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2401 Palabras
-¿Te sientes mejor? Payton mantiene la botella de hielo contra mi nuca. Mi cuerpo tiembla, incluso mis manos lo hacen y no me dejan sostener como debería el vaso de agua. Se terminó mi noche. Nuestra noche. Arruiné completamente todo, incluso el bar tuvo que cerrar por la falla del caño del agua, como les explicó Audrey. Incluso ahora, está hablando con el dueño al respecto. Alex llama a mi madre para decirle que nos encontramos bien, que me llevarán a casa luego. Eso tendrá sus consecuencias, ya veo a mamá obligándome a ir al médico solo por una herida superficial en el cachete. -Estoy bien. Vemos a Harry y a Denver venir hacia nosotros, quienes estuvieron hablando con el barman por lo que ocurrió. Llevan en la mano dos botellas de agua más, solo por si las dudas. Las dejan en la mesita en donde estamos. -Falla en los canales de agua-explica Harry con una mano en la frente, sacando el sudor que le cae. La camisa a su cuerpo firme y delgado se mueve junto a él-Le avisaré a mi padre, por ahí puede hacer algo con eso. -Menos mal que pudiste reaccionar al instante-dice Denver-La fuerza del golpe pudo haberte matado. -No digas eso, Den-dice Payton. -Perfecto-ahora es Alex-La buena noticia es que tu madre pareció entenderlo-me da el celular y llena los cachetes de aire. -¿Y la mala...?-pregunto. -La mala es que viene para aquí. Me quiero pegar un tiro. Sí, porque ahora hará un escándalo de aquellos. Denunciará al bar, incluso yo me meteré en un problema porque no le dije a dónde saldría. Claro que no se lo diría, si se llegase a enterar de que estuve en el mismo sitio en donde vieron por última vez a su hija mayor...me ataría con una correa a la cama y jamás me dejaría salir de nuevo. -Arruiné la noche, perdonen-me disculpo. -Pero no, no digas eso-dice Payton-Son cosas que pasan, Blas. Tendremos la posibilidad de salir otro día, a otro lado. ¿Qué dicen? -Por mí, bárbaro-exclama Harry y en sus ojos veo algo de preocupación. -Ahora lo importante es que no te haya pasado nada-recalca Denver, con el cabello rojo revuelto. Me levanto como puedo, incluso me saqué los malditos tacones. ¿En qué estaba pensando cuando me los puse? Payton me ayuda a pararme, yo tomo la botella congelada y la vuelvo a poner en mi nuca. -Iré a ver qué hace Aaron. Esa frase sorprende a todos, incluso a mí. Pero voy. En cuanto llego al baño observo curiosa cómo su figura agachada entre los escombros revisa el mármol y otras cosas sobre el suelo. Su espalda es ancha, la remera que trae puesta se amolda bien a su figura. No me di cuenta antes, pero el cabello, en esa posición, agachado sobre sus propias piernas y medio encorvado hacia el suelo, parece demasiado largo. Apenas mueve el rostro a un lado para tomar otro pedazo de mármol. -No deberías estar aquí. Me apoyo en el sobresaliente de la puerta, y él se levanta. Se queda allí, entre los escombros, con los brazos a cada lado del cuerpo y su mirada caramelo sobre mí. -Tú tampoco. -Pues yo tengo que saber lo que pasó. -¿Ahora eres un poli? Ladea la cabeza a un lado, haciendo una mueca con los labios como diciendo algo así. -¿Quién sabe?-dice luego-A lo mejor resulto ser un espía encubierto. Dejo escapar una sonrisita irónica. -Claro y yo puedo hablar con los muertos. Su mirada en mí parece decirme que lo tomó no como un comentario irónico, sino como uno verdadero. A decir verdad, aquello ha salido de mi boca sin pensar. Me muevo incómoda, sin saber qué decir para arreglar la situación, aunque Aaron vuelve a agacharse y esta vez, revisa el caño blanco por donde todavía emana un pequeño y fino chorro de agua. -Eso sería absurdo-responde. -¿Por qué? Se limpia las manos al levantarse y guarda algo el bolsillo trasero de su pantalón. Sus finos ángulos resultan más perfectos de cerca. Posee un perfume a menta que se entremezcla con sudor y alcohol. -Creo en lo que puedo ver-me recuerda lo que le dije. Aspira un poco y espera a decir:-Al menos que también puedas verlos. Por un momento nos quedamos allí, enfrentados. Me pregunto si también los ve, si es como yo, si los fantasmas de la gente muerta lo fastidian, no lo dejan dormir por las noches, incluso lo persiguen a todos lados. Me pregunto si también él tendrá miedo de ellos, si le resulta incómodo y terrorífico saber que se va a dormir con un fantasma a los pies de la cama, mirándolo, inmóvil frente a él, esperando el momento en el que se duerma para colarse entre sus sueños y convertir todo pensamiento positivo en una pesadilla onírica. -¿Les tienes miedo?