Ella asintió ligeramente. —Entonces propongo algo, ese tema no lo tocaremos, a menos cuando sea estrictamente necesario. —Tienes razón. Sería una lástima arruinar esta velada. El asunto de Mark quedó guardado en un cajón y fue directo al olvido. Jack y Amanda se concentrarían en esa tensión s****l que parecía crecer con el paso del tiempo. Al cabo de pocos minutos, la bandeja de acero quedó con los restos de migas de pizza. En la mesa se marcaron los bordes de las botellas y las servilletas de tela descansaban sobre la superficie. Mientras, Amanda y Jack conversaban muy íntimamente. A medida que hablaban, Jack deseaba llevársela a casa. Esperó un rato más para no parecer descontrolado, hasta que colocó su mano sobre la de ella. Amanda pareció desconcertada hasta que entendió el gesto.

