- Gracias, es usted muy amable, señora García- digo con una sonrisa amable antes de colgar.
Miro al hombre frente a mí con ganas de abrazando fuerte hasta dejarlo sin aire.
- ¿Y bien?- cuestiona mi ansioso e irritante jefe.
- Todo está arreglado. El contrato lo firmará el lunes a primera hora aquí mismo- suspira aliviado antes de girar su silla.
Mantengo mi sonrisa profesional a pesar de su poca amabilidad conmigo.
Con todos aparenta ser un encanto pero conmigo es odioso.
- Arregle una cena con Yaneli en el mejor restaurante y también envie un vestido para ella. Llame a la joyeria M&S para solicitar la entrega del collar y no se olvide del ramo de rosas- ordena estando de espalda.
- Ahora mismo lo hago, jefe- me pongo de pie-. Por cierto, la señorita Silvia Hernández estuvo hace unos momentos en la empresa. Quiere verlo antes de que se vaya a su gira por Europa y amenazó con regresar de nuevo si no va- informo y salgo de la oficina.
Continúo mi trabajo hasta que siento mis ojos cerrarse.
- Dios, estoy que me caigo de cansancio- musito estirando mis brazos y moviendo los hombros en circulo al igual que mi cabeza para que truene el hueso de mi cuello.
Me levanto de mi asiento al ver la hora. Debí irme hace... ¡tres horas!
'Joder. Por eso estoy agotada'
Me acerco a la oficina de mi jefe.
Toco dos veces y tras escuchar de su profunda voz la autorización para entrar, giro la perilla para dar paso a esta y ahí está.
Sentado en su silla de cuero n***o detrás de su escritorio de cristal y metal mirando su computadora.
Veintiocho años, un metro ochenta y cinco de altura, cabello castaño oscuro, ojos color miel, un rostro que parece haber sido hecho por los mismísimos dioses del Olimpo; nariz recta y perfecta, labios llenos y una mandíbula perfilada, y que decir de su escultural cuerpo.
El hombre en serio se ejercita.
Cuando llegué a esta empresa hace dos años atras, al igual que todas las mujeres del lugar, quedé flechada con su porte de galán y modelo de pasarela.
Pero eso murió en cuanto conocí su odioso caracter.
Es mandón, demasiado perfeccionista, controlador, arrogante, egocéntrico y malhumorado en muchas ocasiones.
'Además de mujeriego' no debo olvidar ese detalle.
Cada semana era fotografiado con una mujer diferente.
Hasta que conoció a Yaneli Silver.
Es hija de un empresario de la altura de Logan McCallister.
Tienen al menos tres años siendo novios. Y todos esperan escuchar las dichosas campanas pronto.
Aunque yo lo dudo.
- ¿Necesita algo, señorita Ross? O seguirá mirándome- menciona sin mirarme.
En sus gafas de lectura se refleja el documento que tiene en pantalla.
Me aclaro la garganta sintiendo las mejillas sonrojadas y agradezco la luz tenue que acostumbra a tener a esta hora.
- No, en realidad vengo a preguntar si usted necesita algo más o ya puedo retirarme, jefe- alza la mirada y frunce el ceño antes de verificar la hora en su reloj costoso que reposa en su muñeca.
- Demonios- murmura-. Puede retirarse. La necesito lista a primera hora con su mejor sonrisa y mis pastillas en la mano- informa viéndome.
'Y otras dos para mí'
Pienso de solo imaginar la mañana que nos espera en la junta general donde su padre estará presenta y digamos que... No tienen una buena relación padre-hijo.
Lo veo ponerse de pie, tomar su saco y su portafolio.
- Lo veo mañana, descanse- menciono cuando me mira con una ceja alzada.
Giro pero antes de salir me detiene con su pregunta.
- ¿Trajo auto?
- No, está en el taller. Tomaré un taxi de sitio- explico girando un poco mi cuerpo para verlo.
- Vamos, la llevaré- informa sin expresión en su rostro.
Quisiera negarme pero prefiero pasar otros veinte o treinta minutos a su lado que exponerme a ir con un completo desconocido.
Además no es la primera vez que me lleva en su lujoso auto deportivo.
Y tampoco puedo negarme, este hombre no acepta un no por respuesta.
Asiento.
Bajamos juntos y nos despedimos del guardia.
Subimos a su auto que ya está en la entrada.
El camino es silencioso y cómodo, la musica de jazz acompaña nuestro camino.
Pero ya no es algo que me ponga nerviosa o que haga que mi mente se ponga a fantasear.
Se detiene una vez que llegamos a mi edificio.
- Gracias, lo veo mañana- digo antes de bajar.
Sé que él no responde por lo que no espero sus palabras.
Camino a toda prisa por el pasillo hasta llegar al elevador.
Vivo en el tercer piso junto a Tobias.
- Hola, pequeño- saludo al gordo gato color blanco y n***o.
Reviso su dispensador de alimento y agua y al estar a la mitad me voy a mi habitación.
Me deshago de todo quedando en ropa interior.
Sin ganas de hacer más, me quedo dormida al instante.
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(5:30 am)
La alarma me hace maldecir mentalmente.
Tras estirar mi cuerpo, me levanto para ir al baño donde hago lo mío y me meto a la ducha para despertar por completo.
Salgo en toalla y me dirijo a mi closet.
Un pantalón de vestir de tiro alto color verde seco, una camisa color perla y mi blazer a juego con el pantalón. Calzo unas sandalias de tacón de cinco centímetros tipo stilettos color beige.
Me maquillo solo con un delineado sutil, rimel, algo de polvo, rubor y labial.
Dejo mi cabello suelto, es lacio y me llega a los hombros por lo que no me presente un problema.
Salgo del apartamento y luego del edificio. Es algo viejo pero se mantiene en buen estado. Además de ser economico pagar la mensualidad.
Llego a la estación de buses que queda a tres cuadras de donde vivo y justo a tiempo llega el que me lleva hasta la empresa.
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Llego con quince minutos de antelación luego de casi quedarme dormida.
- Buen día, Bere- saludo a la recepcionista.
- Buen día, Emi- responde cariñosa.
Subo hasta el piso donde queda mi espacio de trabajo y ahí lo veo.
El mas pequeño de los hermanos McCallister.
- Emily, que placer volver a verte- pronuncia seductoramente.
Su mirada me escanea de pies a cabeza haciendo que me sienta desnuda ante su morbosa mirada.
Y quisiera golpearlo en la cara.
- Señor McCallister- digo secamente.
- No seas tan formal, Emily. Para ti solo soy Elián- menciona acercándose a mí de forma peligrosa.
Antes de que pueda responder, llega mi jefe.
- Elián, es hora de iniciar la reunión- nos separamos al escucharlo.
Lo miro y está mas serio de lo normal.
- Ya voy..., hermano- responde con una sonrisa coqueta al verme por ultima vez y girar para irse.
'Respira, Emily'
'Matar a alguien es ilegal'
- Usted también, señorita Ross. No le pago para coquetear con idiotas en la oficina- gira sobre sus talones y camina a la sala de juntas dejándome con la boca abierta.
Y maldigo una y otra vez antes de seguirlo.
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