Victoria sorprendida no sabía qué decir.
—Eso no podría pasar —emitió con voz entrecortada.
—Imaginemos que sí puede pasar.
Victoria suspiró y decidió ser sincera.
—Dejemos claro que es obvio que no ocurrirá. Me iría con él sin dudarlo…
— ¿Por qué es obvio que no puede ser? Supongo que tuvieron una historia llena de amor y promesas…
—Él me dejó —le interrumpió Victoria siendo tajante y se le notaba que no quería hablar de eso—, prefirió ser un mafioso y desvincularse de mí.
—Quizás lo hizo para protegerte —masculló Stefan y sus palabras le supieron a hiel, pero tenía que decirlo.
Victoria negó con la cabeza.
—Es una tontería, a mí no me hubiera importado, él lo sabía. En fin…
—Sí, es una tontería, debió llevarte, así como su amigo que no le ha importado y está con Rebeka Larsson, la llevó a su mundo y ella es muy feliz con él, aunque no hayan tenido una boda cómo debía tener una mujer de su posición.
— ¡¿Qué?! —Exclamó Victoria—. Me dices que Rebeka se casó con Diego.
Stefan hizo una búsqueda en internet desde su teléfono y se lo dio a Victoria.
Ella lo tomó y vio un juego de fotos de obsequio de una capilla de Las Vegas, Rebeka lucía hermosa con un vestido de cóctel y un velo prestado sonriendo junto a su amado Diego, en la siguiente foto estaban junto a los padrinos del enlace, Michael con Guadalupe riendo felices por sus amigos.
Mientras tanto Michael continuaba en Las Vegas, se estaba haciendo cargo mientras Diego pasaba pocos días de luna de miel y don Massimo seguía convaleciente luego del atentado del carro bomba, sabía que Luciano estaba en Estados Unidos y no se irá hasta capturarlo, necesita matarlo y asegurarse de que Slashdot murió y si no matarlo de nuevo, pero necesita respuestas.
Así de desesperado estaba.
Necesitaba trabajar en encontrar a Luciano, pues sabe que don Massimo Coppola, está empeñado en la redención de Luciano, después de todo es su hijo también.
La esperanza de Michael es no fallar si tiene la oportunidad, aunque después don Massimo lo mate a él.
Y en realidad no le importa.
Se ejercita en el gimnasio con el saco de boxeo, mientras sus computadoras recopilan datos, las paredes son de cristal y se puede ver hacia la piscina.
Esta casa la remodeló Luciano y era extravagante y para él de mal gusto. No le gustaba sentirse en una pecera, aunque tenía sus ventajas estar pendiente de todo lo que pasa en la casa.
Aunque ahora en este momento, no tanto.
Guadalupe pasó frente al gimnasio con un traje de baño diminuto, tapaba exactamente lo necesario.
Ella era absolutamente apetecible y todos los hombres en la casa se daban cuenta por como se la comían con los ojos.
Michael dio un último golpe al saco lleno de furia y salió del gimnasio quitándose las vendas de las manos sin parar de caminar.
— ¿Les pagan para babearse por una mujer en traje de baño? —Inquirió a dos hombres que se quedaron en el pasillo mirando a la piscina, uno de ellos le respondió con camaradería.
—Michael está como quiere la condenada, y se pasea para que la veamos, tenemos ojos en la cara y lo que ella necesita entre las piernas.
Michael pegó al hombre de la pared de un manotón en el pecho que de seguro le dolerá al hombre por una semana.
—Suy señor para ti —Michael lo soltó cuando el hombre extendió las manos en rendición, aunque ellos tenían armas y Michael no, le demostraron respeto.
—No volverá a pasar, señor.
—Largense a otra parte.
Guadalupe lo veía con disimulo detrás de sus lentes de sol muy feliz con la reacción de Michael.
Michael llegó hasta ella.
