Hoy comenzaba una nueva etapa en la vida de Natalia. La miré mientras se alistaba frente al espejo de su habitación. Su porte elegante y su traje impecable destacaban aún más esa madurez que había alcanzado en los últimos años. Mis ojos se llenaron de lágrimas de orgullo al verla así, tan profesional, tan segura. Se parecía tanto a su padre en ese sentido, siempre con una determinación que iluminaba la sala donde estuviera. —Hija, te ves hermosa. Estoy tan orgullosa de ti —le dije con voz quebrada, luchando por no llorar. Ella giró hacia mí con una sonrisa cálida, esa que siempre iluminaba mis días. —Mamá, gracias por estar aquí conmigo. Todo esto lo hemos logrado juntas —respondió, acercándose para darme un abrazo. Acaricié su cabello y respiré hondo. Tenía que ser fuerte por

