—Da lo mismo. Se casó con ella por la fuerza. Le da igual la vida de la gente. Podríamos tenerla sentada aquí, con un cuchillo en el cuello y él mismo la mataría. No. Eso es un juego para niños. Quedó el silencio tras la discusión. Los rostros de los reyes denotaban una preocupación alarmante, se estaban quedando sin opciones. —Hay que matarlo. Es la única forma en que podríamos destruir a sus dragones. —¿Pero cómo? Es imposible. —Existe un manuscrito que describe la debilidad de esa maldita familia. Si uno de sus miembros, el capaz de manejar a los dragones, muere o es herido, los dragones sufrirán el mismo destino. —Es un caballero con grandes habilidades. —No desconfíes de una flecha bien colocada. O de un veneno poderoso. Sin él en el medio, sus ejércitos son nada y será la oportu