— ¿Cómo se te ocurre ponerte eso en una casa llena de hombres?
Guadalupe se miró.
— ¿Con qué se supone que me bañe en la piscina, con un camisón de abuela?
—Sería mejor idea...
—Lo siento, de esos no hay, los bañadores que me compraron son así.
—Algo más cubierto debes tener, o no te bañes en la piscina y punto. No puedo estar cuidándote, tengo cosas que hacer.
Guadalupe se levantó de la tumbona y se paro frente a él muy cerca, sus ojos daban a sus pectorales, Michael era muy alto y con un cuerpo poderoso y brillante por el sudor del entrenamiento.
Guadalupe mordió su labio inferior y lo miró de arriba abajo.
—Estoy aburrida, podría entrenar contigo en el gimnasio.
—No…
—Entonces apártate que voy a meterme en la piscina.
—Necesito que te cambies.
Guadalupe lo empujó haciéndolo caer en la piscina y ella se lanzó también.
En cuanto Michael salió del agua a tomar aire Guadalupe lo veía riendo.
—Michael, no seas tan estirado, te has tomado muy en serio tu papel de protector. ¿Recuerda cuando nos bañamos en la playa?
Y ese es el principal problema de Michael, siempre la vio como una niña, hasta hace muy poco y su conciencia le reclama que no está bien para nada.
—Guadalupe, entiendo que te aburres, pero no puedes exhibirte delante de estos hombres…
—Ellos te respetan, ninguno se atrevería a pasarse de la raya.
—No es excusa para que los provoques.
— ¿Te parece que soy provocadora? Yo creo que soy muy fla…
Guadalupe no pudo terminar la frase, Michael la había tomado entre sus brazos y la besaba con la furia que siente.
No quiere desearla, mientras la besa ya se arrepiente, pero no le alcanza para detenerse.
Y es que ella es toda una provocación en realidad.
Con la agilidad que le proporciona el agua enganchó sus piernas a él y se frotó contra su hombría jadeando y correspondiendo a la demandante lengua de él con la propia en una intensa danza erótica.
—Llévame a tu habitación, necesitas esto, lo sabes…
Las crudas palabras de Guadalupe lo hicieron reaccionar y la soltó.
Michael nadó lejos de ella para tratar de hacer fluir su sangre a los músculos de su cuerpo ya que toda había ido a su pene.
—Maldición Guadalupe, no te debieron traer, sabía que eras un problema.
Guadalupe suspiró y nadó hacia él.
— ¿Por qué? No te exijo nada.
—No debes hacer eso, está mal. No quiero que te ofrezcas.
Guadalupe lo abrazó.
—A ti puedo hacerlo —porque siempre he sido tuya.
Michael tomó su rostro y la miró a sus ojos color miel.
—Hermosa Lupita…
Guadalupe buscó sus labios de nuevo y él la despegó de él.
—No es justo para ti, puedes encontrar a alguien mejor que yo, pero no aquí…
—No me importa —rogó ella—. No quiero a otro.
—Si aparece Victoria, a ella la amo.
Guadalupe negó con la cabeza con los ojos anegados de lágrimas.
—Entonces te vas con ella, pero al menos me quedará el recuerdo de que estuve contigo, que te di consuelo cuando lo necesitabas, así como tantas veces me lo diste a mí.
—No sabes lo que dices, yo no lo hice para que me correspondieras con tu cuerpo.
Le increpó michael y tomó distancia de ella.
—Pero Michael…
— ¡No! Ya he hecho demasiado como para también tener en mi conciencia aprovecharme de tu ilusión.
—No lo es si yo lo elijo.
—Si te correspondo no te irás —espetó Michael desesperado.
Guadalupe bajó la cara y nadó a la orilla, se impulsó para salir de la piscina, tomó una toalla y corrió dentro de la casa.
—Si también te pasara algo a ti, no podría resistirlo —murmuró Michael cuando ya no podía verla.