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3055 Palabras
Cuando aparco el auto en frente del club, es imposible no sorprenderme. Hay demasiada gente que hace cola para entrar, detrás de un gran listón n***o que funciona como barrera. El guardia de n***o en la puerta toma el dni de la gente para asegurarse que todos sean mayores de edad. El bar está iluminado con luces amarillentas y bajas, que le dan un toque más privado al asunto. Las ventanas, por dentro, están tapadas con cortinas. Bajo del auto con la cartera y espero a que los autos pasen para cruzar. Busco a Audrey, aunque ahí está, en la fila cerca de la entrada agitando la mano para que yo la vea. Me abro paso entre la gente que habla y cuchichea entre sí. Alex también está aquí y me silva al verme. -¡Por qué tan hermosa!-dice él. Audrey me toma del brazo y susurra un: -Creí que dirías que no. Me encogo de hombros. -Hay que vivir la vida-respondo. -Unos amigos vendrán más tarde-pronuncia Alex-Aaron dijo que vendría. -¿Quién es Aaron?-ahora es Audrey. La fila avanza y nosotros también. Audrey habla sobre su día, que fue a comprar a la tienda a la vuelta de su casa, que se encontró con un chico llamado Gareth y que la invitó a salir este fin de semana. Mientras, Alex comenta que Aaron es uno de sus amigos de ese grupo raro y extraño que tiene en la facu. -Le gusta lo raro-pronuncia y me mira a mí-Como tú. Podrían llevarse muy bien. -Ah, yo....no lo sé. -Blas ya tiene pretendiente-afirma Audrey y me empuja directo frente al guardia-Aún no llega, pero lo espera como Rose esperó a Jack. ¿No es romántico? Estoy a punto de decirle que no, de refutar cualquier oración que salga de la boca de mi mejor amiga, pero el guardia tiende la mano hacia mí y me pide el documento. Es demasiado grande, impotente. Es moreno, demasiado robusto y me mira sin sentimiento alguno. No dudo en entregarle el dni. Intercala la mirada entre la foto que tiene entre sus manos y mi rostro. Entonces me dedica una sonrisa y me dice: -Buen provecho. Avanzo por el pasillo amplio del bar. Las luces están bajas, amarillentas, dando al lugar un poco de privacidad. Camino lento para esperar a los demás y, cuando me quiero acordar, Audrey ya me toma del brazo y me sonríe diciendo que nunca se imaginó entrar a Gregory's en su vida. Yo también me sorprendo, es decir....lo iban a tirar abajo para construir un edificio aquí. Aunque todo parece haber sido palabras vacías. Alex corre a nosotras. Los tres vemos los adornos del lugar, los ventanales grandes con los vidrios tapados por cortinas bordadas de un color vino tinto. Hay un aroma extravagante en el ambiente, y al pasar por la puerta principal a la enorme sala que sirve como comedor, me sorprendo. No es como me lo imaginé, o al menos, como tenía pensado que sería. Hay demasiada gente, en efecto, no hay muchas sillas repartidas por el lugar, solo al fondo en la zona vip y un pequeño comedor a la izquierda, cerca de la barra. Está a oscuras, excepto por las luces de colores que van y vienen como si se tratase de una discoteca. Hay gente bailando, con una copa en mano, sonriendo, divirtiéndose entre todos. Un grupo de amigas pasa a nuestro lado y Audrey las saluda. No pregunto quiénes son, me abro paso, con la mano de mi amiga apretando la mía en forma de cadena humana para no perdernos, y me ubico frente a la barra de madera para pedir algún trago. La música R&B retumba por los parlantes, así que el barman, un hombres trajeado con un moño por corbata, tiene que alzar un poco la voz para tomar nuestro pedidos. Mientras que Alex y Audrey piden un daikiri y un s*x and the city, yo me contento con un poco de agua y nada más. -¡Que aburrida!-se queja Audrey. Pero quiero mantenerme en forma. No puedo dejar horas de entrenamiento a un lado y perder lo que logré. Supongo que sigo siendo muy estructurada. -¡Vengan, busquemos una mesa!