Capítulo 08. Palabra de honor

1537 Palabras
Victoria siente un nudo en la garganta llena de miedo. — ¿Y después? —preguntó Victoria, tragando el nudo de la ansiedad—. Qué pasará cuando esté a merced de Franco. Stefan movió su mano para quitar un mechón de cabello fuera de lugar en la coleta de Victoria, ella dio un paso atrás pegándose al ascensor. Stefan puso sus manos a cada lado de ella y se acercó a decirle en su oído. —Respira Victoria, por esta noche estás segura conmigo. —Sé que no es cierto —espetó ella con valentía—, ya estoy harta, eres un sádico que disfruta tenerme en la cuerda floja temiendo por mi vida. Stefan acercó su nariz a su cuello ya que ella quitó el rostro, soltó el aliento e inhaló de nuevo, Victoria sintió el escalofrío ante su contacto no deseado. —No soy idiota Victoria, sé que planeas delatarme con mi madre y mi hermana. — ¿Puedes culparme acaso? Yo tampoco soy idiota, sé que si sigo viva es porque ellas me conocieron. Las puertas del ascensor se abrieron y Stefan la llevó a un hermoso y amplio penthouse estilo clásico con colores cálidos, Victoria no asociaba al hombre frío y malvado con esta casa, pero quizás era solo el lugar donde la mataría. —Siéntate Victoria, tenemos que hablar. Victoria estaba harta de sus juegos mentales. —Puedo escucharte perfectamente de pie. Stefan suspiró y sacó su teléfono del bolsillo y le mostró fotos de Rebeka, su mejor amiga. habían sido tomadas desde muy cerca y ella no se había percatado de nada, estaba en New York y eran actuales. —Rebeka está bien, no la tiene Luciano —exclamó emocionada. Stefan afirmó con la cabeza. —Tu amiga es libre, pero si no te comportas como una novia amorosa delante de mi familia, ella muere —Stefan la haló de su coleta y ambos se miraron a los ojos, a ella se le salían las lágrimas de impotencia—. La vida de tu amiga está en tus manos. —Stefan, te lo suplico, yo no quiero estar en tu vida más de lo que tú me deseas en ella. Stefan la soltó y una mujer salió desde un pasillo y se incomodó al verlos. —Buenos días —saludó la mujer sonriendo—. A sus órdenes señorita. Victoria no entendía nada, miró a Stefan sin contestar a la doña. —Ella es Adelina, mi ama de llaves, le dije que traería a mi novia; estás en mi casa. —Supongo que en la de Stefan —susurró Victoria. —No te preocupes, Adelina sabe de mi doble vida —exclamó él en voz alta. La mujer con traje muy correcto entró a la cocina, tendría poco más de 60 años y sus cabellos eran un matizado entre rubios y blancos. —El señor me dijo que come de todo y que le gusta el dulce —expresó la mujer mientras abría el frigorífico y Victoria limpió sus lágrimas. —Es lo que hay Victoria —expresó Stefan sentándose en la barra de la cocina—, no lo planeamos, pero si te comportas puedes quedarte aquí y ser tratada como estás acostumbrada. Adelina puso los platos y Stefan le indicó a Victoria que se sentara a su lado, la comida se veía estupenda, pero Victoria jugaba con la comida. —Come, no me gusta desperdiciar comida —le ordenó Stefan al ver que ella solo pellizcaba. — ¡No quiero! — ¿Acaso no es de tu agrado? —Preguntó frunciendo el ceño. — ¿Matarás a la pobre mujer si te digo que no? Stefan se echó a reír a carcajadas. —Quedate tranquila, no la mataré por esa tontería, pero te veo más delgada. Victoria rodó los ojos. —Saber que cada día que llega puede ser tu último día estresa a cualquiera. —No se supone que debido a eso deberías comer más, aprovechar la vida. —No es gracioso —espetó Victoria con sorna—, eres un enfermo despreciable y no quiero estar contigo. Victoria se levantó de la silla y continuó diciendo con desesperación: — ¡Quiero irme! Stefan tomó otro bocado de comida inmutable a su pataleta. — ¿Y a dónde irías? —Preguntó mientras con toda calma se limpiaba con su servilleta—. ¿Acaso la vida que dejaste atrás no era una prisión? Tarde o temprano caerías de nuevo en las drogas, gracias a mí no lo harás más. — ¿Quieres que te haga una estatua y te venere de rodillas? —Acotó con sarcasmo Stefan la miró con