Slashdot no estaba y Michael ardía de rabia, se sentía burlado y es que saberse un novato frente al hombre que le arrebató la vida a su amada es muy frustrante.
—Maldito Halcón, estás completamente loco —vociferó uno de los presentes—. Slashdot no está aquí, solo vinimos a un evento para hacer negocios y divertirnos.
—Locos son ustedes que vinieron a la fiesta de mi enemigo, querían ver como me desafiaba, pues una vez más les demuestro que quien se atreve a desafiar a Halcón come plomo, por última vez, entregenme a Slashdot o morimos todos —ordenó Diego.
—Yo te lo diré —dijo Luciano y miró en dirección un hombre rubio, el representante de Slashdot que le había llevado las mujeres—, vamos, te aseguro que no moriremos—. El hombre se hizo el desentendido, pero a Diego ya le habían dicho en privado que él era secuaz de Slashdot,lo sometió y se lo dió a dos de sus hombres que estaban infiltrados, sorprendiendo a todos, Michael empujó a Luciano y Diego miró a la comitiva desde la salida.
—¡Disfruten de la noche señores!, como cortesía de Halcón, tendrán buena comida y distracciones a cargo de mi gente.
Diego y Michael se llevaron a Luciano y el otro hombre en una van, Luciano no paraba de burlarse y con cada puya hacía enojar más y más a Michael.
Pero Michael pudo calmarse al detectar desde su tablet que el hombre de Slashdot tenía un dispositivo de vigilancia.
Finalmente los llevaron a una guarida de Halcón y los amarraron a cada uno a una silla.
Luciano se veía relajado, siempre riendo como desquiciado y Michael lo hubiera matado, pero llegó don Massimo y de manera bastante obvia se paró frente a Michael, tapando el ángulo de tiro a Luciano.
Victoria estaba muy molesta con Stefan.
—Me lo prometiste Stefan, por eso me quedé.
—Maldición Victoria, no tengo una varita mágica, te dije que esas mujeres tenían que inaugurar el club de Luciano, que luego te las daría para que jugaras a ser su hada madrina, pero tienes que entender que de donde salieron ellas salen muchas y seguirán saliendo aunque yo no las compre.
—Pero ya me comprometí con estas y tú me las garantizaste, así que mueve tu computadora, tu teléfono para que le ordenes a tu gente sacar a esas mujeres del dominio del maldito Luciano.
—Victoria, te voy a pedir que por favor salgas de aquí, es tarde, ve a descansar y mañana te consigo a las mujeres inservibles y drogadictas que desees, estamos en New York, hay de a puño.
—Quiero ver lo que no permitiste que viera.
—No puedes verlo.
Victoria dio un paso atrás con los puños apretados.
—Te he visto matar, me has amenazado con quitarme mi propia vida y la de mis padres. Me dijiste que nada peor podía ver de ti.
— ¡Yo estoy aquí! Contigo, escondido como rata porque me hicieron un atentado y en vez de vengarme, procuro hacerte feliz rescatando a unas mujeres dañadas que de seguro el día de mañana me delatarán.
—Stefan no te queda el papel de víctima, si no me dejas ver es porque es algo que me hará dejarte, así que si de verdad confías en mí me mostrarás que me escondes.
—No tengo porque hacerlo.
—Tienes razón, me voy.
—Victoria…
—Y tendrás que matarme, porque no me detendré.
—Quieres ver, pues mira de una vez —espetó Stefan molesto con ella.
Stefan volteó la pantalla y Victoria vio lo que veía antes Stefan, es la cámara y micrófono que llevaba su representante y quien tenía de frente era Michael con una pistola, también estaba Diego y don Massimo Coppola, a su lado Luciano amarrado.