-logro preguntar, aunque eso sale más como un susurro-A los fantasmas. Aaron se aparta solo un poco de mí. Toma mi mano y la abre. Su tacto contra mi piel se siente frío, como si todo este reciente suceso lo dejara helado. Deposita allí un pequeño papel. -Tenle miedo a los vivos-responde y pasa a mi lado, lentamente para decir:-Llámame si necesitas algo. Se aleja directo a sus hermanos y me volteo para seguirle con la mirada. Camina seguro de sí mismo, como si no le importase las miradas ajenas. Abro la mano y desdoblo el papel para encontrarme con su número telefónico. Mamá vino luego por mí. Se demoró por hablar con el dueño del lugar, explicando lo que ocurrió con Lori hace un año, diciendo que no quería que su única hija saliera dañada. Pero no hizo ningún comentario de demanda, lo cual me sorprendió. Luego, ya en el auto y despidiéndome de los chicos, y con una mirada para nada normal de parte de Aaron, me dió todo un monólogo de las razones de por qué no vendré más a Gregory's Bar. Estuve a punto de decirle que tengo veinte años ya, casi recién cumplidos, que puedo manejarme sola, que no necesito de sus recordatorios. Aunque tiene razón. Dependo mucho de ella, no solo en lo económico y en lo de hospedaje, sino también por lo que comienza a ocurrir conmigo. ¿Y si me pasa algo mientras ella no está? Como lo de hoy, por ejemplo. Aparte, mamá es todo lo que tengo. Todo lo que no se fue, todo lo que no me dejó sola. -De acuerdo-finalizo, mirando por la ventanilla a las luces de la ciudad-No volveré allí. Ya en casa me doy una ducha y me refriego los ojos con las manos, sacándome la pintura que llevo encima. ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿No me bastó con lo de hace un año? ¿Por qué siempre tienen que pasar nuevas cosas? Sé que, en un principio, me siento culpable por Gael. Tanto que lo termino buscando siempre. Sé bien que a las personas hay que dejarlas ir, aunque me cueste mucho. Aunque no le haya dicho las cosas que tenía que haberle dicho cuando estaban vivas. Así que, pensando en positivo, y teniendo un domingo largo por delante, ya con el pijama puesto y el cabello seco, me tiendo en la cama y duermo. O eso intento. Milagrosamente, esta vez no hay pesadillas. Por las dudas, dejé la luz prendida del velador. Tal vez se dirán que eso ya es demasiado, que soy grande para hacer cosas de chicas, para temerle a la oscuridad...pero yo sé bien que, incluso en la luz y en las tinieblas, siempre hay algo rondando por ahí. Por la mañana me despierto a las diez. Mamá está preparando el desayuno, de espaldas a las escaleras, con un huevo en las manos y moviendo las caderas al compás de la música de Lady Gaga que suena por la casa. Se la ve feliz, por eso voy hacia ella y, con una sonrisa, deposito un beso en su mejilla. Está preparando bacon y huevos para el desayuno. Me encargo de hacer licuados de frutillas, porque a ella le encanta. Los sirvo en dos vasos grandes y los dejo en la mesa. -Tengo algo que decirte-pronuncia ni bien deja los huevos y el bacon, ambos en platos separados, en el centro de la mesa. Mamá se sienta y yo me cruzo de brazos. Su sonrisa me lo dice todo. -¿Te vas a casar? Ella casi se atraganta con el licuado. -Oh, por Jesucristo, Blas. No. Solo que tendremos una cena esta noche. Anthony quiere conocerte. Con el tenedor en la mano y pinchando un poco de bacon, la miro alzando una ceja. Nunca me dijo su nombre. -Con que Anthony...-pronuncio-Así se llama el novio. -Blas, hablo en serio. -Yo también, mamá-digo con la boca llena y ella se queja-¿A dónde vamos a ir?