Al reconocer que estaba a un soplo de caer al abismo, supe que el fin justifica desgraciadamente los medios. La vi fijamente, pero sonreí y esta vez fui yo quien la besó apasionadamente. Ella no mencionó palabra alguna. En cuanto me aparté, ella volvió a aferrarse a mí con fuerza. Sin duda funcionó, no cuestionó nada. —Querías conocerme, lo tienes. Querías besarme, lo tienes. ¿Qué quieres hacer ahora? —¡Santo cielo! Podría besarte toda la noche. Lamento haberte mencionado a… Volví a posar mis labios sobre los suyos. —Bésame. Cuando algo te gusta el tiempo pasa muy rápido. ¡No lo desperdicies! Suspiró y volvió a besarme del mismo modo que antes. Entre cada beso que ella me daba, sentía la libido aumentar dentro de mí como nunca antes lo había experimentado. También besé sin reprim