-grita Alex y nosotras lo seguimos. Nos abrimos paso entre el gentío que baila, toma y sonríe. Sostengo la mano de Audrey para no perderme, mientras que guardo la botella en la cartera. Alex toma una mesa al fondo, pegada a la pared. Hay una ventilación justo allí, así que soy la primera en sentarme frente a ella y dejar que el aire fresco me golpee por la espalda. Alex y Audrey hablan sobre los exámenes que siguen, sobre las fiestas de hermandad a las que tienen pensado asistir. Mientras me dedico a observar los detalles del bar, preguntándome, tal vez, si algo de lo que hay aquí se mantiene intacto desde lo que pasó con Loraine. Pero descarto la idea y me uno a la conversación. -Así que, ¿quién es el afortunado que espera por tu amor?-pregunta Alex, con las piernas cruzadas por encima de la silla. Me dedica un guiño y yo no hago más que ponerme nerviosa. -Es una buena historia-interrumpe Audrey-Digna de ser escuchada. -No creo que sea buena idea-alzo la voz. -¡Buuu....!-se queja Alex-¿Por qué no? -Es complicado. Alex se encoge de hombros. -Tenemos toda la noche, preciosa-Antes de que pueda decir siquiera una palabra, una mano se posa en el hombro de Alex y él se da vuelta-¡Pensé que no vendrían! Un chico, alto, vestido con una chaqueta de cuero negra reluciente y una remera blanca abajo que brilla por las luces, saluda a Alex. Audrey se levanta para saludar a los demás: una chica pelirroja y dos chicos que hablan y bailan mientras que nos saludan. Tengo que moverme para saludarlos, y al hacerlo, la mirada del chico alto se cruza con la mía. Y no sé por qué, pero un mal presentimiento me apuñala el pecho. Lo reconozco entonces, de esta mañana. El chico que me vió en la facultad, el del pelo ceniza y ojos mieles. Él no me saluda, ni tampoco yo. Pero Alex le deja el lugar a mi lado, lo que me pone nerviosa. -Chicas, esta es Payton, Denver, Harry y Aaron. Los hermanos de FallStreet. -¡Sabía yo que tenían algo en común!-pronuncia Audrey con una sonrisa. Está sentada al lado de Denver, elde sonrisa linda y el lunar debajo del ojo derecho-Algo me dice que seremos buenos amigos. -¿No somos parecidos?-pregunta Payton, burlona. -Algo-responde Audrey. -Bueno, en sí...Aaron y Harry son hermanos de la misma madre-explica Denver, el otro pelirrojo-Y Payton y yo somos de otra... -Eso es genial-susurra Alex-Imagina todos los regalos que tendrías en navidad, en los cumpleaños.... -Eso es muy infantil-acota Harry. Yo me detengo a observarlo mejor, aunque la luz baja no me lo permite mucho. Pero sí, tiene los ojos iguales al que debe ser Aaron, a mi lado, y sus facciones felinas, delicadas, son las mismas-Mamá me regaló un yate el año pasado por mi cumpleaños. Casi me atraganto con mi propia saliva. -¿Un yate?-pregunta Audrey-Wow. Payton rueda los ojos. -No seas creído, Harold-dice ella-Es mentira, solo le dió un casco nuevo para el equipo. El taradito lo arrolló con el auto en una de sus carreras. -¿A qué juegas?-pregunta Audrey, curiosa. Y ya la estoy mirando, en esa pose seductora a la que recurre en cuanto le gusta un chico. -Estoy en el equipo de fútbol de la facultad. -Conmigo-recalca Denver-Y debo decir que soy mejor jugador que tú. Payton sonríe y le dice algo a Audrey. Ambas carcajean, como si se conocieran de toda la vida. -¿Y tú?-escucho la voz de Aaron a mi lado. Es gruesa, susurrante, pero también atrevida, con un poco de curiosidad-¿A qué te dedicas? -Eso, Blas-dice Alex-Cuéntanos de tí. Miro a Audreu en busca de ayuda. No me siento en mi zona de confort hablando de mí misma. Ella mueve la cabeza arriba y abajo, diciéndome "todo está bien. Ábrete". -Yo...salgo a correr. Harry alza las cejas. -¿Maratones? ¿Haces competencias? -No, en realidad....lo hago como un hobbie. Desde hace un año. Payton me dedica una sonrisa. -Si quieres podemos salir a correr un día de estos. Las tres. ¿Qué dicen? Y dejamos a los hombres con sus autos y deportes extremos. -Suena genial-afirma Audrey. -Suena genial-repito yo. -¿Solo corres?-pregunta Aaron a mi lado. Sus ojos y los míos se entrecruzan. -Además de estudiar, sí. A veces voy al gymnacio, pero no me gustan todas esas miradas...me ponen nerviosa. -¿Por qué nerviosa?