The Killer.
15 años.
Abro la puerta del destartalado apartamento en el que vivimos mi abuelo, mi pequeña hermana Willow y yo, el olor a humedad es lo único que puedo llamar hogar.
Me adentro en las profundidades de la cocina y encuentro a mi hermana de cinco años con los ojos azules como el mar brillante a diferencia de los míos, mirando en mi dirección, esta tarareando una canción que no conozco.
-¿Dónde esta el abuelo Will?.- pregunto levantándola en mi brazos sentándola en el lava vajillas.
-Con papá.
Todo el aire se sale de mis pulmones, intento verme como un chico normal para no alarmar a Willow pero eso es casi imposible, es una niña inteligente, nota cada cambio de humor en mí.
-Traje algo para ti.- saco de mi mochila en sándwich que la trabajadora social trajo para mi esta tarde y se lo entrego.- Come despacio ¿sí? Volveré pronto.
Me doy la vuelta subiendo las escaleras de dos en dos hasta que llego a la vieja habitación de mi abuelo, me quedo justo detrás de la puerta escuchando la conversación que mantienen.
-¡Tengo que hacerlo!.- grita
-No te llevaras a mis nietos.- mi abuelo mantiene la calma pero puedo ver la preocupación a través de sus ojos.
-Me mataran.
-Te amo hijo, pero tu te lo buscaste, no puedes llevarte a mi nieto, no permitiré que termine como tú.
Mi padre lanza las fotos familiares al suelo en un ataque de ira, parece que de nuevo se ha metido en problemas.
-Ellos vendrán por él si no me lo entregas.
-No dejare que nadie toque a mis nietos, ahora, lárgate antes de que Kill vuelva de la escuela o Will te escuche, ten un poco de respeto por ellos.
-No digas que no te lo advertí.
El hombre al que jamás he podido llamar realmente mi padre tiene los ojos inyectados en sangre, estoy seguro de que debe estar muy drogado para saber lo que hace, siempre sucede lo mismo, mi padre viene y se lleva el dinero del abuelo, la única persona que se ha preocupado por Will y por mi aunque no seamos hermanos de la misma mujer, todavía recuerdo cuando trajo a la pequeña bebé, recuerdo cuando llegue aquí.
Corro al otro lado del pasillo, escondiéndome del tipo que sale a toda prisa de casa y solo me muevo cuando escucho la puerta de la entrada cerrarse, vuelvo a acercarme a la puerta observando al abuelo quien esta de rodillas sujetando las fotos, todas son de nosotros, camino hasta arrodillarme a su lado y lo ayudo en silencio, sé que él también esta herido por lo que mi padre hace, no pregunto de que se trata pero esta vez hay algo diferente en él.
-¿Kill?
-¿Si abuelo?.- me detengo cuando me obliga a mirarlo.
-Escucha, hay algo que deberías saber…- El llanto de Willow nos interrumpe cuando estoy a punto de escuchar algo importante.
Bajamos corriendo las escaleras y ahí está, el sándwich se le ha caído así que mi abuelo la toma en brazos y le promete que hará uno nuevo para ella, vuelve a sonreír como si nada hubiese pasado.
-¿Lo prometes?.- pregunta con esa voz dulce suya
-Claro querida, haremos uno para cada uno, veremos películas esta noche, ¿eso te gustaría?
-¡Si! ¡¿Killian también las vera?!
Sonrío asintiendo, Will siempre ha sido esta luz brillante en nuestras vidas, amo tanto a mi hermana que daría la vida por ella sin dudarlo
No sabia que mis palabras se harían realidad tan pronto.
***
El televisor continua encendido cuando abro los ojos, Willow esta profundamente dormida en el viejo sofá pero mi abuelo no esta por ningún lugar, me froto los ojos y me aseguro de que Will este cómoda pongo los pies en el suelo y siento este liquido caliente en las plantas de mis pies.
“Que extraño”
Giro la cabeza al fin encontrándome a este tipo desconocido, la adrenalina comienza a correr por mis venas, estoy seguro de que esto tiene que ver con la visita inesperada de mi padre esta tarde.
-¿Quién eres?.- pregunto poniéndome de pie obteniendo un mejor panorama de la situación.
No es solo un hombre, hay cinco dentro de la casa, todos llevan trajes elegantes excepto por uno que lleva una bata blanca y se esta encargando de inyectarle algo a mi abuelo…
El abuelo que tiene las muñecas partidas a la mitad con un montón de sangre corriendo de ellas, esta sobre la mesa de la casa, sé que no esta vivo, desde aquí veo el color en su piel, pálido.
No puedo moverme, me siento como en un sueño, mi cuerpo esta adormecido por completo, no estoy aquí ahora mismo, inútilmente quiero proteger a Willow así que me mantengo firme frente a ella esperando que no la vean, pero se que es demasiado tarde, ellos saben quienes somos.
Identifico al jefe casi de inmediato, el único con las manos limpias, alto, musculoso pero no exagerado, elegante y sonriente, sus ojos…
-Hola Killian, es un placer conocerte al fin.- su voz es dura.
-Pregunte quienes son.
Me mira directamente a los ojos y es como verme a mi mismo en ellos, es como si…
-Ella tenía razón, no tienes miedo, ¿Dónde esta ese corazón tuyo chico?
Vuelvo a observar a mi abuelo, ahora todo esta comenzando a caerme encima, esta muerto.
La única persona que alguna vez se preocupó por nosotros… esta muerto ahora, tengo ganas de llorar, pero no puedo, todas las lagrimas están atoradas en mi garganta quemándome y consumiéndome por dentro.
-¿Qué es lo que quieren? No tenemos dinero.
El tipo sonríe ampliamente, no parece que le falte dinero, pero lo he visto en las películas que deudas son deudas.
-Eso puedo verlo, ¿Cuándo fue la ultima vez que te alimentaste correctamente?
No respondo porque las pequeñas manos de Will se detienen en mis piernas, ella está observándolo todo y cuando ve al abuelo se pone a llorar tan fuerte que no puedo tranquilizarla, algo me dice que no les gustara que llore.
-Cállala.- ordena el jefe de ellos pero no a mí, el enorme tipo a su lado la toma como una muñeca y la lanza al otro lado con el tipo que estaba inyectando algo a mi abuelo.
“No, no, no, no”
Todos mis sentidos se alertan, intento llegar a ella pero me detienen, me golpean hasta que escupo sangre por la boca y todavía, incluso con el dolor ensordecedor no me detengo, intento llegar a ella, me arrastro, me aferro a su imagen.
-Es él.- vuelve a hablar el tipo detrás de mi, observándolo todo, incluso cuando mi hermana se queda dormida después de que le inyecten algo diferente a lo del abuelo.
-¡Will!.- grito desesperado.- ¡Por favor! ¡No le hagan daño! Por favor…
Mis ojos se sienten pesados, quiero dormir por un momento, entonces el jefe se acerca a mi y acaricia mi cabeza ensangrentada.
-Tú… hijo mío, nunca tendrás que rogar por nada en tu vida.
Con esas palabras cierro los ojos, pero no me olvido de estos rostros.
Los hombres que me lo arrebataron todo esta noche.
Me encargare de que paguen, uno por uno.