—Me deben tanto ustedes dos —espetó Luciano mirando a Michael y a Diego—, gracias a mí encontraron a este viejo tonto, ¿qué eran ustedes dos?, mi hermanito un peleador de quinta y el pequeño Mickey un humilde bartender, ahora tienen dinero, status y con cada día se vuelven más formidables, diganme algo ¿A cuantos han matado buscándome? —Luciano se echó a reír como demente a todo pulmón—, les confiezo que no quiero morir y evitaba encontrarme con ustedes, pero me da un fresquito que los he obligado a sumergirse en la mafia, los llevé al punto de no retorno y lo están disfrutando, es tan adictivo el poder, diganme ¿Qué sintieron la primera ve que mataron a alguien? ¿Qué sientes al vender las drogas que están destruyendo la vida de muchos?, ¿aún pueden ver las noticias sin preguntarse si el arma que mató a esos chicos fue Halcón quién la metió al país?
El monólogo de Luciano solo aviva la ira de Michael, Luciano tiene razón y él siendo un humilde bartender no lo creyó posible, pero no le importa, mientras pueda vengar la muerte de Victoria.
—Luciano, ¿Slashdot está vivo o muerto? —preguntó don Massimo.
—Pregúntale a él —Luciano señaló con la cabeza al otro hombre amarrado.
Victoria estaba en silencio, como quien ve una telenovela en su momento cumbre, pero esto era real, está asustada y Stefan tiene los brazos cruzados.
—Quizás sea un novato —manifestó Michael—, pero tienes razón y día con día me he vuelto mejor en esto. Sé que tiene un rastreador, Luciano —le dijo Michael—, apenas estuvimos en la van lo vi, deja de tratar de comprar tiempo, quiero que venga por ustedes, porque quiero a Slashdot.
Victoria vio a Stefan.
— ¿Eso es cierto? —Le preguntó.
—Está por llegar mi equipo, pero ellos lo saben.
—Stefan no puedes hacer eso —musitó Victoria y Stefan la vio con rabia.
—Ellos lo esperan, escuchaste que quieren matar gente, que se preparen, hay momentos en los que un hombre no puede dar un paso atrás, aunque seas tú quien me lo pides.
— ¡Slashdot murió, nadie vendrá! —Declaró Luciano y Victoria miró de nuevo el monitor.
Como desquiciado Luciano se echó a reír de nuevo, disfrutaba de todo esto y dice:
—Este hombre es un actor contratado, siempre he sabido que me vigilaban, por eso les hice creer que Slashdot estaba vivo, así conservaba mi vida —mintió sin ningún problema, solo para hacer desplomar a Michael.
Y eso llevó a Michael al límite de la razón.
—¿Eso es verdad? —preguntó Michael al hombre, pero este lo miró y le escupió la cara, Michael cerró los ojos y sintió tanta furia, sacó un pañuelo de su bolsillo se limpió y sin siquiera pensarlo levantó la pistola y le disparó a la cabeza.
La sangre del hombre salpicó su propio rostro.
Michael no sintió nada, su vida dejó de importar, lo habían logrado. Luciano lo había hecho una máquina de matar, sin sentimientos, sin corazón, su corazón se hundió en el mar de Sicilia con Victoria.
Diego se impresionó y don Massimo cerró los ojos apenas negando con la cabeza, él sabe perfectamente por lo que está pasando Michael ahora.
En ese lugar oscuro él ha estado.
Luciano se carcajeaba de risa como quien ve un espectáculo y para él lo es, zapateaba privado de risa.
—Se lo merecía, era muy mal actor, pero miren al santo, ¿te hace mucha falta Victoria?, te comprendo, tenía unas tetas suculentas y unas piernas largas y blancas como la nieve, pero tu bebé está más tierna.
Victoria solo escuchaba, pues cuando cayó el hombre muerto lo hizo también la cámara en la ropa, vio las piernas de Diego que se llevaba a Michael, y ella tuvo que sentarse porque sus piernas temblaban, toda ella temblaba y un grito que era mitad lamento salió de su garganta.
Miró a Stefan y lo señaló con el dedo índice.
Muy roja porque las lágrimas se acumulan en sus ojos, pecho y garganta le dijo:
—Esto es tu culpa, Luciano y tú arruinaron nuestras vidas.