Capítulo 6 Mi esposa, nueva asistente.

1004 Palabras
Narra Dónovan. Después de una semana de vacaciones, por decirle así, regreso a casa y al llegar no veo a Anya, la ama de llaves me dijo que se había ido con sus padres y que mañana la veré en la empresa, me habría gustado verla hoy, debió estar feliz sin mi presencia que por eso prefirió irse con sus padres. Bajo a la cocina y veo espagueti y saco de la nevera jugo de manzana, me siento en una de las sillas y comienzo a cenar, pero sin dejar de ver una foto de ella, realmente me enamoré de Anya. (…) Hoy es el día donde mi bella esposa empezará a trabajar como mi asistente, sólo que es ella quien no quiere que nadie sepa que estamos casados, antes esa había sido mi idea, pero fue absurdo, ni hablar, debo respetar su decisión. Llego a la oficina y subo por el ascensor, a salir la veo ahí sentada, esta entretenida con su teléfono, me dan ganas de ir y besarla, no debo. – Buenos días. – saludo profesionalmente y ella me mira con seriedad. – Buenos días, sr. Castle. – saluda de la misma forma. – Srita. Evans, por favor muéstrele a la srita Fernández su nueva oficina, a partir de hoy, será mi nueva asistente. – me despido con una ligera reverencia y ella no me mira. Entro a mi oficina y me siento en el sofá que tengo aquí. En lugar de ser una pareja normal de casados parecemos un par de desconocidos, será más difícil de lo que pensé. Cierro los ojos por un momento y en eso tocan a la puerta. – Adelante. – digo aun si abrir los ojos. – Sr. Castle, vengo a ver con usted lo de su agenda. – se supone que eso se lo debió dar Caroline Evans. – ¿no se la dio mi secretaria? – digo abriendo los ojos, pero sin mirarla, sé que eso le molesta, me levanto del sofá y me siento detrás de mi escritorio. – No, ella me dijo que usted la tenía. – dice con sequedad. Anya me odia y con justa razón. Reviso los cajones de mi escritorio y ahí está, la pongo sobre la base y ella la toma. – ¿es todo, srita. Fernández? – la miro un instante y ella está de espalda. – No. – camina hasta la puerta y sale. Saco el whisky de mi frigobar y me sirvo un vaso y con hielo, lo bebo lentamente, mientras me concentro en la computadora, suena mi teléfono y contesto. – Si, ¿diga? – respondo sin apartar la mirada de la pantalla. – Sr. Castle, tiene una junta con unos accionistas de “Cómputos & tecnología Anderson” – odio al idiota de Damián, aún recuerdo el día de la fiesta donde conocí a mi esposa, donde la quería conquistar, por eso pedí su mano, bastante precipitado, pero así soy yo. – Muchas gracias. – digo y antes de decir algo más, ella cuelga. Ni hablar. Ya llega la hora de la junta, y al llegar a la sala ya se encuentran los accionistas y las carpetas colocadas y con unas tazas de café, realmente es muy dedicada a su trabajo. Anya ya se encuentra sentada en la silla que está junto a la mía, me siento en mi lugar y comenzamos con la junta. El idiota de Damián no le quita la vista de encima a mi esposa, me gustaría decirle algo, pero recuerdo que ella no quiere que sepan que estamos casados. La junta termina y comienza a salir, realmente quedaron satisfechos con los proyectos, y eso a mí también me tiene satisfecho. – Gracias por su trabajo, srita. Fernández. – realmente lo hace muy bien. – Es mi trabajo. – dice en un tono frio y sale de ahí. – Anya, espera. – la detengo y me mira mal. – Sr. Por favor déjeme trabajar. - ¡Dios! Me va a volver loco. Me dedica una última mirada y se va. Al verla con esa actitud, mis esperanzas de conquistarla se van apagando. Llega la hora de la salida y lo que restaba del día, no la vi para nada, ni siquiera en la comida, su odio por mí es muy grande, deseo conservar esa esperanza de poderla enamorar, pero no ayuda. Salgo del edificio y la veo parada esperando un taxi, me acerco a ella con cautela. – Anya. – le llamo y ella me mira sorprendida, pero cambia rápidamente. – ¿Qué desea? - ¿en serio? – Que vayamos a casa juntos. – la miro con cautela. – No. Se supone que soy nueva en su empresa. – no deseo dejarla sola. – Por favor, ya no hay nadie. – me acerco a ella y da un paso atrás. – Lo veo en casa. – hace parada a un taxi y se sube. Yo estoy que me lleva la ch****a. Subo a mi carro y manejo hasta la casa. Al llegar, la ama de llaves ya tiene la cena preparada y al verme, me recibe con una cálida sonrisa. – ¿y la señora? – pregunto por mi esposa. – Esta en su recamara. – dice y se retira. Subo hasta su habitación y toco la puerta, y sale ella con ese mal humor de siempre. – ¿Qué? – y en serio que lo está. – La cena ya está. – digo con amabilidad. – No tengo hambre. – dice con indiferencia. Suspiro. – Está bien. – me retiro de ahí y bajo al comedor. Debo de idear un plan para conquistarla, no podemos estar así el resto de nuestras vidas. Me doy una ducha relajante, pensando en cómo puedo conquistar su bello corazón, sé que ella no es así, sé que es tierna y tímida, pero después de casarnos, es todo lo contrario. Ahora mi esposa, es mi nueva asistente, y no sé si podré resistirme a tenerla más tiempo de lo que imaginaba.
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