Zamba para bailar

2991 Palabras

Esteban vio como Matías por fin daba señales de reaccionar y se regodeaba en esbozar una sonrisa maliciosa. Una maldita sonrisa maliciosa que al psicólogo le hubiera gustado borrar de un puñetazo. Porque él sabía que esa simple e insignificante mueca, no presagiaba nada bueno. —¡Ah! ¡Mirá vos, che! ¿Tu prima de Buenos Aires, no?— exclamó Matías socarrón, alargando las últimas vocales de cada oración, como siempre hacia cuando algo estaba pensando e intentaba ocultarlo, aunque nunca lo lograba.—¡Con razón te desapareciste del planeta! ¡Cornudo! Te estuve llamando toda la tarde y no me daba la línea ¿Tenés Apagado el celular o qué? Al escucharlo hablar de esa forma, Esteban pudo respirar tranquilo. Con esos simples reproches, su primo le estaba dando a entender que no diría nada a cerca

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