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Elize decidió a negociar con los caídos de la noche, como ellos se hacían llamar, y vuelve a llamar al ascensor que llamaba al departamento número siete.
—¡Volviste!—exclamó Sasha con alegría.
—Cuanta alegría querido hermano por verle a una mortal...—replicó Ezra.
—Bueno, no es como si me hubieras dejado demasiadas opciones—dijo mirándolo fijo a Ezra en respuesta.
—¿Que te trae por aquí, querida amiga mortal? —dijo irónicamente Enzo mientras se acercaba.
—Que está bien, que decidí ayudarlos.
—¿Decidí ayudarlos? —replica petulante Ezra.
—Como sea, que estoy de acuerdo con lo que quieran hacer conmigo.
—¿Porque me imagino que aquí vendrá un ''pero...''?—agregó Enzo en gracia.
—Pero...
—¡Y ahí está! —exclamó con epifanía.
—Quisiera que mantuvieran a mi familia fuera de esto.
—¿Porque tocaríamos a tu familia? —inquirió Sasha.
—No lo se, son vampiros, matan, sangre y esas cosas ¿no?
—No Elize. Eso haríamos si fuéramos asesinos. Nosotros cazamos nuestra comida y en ocasiones bebemos de bancos de sangre—contó él.
—El único aquí, amiga mortal, por el que debes preocuparte es por Ezra, a él sí le gusta la sangre directamente de la vena—intentó asustarla Enzo.
—¿Que haces entonces? —preguntó ella devolviéndole la mirada a Ezra —¿Los matas? —preguntó dirigiéndole a él directamente.
Pero él no respondió.
—No los mata, los hace tener amnesia—respondió en su lugar Sasha.
—¿Cómo es eso?
—Podemos hacer muchas cosas, como dices tú. Somos vampiros. Podemos andar de día, tener dientes afilados y borrar recuerdos breves, como el de una mordida.
—Eso significa que beben de ellos sin su consentimiento y los usan sin que ellos sepan que les ha sucedido luego.
—No es tan malo como crees, algunas chicas universitarias creen que aquello se lo han hecho sus parejas, como un chupón o cosas así.
—Eso no significa que deja de ser malo —sostuvo Elize.
Ezra se para y se dirige hacía otra habitación pero no sin antes dirigirse directamente a ella.
—¿Tú crees que en nuestro mundo existe el feminismo y todas esas cosas del consentimiento? Nosotros nos alimentamos así, es nuestra forma de vivir o como quieras llamarlo.
—Me queda en claro—refunfuñó ella.
—De todos modos la parte más difícil es detenerse, y Ezra domina eso con maestría—comentó Enzo mientras apaciguaba las aguas.
—¿Y cómo te detienes? —inquirió con curiosidad Elize.
—Tomar de la vena directamente puede darte un frenesí similar al de una agitación o una excitación, entusiasma al vampiro y a la víctima. Por eso es difícil beber sin detenerte, pero si estás acostumbrado como Ezra, no te dejas llevar por esas cosas.
—¿Ustedes no convierten en vampiros a otras personas? —instó ella.
—Ay por Dios, esto no es Diario de vampiros, no les vamos haciendo eso a la gente. No tiene sentido ser inmortal y que todos lo sean—le respondió Enzo con gracia.
—Pero...¿pueden hacerlo? Tienen el poder, ¿verdad?
—Sí—se entrometió Sasha —.Pero no lo hacemos. Los vampiros recién creados son agresivos y difíciles de controlar, nos ponen en riesgo como sociedad y nuestro secreto, nuestras pertenencias y a todo nuestro linaje. Es un sacrilegio convertir a alguien sin reportarlo.
—¿Reportarlo?
—A los originales—volvió a tomar la parada Enzo —.Ellos lo controlan todo. Si conviertes a alguien lo debes registrar también.
Ella frunció el ceño incrédula.
—¿Llevan un registro de vampiros?
—Y de sus linajes—explicó Enzo —.De quienes ellos han convertido y todo lo que se te ocurra.
—Parece ser un mundo demasiado organizado para que vivan entre las sombras—espetó ella.
—Te sorprendería saber cuantas cosas y personas poderosas se encuentran en las sombras...
—Entonces, me imagino que tenemos un trato—dijo Elize reticente.
—No—espetó Enzo tomando un sorbo de vino.
—¿Cómo que no? —inquirió Elize rápidamente.
