Tomo aire y prosigo:
-Estoy cumpliendo lo que le dije a Audrey. Cada vez es más difícil, pero lo intento. Tengo estos...sueños contigo y parece que puedo verte. Así que...si estás por aquí, o si quieres visitarme, no huiré. Si quieres hablar conmigo....culparme por haber...-se me quiebra la voz, así que me detengo y me quedo mirando su nombre en la lápida-Seré fuerte, Gael. Por tí.
Me quedo allí sentada por unos minutos más, pensando en todo. En qué hubiese pasado si esa noche no hubiera ido a su casa. Si no lo hubiera conocido antes. Incluso llego a comprender que la vida siempre nos traiciona de mil maneras diferentes. Esta fue una de ellas. Parece que estoy condenada a perder a los que quiero. Parece que todos a mi lado, tarde o temprano, salen heridos.
Sin embargo, sé que hay oculta por allí una razón más que justificable para aquello. Siempre hay un por qué.
Son las seis de la tarde cuando me levanto y me despido de Gael. Prometo visitarlo lo más pronto posible, venir a hablar con él y contarle cómo van las cosas. Estoy bajando la pequeña colina del cementerio, pasando entre lápidas y estatuas de ángeles, cuando me parece ver a lo lejos una figura conocida. Va caminando solo, con una bermuda negra y una remera blanca. Habla solo, o con alguien invisible, no lo sé...mientras que sostiene algo entre sus manos. Hasta que levanta la vista hacia mí y me ve.
Aaron se detiene y yo también. Para mi sorpresa viene para aquí sin dudar. En su rostro se nota una pequeña aura de sudor, como si hubiese pasado el día fuera, al rayo del sol. Va vestido muy diferente a la noche pasada, y verlo aquí, en el mismo lugar y a la misma hora, despierta mi curiosidad.
-¿Me estás siguiendo?-dice con una sonrisa para nada irónica. Para mi sorpresa, se acerca y deja un beso en mi mejilla.
-Vine a visitar a un amigo.
-Parece que tuvimos la misma idea-resalta él y tiene que achinar los ojos para verme bajo el sol-Aunque yo vine a ver a mi madre-ante mi silencio, pregunta:-¿Podemos movernos a la sombra?
-Oh, claro. Mejor.
Nos encontramos caminando, los dos, entre lápidas con nombres y fechas, entre pasto verde y corto. Aaron me sigue el paso, lento y con una mano en el bolsillo mientras que con la otra juega con lo que parece ser una moneda media oxidada.
-¿Estás mejor?-pregunta.
-Solo fue un accidente. A todos nos puede pasar.
Me mira de reojo.
-Lo dices como si no haya sido peligroso.
-Lo digo así porque hay peores cosas que pudieron haber sucedido. Esto no fue nada-Aaron se mantiene en silencio, dudando de mis palabras. Por eso prosigo:-Aunque sí, menos mal que no pasó nada peor.
-Menos mal-pronuncia él, como si lo que haya dicho yo lo tuviera sin cuidado. Y cambia de tema totalmente:-¿A quién has venido a ver?
-A un amigo. Murió el año pasado.
-¿Cómo?
Ahora soy yo quien lo mira, preguntándome, tal vez, el porqué de sus preguntas tan directas. Ambos nos corremos en cuanto una gran lápida en forma de ángel, con alas grandes y alzadas hacia el cielo. Cada uno pasa a un lado de ella, aunque me detengo a observar los detalles del rostro, a los ojos sin color que miran arriba, con un brazo extendido y una pierna más flexionada que la otra, en una posición de dolor y sufrimiento, con la boca abierta en forma de grito.
-Entraron a su casa una noche-hablo y Aaron se posiciona a mi lado. Yo me cruzo de brazos, como si ese gesto me pudiera proteger. No le digo detalles, oculto la verdad-Yo estaba ahí, escondida. No pude hacer nada. El hombre este...era más fuerte que ambos. Vi cuando lo asesinó. -Lo siento-tarda en decir.
-¿Crees que esté en alguna parte ahora?
-Mi madre siempre decía que las personas buenas, aquellas que mueren protegiendo a otras, van al cielo para convertirse en ángeles. No te preocupes por él. Va a estar bien.
Asiento con la cabeza.
-Tu madre parece haber sido una buena mujer.
Aaron sonríe.
-Sí, lo era. Cada mañana nos preparaba el desayuno antes de ir a la escuela. Éramos niños, Harry y yo. Siempre nos peleábamos por ver a quién le tocaba el mejor sándwich. Mamá nos dejaba una nota en la lonchera, a cada uno-y susurra como si la estuviese viendo:-No olvides lavar tus dientes luego de comer. O se te pudrirán-También sonrío-La extraño bastante.
-Todos perdimos a alguien en la vida-digo yo y miro una vez más el rostro del ángel-Solo hay que saber vivir sin ellos.