Los días transcurrían con tranquilidad para Jonathan y Natalia. Desde que se casaron, ambos habían construido una relación sólida basada en el amor, la comunicación y el apoyo mutuo. Vivían los primeros dos años de su matrimonio como en un sueño, a pesar de las dificultades que enfrentaban día con día, disfrutando de cada pequeño momento, desde las charlas nocturnas hasta los desayunos improvisados los fines de semana. Jonathan, trabajador y atento, no perdía oportunidad de demostrarle a Natalia cuánto la amaba, mientras que ella, con su dulzura y carisma, llenaba cada rincón de sus vidas de luz. Esa tarde, Natalia decidió visitar a su madre, quien siempre la recibía con los brazos abiertos. Su hermanita menor, Karely, también estaba en casa, emocionada de pasar tiempo con su hermana may