—No podemos prometer algo como eso—aclaró él.
—Sí, sí pueden hacerlo. Además, ellos nunca lo sabrán, lo prometo.
—Dado el caso de que conserves el secreto de nuestra existencia, no podremos cuidarlos a ellos de todas las amenazas de nuestro mundo—explicó él.
—¿Amenazas?
—Los originales, por ejemplo, te estudiarán o te matarán, sea lo que elijan hacer cuando se enteren de tu existencia y tu familia no les interesará en lo absoluto, así que probablemente se los comerían.
—¿Y cómo puedo protegerlos entonces?
—Quedándote aquí, con nosotros—sugirió Sasha.
—Aunque parece que mi querido hermano te estuviera proponiendo matrimonio, en realidad tiene razón. Solo nosotros podríamos protegerte, pero solo a ti—explicó Enzo.
—¿Entonces solo por eso sugieren que debo vivir con ustedes?
—Si tu preocupación es tu familia, en efecto—respondió Enzo mientras tomaba otro sorbo de vino.
—¿Y que les diría a mis padres?
Enzo torció los ojos.
—Que probarás la convivencia con un nuevo novio, no lo sé, tú conoces a tus padres.
—Si de algo te sirve, yo no quiero que vivas aquí—espetó Ezra a lo lejos.
—¿Tú no te habías ido? —rió Enzo.
—¿Lo ven? Ni siquiera soy bienvenida aquí.
—Pero ellos tienen razón—siguió Ezra —.Deberías quedarte cerca al menos hasta que sepamos que eres realmente la cura.
Enzo ladeó la cabeza un poco.
—Ehh, sí, sobre eso, ése será un poco el problema.
Todos lo miran de repente.
—¿Acaso creyeron que ese no sería un problema?—siguió diciendo —.Tendremos que conseguir un vampiro en esta ciudad y aquí no viven vampiros.
—¿Realmente son solo ustedes? —preguntó seriamente Elize.
—A nuestra madre le gustaba dejar unos hermanos en ciudades desiertas de vampiros por pura diversión, pero ninguno de nosotros hizo un nuevo linaje—le respondió Sasha.
—Pues habrá que hacerlo—interrumpió Ezra.
—Pero dijeron que un vampiro nuevo era alguien difícil de controlar.
—Es por eso que dije que sería problemático—agregó Enzo en su defensa.
—De todas maneras, lo curaremos. Si ella es la cura, lo curaremos ¿cierto? —inquirió Sasha.
—Sí, pero luego tendremos que matarlo porque ya sabrá de nosotros—espetó Ezra y al ver la cara de espanto de Elize siguió explicando —.No podemos borrar tantos recuerdos. No tenemos ese poder.
—No pueden matar a alguien y menos experimentar con él—dijo negándose Elize.
—Estoy de acuerdo con nuestra amiga mortal, por eso debemos elegir con prudencia a quien serpa nuestra prueba humana.
—Quizás alguien que deba morir—agregó Sasha con gesto pensativo.
—¿Una enfermedad terminal? Quizás—dijo Enzo—.Pero si ella realmente sea la cura, la persona volvería a su infierno.
—Sería eso mejor que a alguien lúcido. Una persona que está colmada de drogas para soportar el dolor diría sandeces, no importa si comentara algo, nadie le creería de todos modos.
—Tampoco las personas le creen a un prisionero—espetó Ezra—.En el pasillo de la muerte, las personas dicen muchas cosas, pero nunca importa, porque de todos modos ellos morirán eventualmente.
—¿Y cómo haríamos, querido hermano, para meternos en el pasillo de la muerte? —preguntó irónicamente Enzo.
—No es necesario meterse en el pasillo como tal. Antes de su ejecución suelen trasladarlos y además, tengo contactos. Esas personas son malas, están castigadas por los mortales.
—Pero entonces deberíamos ir a un lugar donde la pena de muerte sea legal.
—Y llevar la sangre de Elize—agregó Sasha.
—Yo podría hacerlo solo—se ofreció Ezra—.Así nadie sospecharía de nuestra ausencia aquí y tampoco seremos sospechosos en donde vayamos. Yo puedo hacerlo solo.
Todos se miraron al unísono, y lo cierto es que, no tenían otra opción que confiar en Ezra. Y aunque resultaba éste alguien poco confiable, todos sabían que él no alteraría los resultados del experimento porque no le caía bien Elize. Así que todos aceptaron, inclusive ella.