Luego de que mi jefe saliera de la habitación listo para la fiesta, fue mi turno de arreglarme.
Por suerte siempre traigo dos vestidos a elegir.
Uno largo y formal y otro corto y más casual.
Esta vez opté por la segunda opción. Es un vestido color verde menta que llega a mi rodilla.
Es de tirantes delgados con un lindo escote drapeado al frente que les da más volumen a mis senos.
Mis zapatillas de 10cm y mi bolsa tipo carta lo acompañan a juego.
Me maquillo ligeramente y alzo mi cabello en una coleta alta dejando mi flequillo peinado de lado.
Salgo de la habitación y veo al señor McCallister en el balcón con una copa de whisky en su mano y en la otra su cigarrillo.
Lleva puesto uno de sus típicos trajes de negocios color gris.
Su deliciosa fragancia llena el ambiente.
La luz del atardecer solo lo hace ver más atractivo.
- Podemos irnos, señor- menciono al ver la hora en mi reloj de pulsera.
- Creí que nunca saldría- gira y se queda callado. Me recorre de pies a cabeza y frunce el ceño.
Se bebe de un trago lo que tiene en el vaso, se acerca a mí y deja el vaso en una mesita al igual que el cigarrillo en el cenicero.
- Vamos, no quiero llegar tarde- menciona demasiado cerca antes de pasar a mi lado.
Pongo los ojos en blanco antes de girar y seguirlo.
El mismo auto que nos trajo nos lleva al lugar del evento.
Bajamos y avanzamos al mismo paso.
Entramos y todo está bellamente decorado en tonos blancos y dorados.
Cuando la señorita Hudson nos ve, se acerca.
- Me da gusto verlos aquí- menciona saludando de mano a mi jefe.
- No le quedaríamos mal, Olivia- dice antes de dejar un beso en el dorso de la dama.
- Es muy caballeroso, Logan. Sin duda la mujer que esté a su lado será afortunada- menciona y me mira de reojo sin entender por qué lo hace.
'Si supiera que es un dolor de cabeza' es lo único que pienso.
- Emily, luces hermosa.
- Gracias e igualmente- respondo sonrojándome.
- Síganme, se sentarán conmigo y mi familia- dice antes de tomarme del brazo.
Llegamos a una mesa redondo donde están los que creo son sus padres, un niño de 6 o 7 años y un atractivo hombre.
- Papá, mamá, les presento al señor Logan McCallister y a Emily Ross- pronuncia llamando su atención.
El señor de tal vez 48 o 50 años se levanta a saludar seguido de la dama.
- Gracias por aceptar venir a firmar ese contrato. Mi hija no se a sentido bien de salud últimamente- dice el señor Hudson.
- Entiendo. Gracias por invitarnos a su fiesta- responde mi jefe.
Luego de eso nos sentamos uno a lado del otro como siempre.
La cena es exquisita y el ambiente agradable.
Vemos que todos se paran a bailar menos mi jefe y yo.
- Disculpe, ¿me permites este baile?- giro en dirección a donde escucho la masculina voz.
- Eh...
- No, ella está conmigo- responde mi jefe de la nada.
Lo miro mal antes de ponerme de pie.
- Acepto bailar contigo- miro al guapo joven.
Me toma de la mano y me lleva a la pista dejando a mi jefe aguantando su coraje.
Bailamos y mientras lo hacemos, me comienza a decir algunas cosas de él. También me cuenta uno que otro chiste que no puedo de la risa.
- Te agradezco que hayas alegrado mi noche- menciono mientras regresamos a mi lugar.
- Lo mismo digo. Eres una mujer encantadora- sonrío.
Me ayuda con la silla y luego se va no sin antes darme su número y un beso en la mejilla.
- Veo que la está pasando bien- dice el amargado a mi lado.
- Es una fiesta, para eso es- menciono sin darle importancia.
Solo me mira y regresa la mirada al frente donde la mayoria sigue bailando.
Incluso veo a Olivia con el guapo hombre que estaba sentado con nosotros.
Lucen íntimos y cómodos.
Tras un largo rato, todos despejan la pista y Olivia llega con una caja de regalo enorme.
El hombre la ayuda y la abraza por la espalda mientras los señores Hudson la abren frente a todos.
Salen globos de colores rosa y azul. Sacan lo que parece ser una foto y los veo abrazarse entre sí y la señora comienza a llorar feliz.
- Mamá, papá. Van a ser abuelos- dice ella antes de que los cuatro se abracen y todos aplaudan.
Veo a mi jefe bufar y sonrío ampliamente.
'Se le ha ido una'
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Luego de embriagarnos un poco, es hora de irnos al hotel.
- Que descanse, señorita Ross- dice algo enredado.
- Espere- frunzo el ceño y gira a verme-. ¿Dónde va a dormir usted?
- En la cama, donde más.
- Pero...
- Puede dormir en el sofá, el piso o.… conmigo- un escalofrío me recorre.
'Que locura. ¿Dormir con mi jefe?'
'Imposible'
- Puede dormir en el sofá- lo señalo-. Se va cómodo.
- Entonces duerma ahí- se gira dispuesto a irse.
Observo el sofá que ciertamente se ve más cómodo que el que tengo en casa, pero...
- Escuche, Ross- me sobresalto al escucharlo a mis espaldas-. Podemos compartir la cama. Estoy lo suficientemente alcoholizado
como para pensar en hacerle algo- lo veo y ciertamente apenas y puede sostenerse.
- Bien, pero si trata de propasarse...
- Por quien me toma, Ross. No es mi tipo de todos modos- un pinchazo en mi corazón siento.
Por supuesto, a él solo le gustan flacas, de metro setenta, con complejo de diva y senos pequeños.
Yo soy más de busto grande, pequeña cintura, pero caderas y trasero proporcionados. Y mi estatura apenas alcanza el metro sesenta.
- Vale, compartiremos cama, pero con una condición- achina la mirada y ladea una sonrisa.
- La escucho- se cruza de brazos resaltando su perfecto y esculpido cuerpo de dios griego.
Una completa tortura será esta noche.
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