Rafael no respondió enseguida. Bajó la mirada. Cerró los ojos con fuerza, como si su interior batallara contra mil voces. —No es tan simple —murmuró, apenas audible—. Volver a ese escenario... asumir esa lucha… sabiendo lo que nos costó. Se apartó un paso. Se pasó la mano por la nuca. Sus hombros parecían más pesados de lo que eran. —No estoy listo, Esmeralda. No después de lo que pasó. —Alzó la vista hacia ella—. Necesito pensar. Saber si tengo la fuerza. Si puedo hacer esto sin perderme otra vez. Ella asintió despacio. Sin reproche. —Lo comprendo. Pero no tienes mucho tiempo para pensarlo —dijo con suavidad—. La gente ya habla. Ya especula. O tomas el control de la narrativa… o alguien más lo hará por ti. Rafael no replicó. Solo asintió con un leve gesto y salió por la puerta prin