lujuria. —La estatua quizás es exagerada, me gusta el resto. — ¿Solo quizás? Creo que la estatua iría acorde con tu arrogancia. Él de nuevo sonrió. —Mi v***a hace juego con mi arrogancia, lo verás cuando me veneres de rodillas. Victoria cerró los puños y lo miró con odio. —Espera sentado a que te dé algo de buen grado. Stefan sonrió, no podía evitarlo, Victoria le caía bien. —Pensé que querías vivir, pero me retas a cada instante. —Quiero vivir, pero bajo mis términos, no los tuyos. Stefan se levantó y ella caminó hacia atrás y tropezó con un escalón y él estiró la mano y la atrapó en sus brazos. —No me desafíes, Victoria, un poco puede ser divertido, pero no te pases… —Tendrás que matarme de una vez, porque no seré tu esclava —Los ojos de Victoria brillaban y su determinación le impresionaba, pero no podía dejarla ir, debía conseguir su obediencia, pero no quería hacerle daño—. Al menos dame algo y colaboraré. Eso le daba una salida a Stefan. — ¿Qué quieres? —Preguntó él en voz baja, molesto consigo mismo por ablandarse con ella. —Déjame ver a Rebeka. Stefan negó con la cabeza. —No entregaré mi cabeza. —Stefan... —Solo puedes usar mi nombre delante de mi familia, del resto solo me puedes llamar Slashdot. Victoria bajó el rostro. —Slashdot, solo te pido verla, no le hablaré, ella no tiene que verme, solo quiero saber que está bien. —No te basta mi palabra. Victoria lo miró de nuevo a los ojos. —No, eres un delincuente, un asesino, mentir no debe ser nada para ti. Stefan sonrió de lado. —Miento sin problema, pero si digo que doy mi palabra lo hago en serio. —Demuéstrame que está viva y podré confiar en tu palabra. Stefan suspiró. —Está bien, pero come. Un rato después Victoria iba con Stefan en la parte de atrás de su sedán de lujo con vidrios polarizados. Su chofer conducía y paró en una esquina. —Tu amiga trabaja en ese albergue, es de una fundación… —Sí, es de su cuñada, allí atienden mujeres maltratadas, seguramente lo hace para ocuparse, debe haberla pasado terrible. —Como ves tiene bastante seguridad, esos hombres son sus escoltas. — ¿Sabes dónde está Luciano? —Sí, lo sé… —Por favor, déjame al menos advertirle, le diré que estoy con un amigo, ella no tiene que verte. —Victoria, ese no fue el trato. En ese momento salió su amiga Rebeka del albergue con otra chica a su lado. Victoria tuvo que acercarse al vidrio para asegurarse, pero entonces notó que estaba casi encima de Stefan y regresó a su puesto. —Pero esa chica que está con Rebeka, ella… —Se llama Guadalupe Vargas. —Pensé que Luciano la había matado hace tiempo. —Luciano le disparó, pero es obvio que no la mató y ahora te ha suplantado como mejor amiga. Victoria vio a Rebeka entrelazar su brazo a la joven morena, ambas se echaron a reír y se montaron en un vehículo con chofer que pasó por un lado al vehículo de ellos. La risa de Stefan hizo a Victoria mirarlo con recelo. —Deberías ver tu cara, estás molesta porque tu amiga siguió su vida como si nada, ¿qué esperabas? Te da por muerta, aunque no consiguieron tu cuerpo. —Yo creí, supongo que como Luciano me drogó lo que recuerdo no es cierto. — ¿Qué recuerdas? —Creí que Luciano había secuestrado también a Rebeka. —Lo hizo, pero su novio la rescató, tu querido Michael no vino por ti y así terminaste conmigo. El dolor que sintió Victoria en ese momento no era nuevo para ella después de una vida de baja autoestima. Pensaba que Rebeka y Michael la querían, que eran las únicas personas en el mundo con las que podía contar. Obviamente no era cierto, Michael no la buscó y Rebeka la olvidó. Victoria miró por su ventanilla aguantando las ganas de llorar. —Ya cumplí mi parte —objetó Stefan. —Gracias, esta noche fingiré ser una novia feliz. —Quita esa cara, quizás la pases bien. Victoria no dijo nada y una lágrima que no pudo evitar resbaló por su mejilla, Stefan la hizo voltear. Ella se puso tensa cuando él quitó sus lágrimas con los pulgares. —Esta noche será divertida —Stefan sonrió—. Te doy mi palabra.
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