony, que me mira curioso—Si nos disculpas, parece que mamá está buscando una excusa para hablar conmigo…. Antes de que pueda siquiera seguir con mi monólogo especial de la noche, mamá tira de mi brazo al baño. Me empuja por entre las mesas hasta subir las escaleras y entrar por una puerta directo al toilette. No hay nadie, para mi suerte. —¿Qué es lo que crees que haces? —Estoy hablando con Thony. Mi mejor amigo. Mamá suspira. —Eres increíble, Blas—pronuncia enojada—¡Increíble! Me cruzo de brazos. —Eso era lo que querías, ¿no?—redoblo la apuesta—Que lo conociera. Que sea educada. —Estás siendo todo menos educada. Me encogo de hombros. —¿En serio? Wow...creí que así tendría que hablar Loraine si estuviera aquí—y mamá lo comprende entonces—Dijiste que sea como ella. Que siguiera sus pasos. Y eso estoy haciendo. —Loraine no era así. —¿Y cómo era entonces?—pregunto y mamá intenta tomarme del brazo para, seguramente, rogarme para que termine con esto de una buena vez. Sin embargo, mi orgullo puede más. No me toca, ni siquiera alcanza a hacerlo porque ya estoy apartándome de ella—Seguramente hubiese sido mejor hija que yo. —No es así. Las dos son diferentes… —¡¿Y por qué quieres que sea como ella?!—exploto y mi grito retumba en todo el baño. Mamá abre la boca, sorprendida—Porque no dejas de repetirlo. Loraine esto, Loraine aquello. Tendrías que comportarte como tu hermana…—no tardan en aparecer las lágrimas y yo dejo que caigan por mi rostro—A veces pienso que si tuvieras que volver al pasado y elegir entre las dos, salvarías a Loraine y me dejarías morir en su lugar. Mamá también llora. Pero lo hace silenciosamente. —No digas eso. Nunca dejaría que… —¿Sabes qué?—retrocedo—Me voy de aquí. Disfruta tu cena con tu nuevo novio. —Hija, ven aquí—dice ella en tono firme. Pero yo ya estoy cruzando la puerta y bajando las escaleras. Escucho que mamá grita mi nombre:—¡Blas! Todas las personas en el restaurante giran la cabeza. Me detengo en las escaleras, con los ojos rojos, con un sentimiento horrendo en el pecho. Y con toda la gente mirando en mi dirección, me atrevo a sacarme los malditos tacos de porquería y corro hacia la salida.
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