Sin embargo, un día mientras caminaba en la calle, un hombre alto, corpulento y de cabeza rapada la miraba desde el otro lado. Amanda estaba acostumbrada a esas cosas pero aquel tío tenía algo que le resultó atractivo. Dejó de pensar en eso y siguió concentrada en su camino hasta que entró en un supermercado para comprar algunas cosas Poco tiempo después, sintió la mirada del hombre muy cerca de ella. —Hola. —Hola, ¿qué tal? –Respondió con desinterés. —Pues, he querido acercarme a ti desde hace rato y no he sabido cómo sino hasta ahora. Se rió con el comentario. —Una risa. Nada mal, ¿eh? —Para nada. Te da algunos puntos. Él le sonrió. Gesto que, además, le hizo cambiar la expresión severa que tenía. Luego de algunos minutos, la conversación se volvió amena. Amanda y Mark se presen

