—Para la sed. —Gracias… Umm, esto está delicioso. —Sabía que te iba a gustar. Es un vino chileno. ¡Ah!, la comida ya va a estar. Siguió bebiendo como para divorciarse de ese momento incómodo y en poco tiempo vio un plato de pasta con pesto y lonjas gruesas de queso parmesano. —¿Te parece bien comer aquí? —Sí, está perfecto. —Vale, pues, salud. Espero que te guste. Amanda tomó un primer bocado y sinceramente le pareció delicioso. —Está muy bueno. —No te mentí. Siguieron comiendo y bebiendo hasta que uno de los guardias se acercó para decirle algo a Mark al oído. —Diles que esperen un momento. —No, mejor ve. Yo termino de comer y después limpio. —Que ellos esperen. –Dijo con decisión. —Vale. Terminaron de comer y Mark miró con impaciencia el reloj. —Ve. No tengo problemas con

