Capítulo 11. ¿Me lo cambiaron acaso?

1322 Palabras
Victoria negó con la cabeza repetidas veces llena de frustración y rabia. —Eres un desquiciado en verdad —le increpó furiosa—. ¿Quieres que te felicite por no querer matarme? No quiero estar a tu lado y no puedo darte lealtad ¿Quién te crees? El padrino de la mafia, a mí no me interesa su guerra absurda de testosterona, por mí pueden matarse entre ustedes, ¡yo solo quiero estar muy lejos! Victoria le tiró el teléfono y Stefan lo atajó en el aire mostrando unos reflejos muy buenos. —Lo hubieras pensado antes de involucrarte. — ¿Qué? A mí me secuestraron, ¡animal!… — ¡Animal es el idiota de Michael Herrera! Tú te metiste en esto, debiste quedarte en tu mundo y no hacerte la mujer de un muerto de hambre que se cree lo suficientemente hombre para meterse con gente peligrosa. — ¿Y a ti qué más te da? ¿Estás celoso acaso? “Quiero que tu lealtad esté conmigo” —dijo imitando su voz gruesa—, son unos lunáticos todos ustedes. —Si te dejara ir ahora mismo ¿A dónde irías? —De seguro muy lejos de ti… —Cualquiera pensaría que te he tratado muy mal. Victoria resopló, ya su ira es más grande que su miedo. —Quizás creas que veo muy sexi estar cautiva, que me amenacen de muerte, pero no te equivoques, Stefan Angelov, yo no soy un perro al que silvas y mueve su cola. Stefan sonrió, ella estaba furiosa y ver que a él no le importa para nada le da más impotencia. — ¡Te odio! —Le gritó Victoria. —No me odias —le interrumpió Stefan—. Odias que quienes quieres te traicionaron, pero sí lo piensas detenidamente yo no te he hecho daño. —Sigo siendo tu prisionera. —O solo te estoy cuidando, Victoria, quieras o no, debes escoger a un bando y quedaste de mi lado. —Yo no estoy del lado de nadie. Para empezar, ¿por qué hay lados? Son competidores supongo, pero yo no entiendo nada de sus negocios. —No se trata de negocios, yo negocio con Halcón sin problema, pero sabes mi nombre y él no puede saberlo. Victoria puso los ojos en blanco. —Te juro que no diré nada. —Ellos te obligarán, por las buenas o por las malas terminarás entregándome —ambos se quedaron callados mirándose uno al otro—. Aunque no lo creas Victoria, lo siento, mi intención era intercambiar tu vida a cambio que me dejaran ir. —O venderme… —Está bien lo aceptó —espetó Stefan—, te habría vendido al mejor postor de ser necesario, Victoria, no planee que te quedarás a mi lado, sé que no comprendes mis razones y solo crees que soy un asesino, animal y tienes razón, pero hay una razón para que yo sea así. Victoria negó con la cabeza. —No creo que exista una razón válida para hacerte dueño de la vida de alguien. Stefan desvió la mirada de ella. —Pienso igual, pero no me queda más opción, no puedo permitir que Halcón sepa mi nombre. —Según tú, Halcón es el padre de Luciano, yo no lo conozco, ¿cómo le diría algo de ti? —Se lo dirías a tu amiga, o a Michael, ellos están con él. — ¿Y si prometo alejarme? Ya me dan por muerta, siguieron su vida, no les importo un rábano, está bien, aceptaría vivir muy lejos, me consigues una identificación falsa, jamás sabrás de mí nunca más. —Si consideras alejarte definitivamente de ellos, ¿entonces cuál es el problema de que te quedes conmigo? Básicamente es lo mismo. Stefan puso su mano en la de ella y acarició el anillo de plata que él le dio en su pulgar. Victoria se lo quiso quitar para devolverlo y él cerró su mano en torno a la de ella. —Dejalo. Considera que sigue siendo garantía de que estás a salvo. —Es una tontería, puedes matarme y quitar el anillo de mi frío c*****r. Stefan se echó a reír y ella lo miró con mala cara. —En contra de mi buen juicio me gustas, esa es la verdad, —La gente manda flores Stefan, no secuestran. —Soy todo un caballero a la vieja usanza, ya verás, te sorprenderás, porque tus padres sí te buscaban y te quieren más de lo que piensas, me tocó improvisar; tu madre es codiciosa e impúdica, podría ser mafiosa sin problemas. —No entiendo nada, ¿mi madre? ¿De qué demonios hablas? La limusina paró frente a una casa enorme y hermosa, unos focos alumbraban la entrada, era evidente que había una fiesta. Los escoltas al servicio de Stefan abrieron la puerta del vehículo y los rodearon. Victoria bajó y encontró a su madre esperándolos. —Madre, ¿qué haces aquí? Tania Curvelo con una sonrisa de foto abrazó a su hija. —Victoria, me has hecho pasar un susto terrible, pero Stefan me lo explicó todo. —Me muero por escuchar la explicación que te dio. Stefan se paró al lado de Victoria y besó la mano de Tania como todo un atento caballero. —Stefan me dijo que fue una travesura que se te salió de las manos, que realmente nunca estuviste en peligro y que fue la excusa para dejar de ser modelo. — ¡¿Qué?! —Inquirió Victoria mirando al interpelado con ira, este la veía con cara de enamorado y acomodó sus anteojos en el puente de la nariz, luciendo desgarbado. —Mi amor, si vamos a tener al menos cinco bebés, yo quiero empezar de una vez —respondió Stefan mirándola con ojos de cachorro y actitud acelerada, y antes de que Victoria lo interrumpiera continuó—. He leído muchas teorías para lograr embarazos múltiples, quizás si das a luz unas cinco veces podremos tener hasta ocho hijos. A Victoria le temblaron las piernas, antes pensaba que Stefan era un lunático, ahora estaba completamente segura. —Necesito sentarme —exclamó con voz entrecortada. — ¡Busquenle una silla a mi novia!, agua, quizás unos zapatos más cómodos le dije que no debía ponerse esos tacones que dan vértigo, no sé para qué necesita usar tacones si igual no será tan alta como yo y si lo logra yo usaré tacones como los franceses antes de Napoleón, ese sí que era un hombre brillante, aunque debió usar tacones y así la historia no lo recordaría como un enano. — ¿Qué te pasa Stefan? —Preguntó Victoria convencida que ahora era él quien había consumido como mínimo hongos. —Yerno, permíteme hablar con mi hija, ya te alcanzamos —los interrumpió Tania. Stefan sonrió y abrazó a la madre de Victoria de forma efusiva y ella sonrió como si fuera adorable. —Es usted tan bonita como Victoria, me alegra ver lo bonita que será Victoria cuando sea vieja. —Bueno querido, ni tanto eh, no soy una anciana —respondió la interpelada tratando de no ofenderse con su yerno idiota. —Puede disimular las arrugas, sobre todo desde lejos, así de cerca le veo algunas en la comisura de sus labios. Tania dejó de reír e instintivamente pasó la mano por las mencionadas líneas de expresión. —En un momento estaremos dentro —masculló aun tapándose el rostro con una mano. Stefan miró a su alrededor y señaló a tres escoltas para que se quedaran con Victoria y continuó hacia la casa, no sin tropezar con un par de personas y casi tumbar una decoración de jardín. Tania mirándolo de lejos hacía muecas al ver su aparente torpeza —Mi amor, es un completo tonto, pero también asquerosamente rico —exclamó Tania rebosante de codicia. —Ay mamá… —Victoria se puso una mano cubriendo su rostro.
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