-pregunto-¿Tiene hijas? ¿Hijos, a caso? Si me lleva a dar una vuelta por su yate, con gusto lo.... -Todo a su tiempo-interrumpe ella-Y no, no tiene hijas. Ni hijos-hago puchero con la boca-Tendrías que estar lista a las ocho. Ni más ni menos. -Sí, capitán. ¿Hoy te toca guardia? -Así parece-añade y termina su licuado, mirando el reloj en su muñeca-Y estoy llegando tarde. -Mamá, es domingo. Dile que no puedes, que tienes que... -Prometo que saldremos las dos-dice viniendo hacia mí y depositando un beso en mi frente-¿Cómo te sientes? ¿Mejor por lo de ayer? -Bien-ella se aleja a la cocina para lavar el vaso-Pero estaría mejor si te quedaras con tu hija.... Escucho el agua correr en el lavadero. -A las ocho, Blas-recuerda ella-Saldremos los tres. Y nada de ropa negra, ni jeans, ni.... -Lo sé. -Zapatillas tampoco. Pincho un huevo para cortarlo y la yema se desparrama por el plato. -Sí, capitán. Me río de lo que dice mamá. Cinco minutos luego, ella ya está lista para irse al hospital, mientras que yo me quedo terminando de desayunar. Me dice un "nos vemos luego" desde la puerta, antes de retirarse. Repiqueteo las uñas contra la mesa, nerviosa. Llamo a Audrey para decirle lo de la cena de hoy, que mamá me presentará a su novio. Y con medio bacon en la boca, escucho atenta a lo que tiene para decir. -No creo que vaya rápido la cosa. -Hace dos meses que se conocen. -Eso es lo que tú crees. -Eso es lo que me dijo ella-contraataco-Aparte, ¿de dónde lo conozco? De nada. Ni siquiera lo mencionó antes, bueno....puede que un par de veces, pero así por encima, ¿me entiendes? -Ajam...-dice ella y se escucha un grito del otro lado de la línea. Tengo que apartar el teléfono de la oreja en cuanto Audrey grita:-¡Están en la lavadora¡ ¡Que están en la lavadora, mujer...! ¡No me llames lagartija de dos patas..! ¡¿Qué....?!-Tengo que taparme la boca para no escupir todo de la risa-¡Y vos no te rías! -¿Lagartija con patas? -Vayamos a lo importante, Blas-cambia de tema ella-¿Quieres o no ir a esa cena? -No...bueno, sí. Pero no. Me da miedo. Audrey tarda en contestar. -Creo que son celos. -Tengo miedo de que olvide a papá-confieso y eso me pega tanto que se me forma el nudo en la garganta-Sé que suena muy infantil todo, pero...no lo sé, es como si alguien se olvidara de mí. O si yo me olvidara de tí y comenzara a salir con Stacy... -No invoques al diablo-y prosigue:-Entiendo lo que dices. Pero....¿no crees que tu madre se merece salir con alguien? ¿Conocer a gente nueva? ¿Salir con otra persona? Tu padre siempre va a ser importante para la familia, no lo dudo en absoluto. Pero...es como lo que pasó contigo y con Sc.... Cierro los ojos y algo dentro de mí se quiebra. -No invoques al hijo del diablo-pido-Por favor. No digas su nombre. Y Audrey suspira contra el celular. -Lo que digo es que le des una oportunidad, ¿de acuerdo? Ve a la cena, conócelo, diviértete. Tu madre está haciendo lo mismo que deberías hacer vos. -¿Yo qué? -Enamorarse de otra persona. Aquí vamos de nuevo..... -No hablemos de.... -Nunca es tiempo para hablar de tus cosas, Blas. Pero entiende que, así como Scott se fue sin darte explicaciones, tú tienes todo el derecho de conocer a alguien más. Su nombre me retuerce el estómago, el corazón. Como si recordarlo me doliera, me consumiera por dentro. Sé que no es así, que no puedo extrañarlo, porque muy en el fondo, sabía que las cosas terminarían de este modo, que todo lo que podría haber pasado entre nosotros...tuviera este final horrible. -Te llamo luego, ¿de acuerdo? -De acuerdo. ?? La última vez que estuve aquí fue para despedir a mi hermana hace un año. Tengo que aparcar el auto a una cuadra, porque todos los lugares con sombra estaban ocupados, así que cuando entro a la recepción y el hombre de guardia me saluda, ya siento el hilillo de sudor bajando por la espalda. Incluso el ramo de flores que llevo conmigo parece haberse achicharrado. Tengo que dejar mi firma en el gran libro a un lado. La mujer me da un mapa con la lápida a visitar marcada en él. Incluso cuando su cuerpo no se encontró por ningún lado, su madre tuvo la delicadeza de recordarlo de este modo. No me lleva mucho tiempo encontrar la lápida. Allí está, en medio de una pequeña colina debajo de un árbol llorón. Hay un suave viento que corre aquí, por eso me permito descansar un poco y me siento como indio frente a ella. Gael E. Sawyer. Gran hijo, gran amigo. Que tu recuerdo viva en todos nosotros, incluso más allá de la muerte. 1996-2018 -Hola, Gael-susurro entonces-Te traje un regalo. Me acerco y dejo el ramo sobre el pequeño agujero con agua para las flores. El viento me pega contra la espalda y eso parece haberme revivido. -Lo siento si no vine a verte antes. No pude. Sabes que...que daría todo porque estuvieras aquí. Fue mi culpa haberte involucrado en esto. Ir a tu casa esa noche...lo siento tanto-dejo que las lágrimas corran por las mejillas-Pero esta vez va a ser diferente.
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