Los primeros meses del embarazo de Natalia transcurrieron con relativa calma, aunque las náuseas matutinas se convirtieron en una constante que ella afrontaba con valentía. A pesar de estas molestias, Natalia continuó trabajando en la textilera, un lugar donde encontraba satisfacción en su labor. Su rutina diaria la mantenía activa y le daba la oportunidad de distraerse, aunque Jonathan y su madre, Laura, siempre estaban pendientes de cada detalle, cuidándola más de lo que Natalia consideraba necesario. —Amor, ¿estás segura de que no necesitas más descanso? —preguntó Jonathan una tarde, mientras la ayudaba a ponerse cómoda en el sofá después de regresar del trabajo. —Estoy bien, de verdad. Trabajar me hace sentir útil, y además, las náuseas no son tan malas como parecen —respondió Na