-contraataca él. -No lo sé. ¿Nunca sentiste nervios cuando haces deporte? Aaron desvía la mirada a algún punto en concreto del bar. -No. Solo entreno y ya. No dejo que los comentarios de los demás influyan en algo tan personal como es el deporte. No sé qué responder a eso, así que me quedo callada. Y de pronto, las miradas de sus hermanos se posan en mí y luego en él. Parece que Aaron no es de muchas palabras, por eso están sorprendidos de que dijera algo. -Iré por un trago-aviso y me levanto. Audrey me niega con la cabeza, como diciendo quédate aquí, ¿vas a dejar pasar la oportunidad para conocer a alguien?. Aunque, claro está, Aaron también se levanta y pronuncia: -Yo también. Y allí es cuando mi Blas de mala leche intenta salir de lo profundo de mi alma para decirle que puedo sola, que no es necesario que me acompañe, que soy una mujer independiente y que siempre lo seré. Sin embargo, camino entre las mesas con Aaron pisándome los talones. No me quejo por eso. Él camina a mi paso, sin hablar. Ambos nos internamos entre la gente buscando una salida y así llegar a la barra. Cuando lo hacemos, uno al lado del otro en un pleno silencio incómodo, pedimos las bebidas. Repiqueteo las uñas contra la madera en señal de nerviosismo, abro la boca para entablar una conversación, aunque él es más rápido que yo. -Siento lo de hace un momento. No debí haber dicho eso. Y allí, de nuevo, la Blas cabeza hueca pronuncia: -Claro que no. A no todos nos resulta fácil estar cómodos con las miradas desaprobatorias de la gente. Pero dudo que a tus hermanos y a tí les ocurra eso. -Bueno...lo siento, ¿de acuerdo?-ante mi silencio, prosigue:-¿Eres amiga de Stacy? Allí obtiene toda mi atención. Sentada en la silla alta de la barra, mi cuerpo se voltea hacia él. Sus ojos mieles ahora se ven mucho más claros por la luz blanquecina de las lámparas bajas que cuelgan del techo y su rostro se ensombrece en los ángulos correctos como para llegar a pensar que, después de todo, es un chico atractivo. -¿Por qué crees eso? Aaron también se gira y su rodilla roza con la mía. -Bueno...porque las vi hablar hoy. Además no para de nombrarte. La lamparita en mi cabeza se prende. -¿Ah, sí? ¿Qué dice de mí? Se encoge de hombros. -En realidad la escuché saliendo del baño. Ten cuidado, no da mucha espina. Si tan solo supiera lo que me hizo, si supiera que es una arpía con dos patas, que no tiene ni un dedo encima....tal vez no se juntaría con ella, es más, creo que ni siquiera se acercaría. -No somos amigas. Viene el barman y deja los dos vasos de vidrio delante de nosotros. Aaron toma el suyo y no tarda en llevárselo a los labios. Me quedo petrificada mirando cómo, en tan solo cuatro tragos, se termina la cerveza por completo. Se limpia la boca con una servilleta y, entonces, larga un pequeño eructo que me hace reír. -Tenía sed. No hago comentario alguno. Sino que pregunto por sus hermanos. -¿Cómo es vivir con tres hermanos? -Un horror-comenta-Pero uno se va acostumbrando a eso. Todavía me molesta que Harry me toque las camisas. ¿Y tú? ¿Tienes hermanos? Tomo un trago de la cerveza. -¿De verdad no lo sabes?-pregunto y él se me queda mirando, tal vez buscando algo en mi rostro que le diga a qué me refiero. Por lo que prosigo:-Mi hermana murió hace un año. Su cara se transforma. Desvía la mirada, mueve la cabeza hacia otro lado y, al hacerlo, me doy cuenta del lunar que posee a un lado del cuello. -Loraine Stanford-pronuncia y vuelve a mirarme. -Mi hermana mayor. Pero eso ya es tema aparte. -¿No te gusta hablar sobre el tema? -No es eso. Me trae malos recuerdos. Pone un brazo por encima de la barra y se sostiene el rostro con la mano. -¿Por qué? ¿Qué tipo de recuerdos? ¿Por qué, así porque sí, tiene interés en mí ahora? -Existen cosas de las que es mejor no hablar, Aaron. Su nombre en mi boca se siente raro. Como alargar la a fuese algo con el que no tendría que estar cómoda, y en efecto, no lo estoy. Él está debatiendo en si seguir preguntando sería lo correcto, mientras que yo no quiero parecer débil ante el hecho de no querer hablar sobre Loraine y todos los sucesos posteriores. -Mi madre murió en un accidente de auto-dice luego, irguiéndose en la silla. Toma el vaso entre las manos y mira a algún punto en concreto-Hace cinco años. El caso todavía sigue abierto, aunque nos amenazaron con cerrarlo en varias oportunidades. Ahora, soy yo quien dice un: -Lo