Aumenten la dosis.

1974 Palabras

Los pasillos del lugar eran fríos, sin relojes, sin calendarios, sin noción de tiempo. Solo paredes blancas, puertas cerradas y un silencio que oprimía el pecho. Pero esa tarde… algo cambió. Una de las cámaras de seguridad captó primero el sonido. Luego el movimiento. Una figura escapando a tropezones por el corredor, con los pies descalzos y la bata delgada ondeando tras ella. —¡Esmereeeeeelda! —gritaba—. ¡Mi hija! ¡Mi hija está viva, tengo que verla! Corría como podía. El cabello enredado, los brazos extendidos. Las lágrimas le surcaban el rostro con fuerza, pero sus ojos... sus ojos ya no estaban apagados. Ardían. —¡Ayuda! ¡Déjenme salir! ¡Me tienen secuestrada! ¡Esto es ilegal! Un enfermero apareció al fondo del pasillo, seguido de dos más. La mujer se detuvo solo un segundo pa

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