—¿Por qué no dejas eso y vienes a comer aquí? —No hace falta. Además, quiero descansar un poco. —¿Qué hiciste? —¿Es necesario el tono? Se hizo un silencio incómodo. —Me gusta saber en dónde estás y las cosas que haces. —Estuve en casa de unos amigos. Bebí de más y me quedé con ellos. Regresé hace poco. —¿Ves? No costaba mucho eso. —Sabes que no me gusta dar explicaciones. Creí habértelo dicho. —Pero a mí sí me gusta que me las des. Ella dio un largo suspiro. Mark, quien no le gustaba discutir y menos con ella, se disculpó inmediatamente. —Vale, vale. Pasemos la página. ¿Qué tal si te paso buscando más tarde y cenamos aquí? Tengo ganas de prepararte mi famosa pasta al pesto. —¿A qué hora? —Te escribiré con tiempo para que puedas descansar lo suficiente. ¿Vale? —Vale. Colgó la