siento mucho. -Yo no. Las cosas no pasan en la vida porque sí. Supongo que fue el destino. Debe estar en el cielo ahora-me mira de reojo y añade:-o en el Infierno. Intento decir algo, aunque todo lo que sale de mí es un casi e imperceptible suspiro. -¿Crees en eso? -¿En qué? -En el cielo y el infierno. -Creo en lo que puedo ver. Asiente con la cabeza. Yo me levanto, un tanto nerviosa por la pregunta, con el vaso en mano. -Iré a ver qué hace Audrey. La veo allí luego. Habla sobre la serie Friends con Payton, mientras que Denver les tira algún que otro comentario ofensivo al respecto. Harry y Alex, por otro lado, mantienen una charla sobre qué auto se adecúa más para las próximas carreras. Aaron viene detrás de mí, toma asiento a mi lado, aunque no dice nada más en la próxima media hora. Payton y Audrey toman mi mano y me arrastran hacia la pista de baile. Con unas copas de más en mi organismo, y sintiendo que todo a mi alrededor comienza a girar, me dejo llevar por la emoción del momento y comienzo a bailar. El largo cabello de Payton se mueve de un lado a otro con sus sexys movimientos. Me pregunto si a ella le costará tanto como a mí caerle bien a alguien, gustarle a alguien. Me pregunto si sus pecas son reales, o si la linda sonrisa que posee en el rostro puede enamorar, incluso, a una chica. Audrey me hace dar una vuelta completa sobre mis pies y el volado de la prenda que llevo puesta apenas se eleva un poco por sobre mis muslos. Es cuando quedo de frente directo a donde están nuestros asientos, que puedo ver cómo Aaron me mira. Y no lo sé, será por la postura en la que está, con una pierna cruzada por encima de la otra, con los brazos encima de la mesa, las cejas fruncidas bajo unos ojos mieles que parecen energía chocando entre sí, que todo aquello me hace pensar que se trata de otra persona. Es allí cuando desvía la mirada, cuando se da cuenta de que yo también lo miro, y la risa de Audrey me envuelve tanto que yo también sonrío. En medio del baile tropiezo con mis propios y caigo al suelo. Payton me ayuda a levantarme entre cabellos y personas. Las tres vamos al baño luego. Tengo que esperar a que se desocupe un lavado para entrar. Cuando estoy por hacer pis leo los mensajes en el celular. Uno de mamá preguntando a qué hora llegaría a casa en la mañana y otro de Logan comentando que pasará por mí el lunes después de la facultad para mostrarme algo. Me lavo las manos. Payton toma mi lugar luego. Me mojo un poco la cara, no tanto como para sacar la pintura. Audrey me habla mientras hace sus necesidades. -Deberíamos juntarnos más en la facultad. Apuesto a que Payton se alegrará. -Si, ¡Claro que sí!-dice ella-Tendré que acomodar los horarios. Tengo cálculo matemático a la una... Estoy viendo mi reflejo, observando ese pequeño punto rojo por debajo del ojo. Demonios, tendré que esperar a que se forme el granito por completo para sacarlo. Así que tomo un poco de papel de la máquina a un lado y vuelvo a observar mi reflejo, aunque algo pasa. La imagen distorsionada de un Gael con un agujero en medio del estómago, con la sangre corriendo por la frente, allí justo en donde comienza el cuero cabelludo, con un labio partido a la mitad y un ojo hinchado. -Me dejaste morir, Blas-dice y da el puño contra la mesada del baño. Yo grito, me hago hacia atrás y resbalo con los tacos en un intento de huir para que los pedazos de mármol que saltan por el aire no me den. El agua comienza a chorrear de un caño, producto del fuerte golpe-¡Me dejaste morir, Blas! ¡Me dejaste morir! Audrey es la primera que sale del cubículo, tomándome por los hombros para intentar levantarme, mirando todo el desastre que se produjo. Gael aún sigue allí moviéndose como loco, tomándose el rostro y el estómago en un intento desesperado por volver a conseguir lo que es suyo. Y yo, en la desesperación por no mirar hacia esa dirección, cierro los ojos mientras que Audrey me levanta y me grita preguntando qué es lo que pasó, que qué hice, que qué vi. Pero lo cierto es que ella no puede saberlo. No quiero involucrarla de nuevo, jamás en la vida, con estas cosas.
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