The Killer.
La subestimé cuando pensé que no era tan estúpida.
La princesa lo era, había venido directamente a mí por su propia voluntad.
“Igual que esa noche”
Por un segundo pase de largo pero las bailarinas no usaban tanta ropa y ellas no olían a regaliz y mentiras, solo sexo y desesperación.
Aprete la mandíbula tronando mis nudillos, tenía que irme, tengo trabajo que hacer, pero no perdería la oportunidad de torturarla un poco antes de marcharme.
Hice una seña en dirección a la cabina desde donde se controlaban las luces y música, un movimiento de mano basto para que el rojo inundara el escenario, sus movimientos eran hábiles dignos de la princesa del Ballet, un recordatorio de lo primero que arranque de su vida.
Fue rápida al darse cuenta de mi presencia espere en vano que cediera, ni siquiera se detuvo, continúo moviéndose alrededor de la barra de metal, el cabello falso y los ojos azules escondían su aspecto salvaje convirtiéndola en un bocadillo para los hombres.
Un vaso de coñac apareció rápidamente en mis manos, cortesía de mi hermana Willow, ella leía el ambiente, era rápida e inteligente, me pase los dedos sobre los labios, la canción se volvió intensa, sus rodillas tocaron el suelo todavía tomando la barra detrás se movió en una suave ola, invitando a cualquiera que estuviera cerca a mirar sus bragas, un hombre se puso de pie, estaba seguro de que se acercaría a tocarla, para su mala suerte Lizy era mi propiedad.
Saque la navaja para manipularla entre mis dedos, el tipo me miro antes de darse la vuelta y volver a su lugar.
La música cedió, hizo una reverencia rápida con el pecho agitado, sonreí levantándome, salió corriendo del escenario, pero este es mi territorio, ella no puede huir.
La atrape bajando las escaleras en la cabina trasera, sus ojos se oscurecieron, su cuerpo tembló bajo mi sombra, dio un paso atrás antes de reunir el poco valor que le quedaba.
-Kilian.- odiaba que pronunciara mi nombre, odiaba el efecto que tenía sobre mí.
La tomé de la mano, guiándola por el pasillo oscuro hasta mi oficina oscura, cerré la puerta tras de nosotros.
-¿Qué crees que haces?.- hablo casi sin aliento cuando mi cuerpo se pego al suyo pegado a la puerta.
-Esa es mi pregunta Princesa, ¿Qué putas haces aquí?
-¿No lo ves? Me divierto.
Me aleje de ella antes de que quisiera arrancarle ese ridículo vestidito.
Encendí la lampara que apenas alumbraba, me serví una copa de mi coñac favorito jugando con el vaso entre mis manos, me di cuenta de lo mucho que había cambiado, y, sin embargo, todavía podía hacerla temblar de rabia.
Camine con calma a mi escritorio abrí el primer cajón, saque un fajo de billetes y lo tire frente a ella en la alfombra.
-¿Es eso suficiente para una noche?
Apretó los puños a sus costados, todavía era pequeña.
No respondió, sus ojos se llenaron de lágrimas.
-No soy una puta.
-¿Trabajadora s****l? Sé que les gusta que las llamen así ahora.- bebí un trago más admirando su valentía, no aparto la mirada de la mía.
Odio cada parte de ella, la forma en la que siempre me desafía.
-No me acostaría contigo ni por todo el dinero del mundo.
Sonrío ante su sucia mentira, la observo con atención, su cuerpo sigue pegado a la puerta, su voz es alta y sofisticada, su cuerpo rebela lo asustada que esta.
-Te acostarías conmigo por nada Lizy.
Respiro profundo y lo contuvo, casi como si le diera asco respirar el mismo aire que yo.
-Siempre fuiste un imbécil.
-Y todavía querías comerte mi polla, ¿lo olvidas?
El recuerdo de su cuerpo herido entrando en mi habitación me revuelve el estómago, sus lagrimas corriendo por sus mejillas…
-Descubrí que hay unas mucho mejores, unas que no están pegadas a completos pendejos.
Camine de vuelta a ella, con lentitud, tenía todo el tiempo del mundo porque eventualmente ella vendría corriendo a mí, acaricio su cabello, jalo la peluca hacia atrás dejando caer su cabello azul hasta sus hombros, tiro de el hasta que me da una visión completa de su bonito cuello.
Inhalo su aroma.
-Deja de engañarte princesa.- mi mano recorre el interior de sus muslos, ya puedo notar su humedad entre ellos, subo hasta el borde de sus bragas y me detengo recogiendo los frutos de mi trabajo.- Mírate toda mojada
-Aléjate de mí.- su voz es cada vez más débil.
Levanto la mano e introduzco los dedos en su boca, quiero verla probarse.
-Chupa.- ordeno y ella jodidamente lo hace.- Usa la lengua princesa.
No me sorprende que siga mis ordenes, sé que ella esta jodida, lo he visto por mi mismo, sus ojos mantienen los míos, la tormenta que se forma en ella me hace recordar porque estoy aquí.
No tengo permitido amarla, pero desearla es una cosa completamente diferente.
-¿Cuántas veces te has tocado pensando en mí?.- susurro con mi aliento rebotando entre nosotros, saco los dedos de su boca mientras continuo acorralándola en la puerta.
-Nunca Kilian, jamás he pensado en ti.
No pasa por alto el resentimiento en su voz, el dolor y la traición.
Me alejo de ella dándole espacio para respirar, dándome espacio para olvidar su aroma, no necesito que se desmaye aquí y ahora, ya tendremos tiempo para las sorpresas.
-Pequeña mentirosa, pero eso ya lo sabes, siempre te ha gustado mentir, ¿no es así princesa?
Puedo ver las lágrimas detrás de sus ojos, me incita a presionar todos sus botones, quiero romperla lentamente y reconstruirla para volver a despedazarla, necesito verla tan jodidamente rota que me quema el pecho cada vez que la veo sonreír, ella no lo merece.
-No te tengo miedo.- se intenta convencer a si misma.
-Eso te convierte en una estúpida.
Su semblante cambia, da un paso al frente y me enfrenta.
-Vete, lárgate de mi vida justo como hace cuatro años y no vuelvas esta vez, huye como el imbécil que eres, nadie te recordara.
Que equivocada esta mi hermosa y dulce princesa, yo no me fui a ninguna parte.
Su cuerpo tiembla en todas direcciones, reúne todo su valor tomando el pomo de la puerta dándose la vuelta, la detengo con mis palabras.
-Vendrás a mi Lizy, por tu propia voluntad, te detendrás en ese mismo lugar y te arrodillaras, me suplicaras… recuérdalo.
Su piel se erizo, ella sabe que no miento y esta aterrada.
Yo siempre cumplo mi palabra.