Afilando las garras

1224 Palabras
De pronto como si la nube de encanto hubiese pasado, Sophia despertó del letargo en que se encontraba, — Suéltame, solo déjame ya. — Lo siento, me deje llevar y… — Y te aprovechas de mi, me tocas y besas a tu voluntad. — Tampoco te has opuesto demasiado que digamos, pero te prometo no hacerlo que no lo haré más. — Supongo que estás acostumbrado a hacer eso con todas aquí, pues no, conmigo no, me respetas a partir de ahora. — Estás equivocada sobre mí, pero piensa lo que quieras, tienes un problema de confianza y prefieres pensar lo peor de las personas, es claro que la del problema eres tú, así que supéralo. Eso hizo que Sophia sintiera un baño de agua fría, realmente su novio la había engañado y con quien consideraba su amiga, así que por supuesto que tenía problemas para confiar en las personas, pero no lo iba a admitir frente a él, no debía revelar nada más de sí misma, se iría en un tiempo y para que apegarse. — ¿Cómo confiar en ti?, no sé nada de tu pasado, ¿Quién eres?, ¿Quienes son los blancos?, y… — ¿Qué sabes de los blancos?, ¿Que y quien te dijo algo sobre ello? y de lo que dices sobre mi, para compartir mis confidencias contigo, tu también tendrías que estar dispuesta a abrirte a contarme porque eres tan ingrata y que piensas que todo gira a tu alrededor. — No importa, realmente estoy aquí obligada, no por decisión propia, así que no tengo porque ser amable con unos simples extraños, ni encariñarme o tenerles confianza. — Tienes razón pero esos extraños te salvaron la vida, cuidaron de ti cuando estabas entre la vida y la muerte, nadie te secuestro y trajo hasta aquí, tal como nosotros fuimos transportados sin nuestro conocimiento. — Todavía no me creo lo de la doble dimensión, ¿Por qué no salió en las noticias alguna vez? — Supongo que los que regresan lo hacen sin memoria de este lugar o no lo hablan porque pueden tildarlos de locos, ¿quién creería algo así?, seguramente dirían que es el trauma por el accidente, en fin, mejor volvamos y no hablemos más del tema. Mientras salían del agua, estaban temblando y con los dientes castañeando, Keyla llegó hasta ellos, — Hades, ¿que ocurrió?, ¿que haces dentro del lago con tanto frío?, te enfermarás y ¿para qué? Sophia la entendió de inmediato, ella no existía, era un cero a la izquierda, — Estamos bien, tranquila, él no va a morir ni nada así. — No estaba hablando contigo — , dijo Keyla tomando a Hades por el brazo. — Eso es claro, tranquila fiera, no me interesa lo que tu y el Dios del inframundo tengan que hablar — , con esa actitud solo confirmó que aquella mujer tenía un interés romántico por él, quizá era la pareja que describió en una relación abierta. — Ya basta, yo estoy en perfecto estado, por favor acompáñala a la tienda y que se ponga ropa seca mientras llevo los pollos de nuevo a la cocina. Sophia intervino molesta, ¿que se creían aquellos dos?, — A mi nadie tiene que acompañarme ni atenderme, no soy una niña, ni necesito tutor. Hades la miró exasperado simplemente intentaba ser amable pero ella no se dejaba, — por una vez solo haz lo que te digo. Keyla estaba a punto de explotar, ya llevaba días tolerando ser excluida pero no más, — Está bien yo me encargo, no te preocupes por ella, haré lo que me pides, pero ten en cuenta mis palabras, lo mejor es que está visitante duerma en un lugar aparte, puede ser en una de las tiendas o en la cabaña abandonada, si sigue compartiendo tu espacio solo va a complicarte las cosas. — Yo seré quien decida eso, por ahora solo haz lo que te pido. — De acuerdo — , dijo con voz baja y sumisa. Comenzaron a caminar de regreso en silencio, pero en cuanto Hades tomó otra dirección y estuvo a suficiente distancia comenzaron a discutir hasta llegar a su destino, — ¿Quién te crees al tratar a nuestro líder de esa manera?, eres una simple recién llegada, tu eres la que tiene que adaptarse a nuestras reglas y manera de vivir, no al revés. — ¿Y quién te nombró la segunda al mando?, o ¿eres la primera dama o algo así? — Tómalo como quieras, pero estoy con Hades, soy de su confianza y como vez me confió a tu persona, te educaré aunque no lo quieras, si debo intervenir para que te des cuenta cual es tu lugar aquí lo haré, ya te leí eres una mosquita muerta que se cree la dueña del mundo. — No me creo, soy la dueña del mundo, trabajé duro para tener un nombre y ser reconocida, quizá a ti te gusta ser la sombra de un hombre pero a mi no, si crees que porque tienes una relación con Hades tienes poder sobre mi, te equivocas. — Aquí no eres nadie y lo que tenga con él no es tu asunto perra, regresa a tu tiempo cuando corresponda y déjanos en paz, mientras tanto cállate y cumple con lo que se te pide, aquí nadie es tu servicio a nadie le importa lo que tenías y respecto a Hades deja de metértele por los ojos eso no te dará privilegios. — Yo hago lo que quiera y con quien quiera, si me quiero quejar de todo lo haré, si me deseo besar, tocar o acostar con Hades lo haré, por algo comparto su cama y no tú — , aquella discusión era absurda porque entre ellos no había nada, pero lo hacía con el único objetivo de enfurecerla. — La compartes porque te estaba cuidando y… — Y ya nos besamos la verdad es increíblemente sensual, su cuerpo firme y con músculos definidos es una tentación… — ¿Cómo te atreves? — , en ese momento Keyla caminó decidida hasta ella, levantó la mano y sin más le propinó una cachetada con todas sus fuerzas. Sophia llevó la mano a su mejilla de manera instintiva para calmar el escozor pero de inmediato sus ojos se llenaron de odio y se abalanzó sobre ella para intentar vengarse aunque nunca había peleado en su vida. — ¡Desgraciada!, ¿Cómo te atreves a pegarme?, ya verás.. — , la tomó del cabello y forcejeando llegaron al suelo, donde entre gritos, rasguños, golpes y cachetadas rodaban por el suelo, a Sophia le dolía la herida pero eso no la detuvo, tenía que poder en su lugar a esa estúpida. Todos fuera de carpa se fueron alertando por lo gritos y los sonidos de golpes, se acercaban pero nadie se decidía a entrar para separarlas pues era lio de mujeres celosas y todos tenían claro que algo así sucedería pues Keyla desde la llegada de Hades se sentía con derechos sobre él, pues fue quien lo curó y cuido cuando estaba herido. — ¿Qué está pasando aquí? — , Dijo tomando a Sophia por la cintura para separarla de Keyla y colocándola suspendida pegada a un lado de su cuerpo como si se tratara de una niña.
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