—Dale, che, seguí nomás...—escuchó como Esteban lo amenazaba sin siquiera levantar la voz— dale... Seguila, que yo cumplo mi promesa, Roque... Ahora era él, el que estaba atrapado. Intentó safarse, pero la mano que tenía su cuello no lo soltaba. Al contrario, se cerraba con más fuerza sobre él. Fuerza premeditada, para demostrar que hablaba en serio. Sintió miedo, ese hombre estaba loco y era peligroso. Buscó con la mirada algún apoyo, pero solo encontró ojos que lo observaban indiferentes. Vio entre la gente a Matías, su hermano, le imploró con la mirada para que lo ayudase. Pero, este no lo hizo al contrario, solo negó con la cabeza, como si con eso le dijera que no lo ayudaría a salir de su situación para después apoyar una mano en el hombro de Abigaíl. — Vení pa'ca, Porteñita, que

