Victoria estaba sentada en el banquillo de la peinadora, era de madrugada y Stefan estaba dormido, pero ella tuvo un sueño y necesitó levantarse.
En el sueño ella usaba el antifaz de la Sirena y ayudaba a unas chicas a escapar de un burdel.
Había disparos y consiguió a Michael de frente, este la apuntaba con un arma y detrás de ella llegaba Stefan.
La horrible pesadilla culminó cuando ambos se dispararon.
Victoria observó a Stefan, podía verlo claramente por la lámpara que encendió en su mesa de noche.
Stefan estaba boca arriba, su pecho era visible ya que la sábana la tenía enrollada en la cadera, ella sonrió mordiendo sus labios.
—Es tan blanco como un tuqueque —Victoria había susurrado y mordió sus labios sonriendo y cubriendo su boca—. Apuesto que si te lo dijera no sabría lo que es un tuqueque, bueno, en realidad no pareces una lagartija, quizás un gato blanco,
Stefan sin abrir los ojos le dijo unas palabras que Victoria no comprendió, ella sonrió al entender que estaba despierto.
— ¿Qué me has dicho? — Preguntó Victoria.
—La traducción más exacta sería que estoy jodido, pero eso ya lo sabes.
—Las sirenas son la perdición de los marineros.
—Pero siempre quieren encontrarlas —Victoria sonrió—. Ven aquí mi sirena.
Victoria regresó a la cama y se acostó en su pecho, él la abrazó y acarició su cuerpo aún con los ojos somnolientos.
— ¿Por qué dices que estás jodido?
—Estaba dormido y no sentí que te levantaras, de ser un enemigo pudiste matarme, con mi estilo de vida debo dormir con un ojo abierto —Stefan suspiró—. Ivo está molesto conmigo, dice que estoy distraído y tiene razón.
—Tienes derecho a descansar, no eres una máquina. Imagino que me echó la culpa, no le agrado ni un poquito.
—Él solo quiere protegerme, sabe que te tengo confianza, y le preocupa que dejes molido mi cerebro dandome sexo candente.
Ambos sonrieron.
—No fue mi intención despertarte.
—Ya veo que solo te levantaste a criticar mi aspecto.
— ¿Entendiste lo que decía?
—Solo algo así que no te gusto.
—Sí me gustas —susurró Victoria y él la apretó entre sus brazos.
—Y tú me gustas a mí.
— ¿Qué no te gusta de mí? —Preguntó Victoria y aunque reconoce que es una niñería, no es fácil desprenderse de los viejos hábitos.
—No hay nada que no me guste de ti.
Victoria agradeció la oscuridad, si no él podría ver su sonrojo.
—Algo debe haber.
Stefan negó con la cabeza y buscó su mirada.
—Quizás solo una cosa, lo que te falta sentir por mí, pero para eso necesitamos tiempo.
Victoria se puso seria, sabía a qué se refería Stefan, pero para ella entregarse por completo no era nada fácil, decidió cambiar de tema.
— ¿Qué significa este tatuaje? —Dijo delineándolo— una pluma en tu cuello. No es que se te caigan las plumas, eres muy macho, o eso creo.
Stefan le dio un pellizco en una nalga.
—Graciosa, tengo años con este tatuaje y nadie había osado sugerir que era un simbolo homosexual.
—Eso es porque no querían un disparo en medio de las cejas.
—Es una pluma de halcón, es obvio que significa su caída.
Victoria lo observó.
— ¿Has interactuado con él?
Stefan afirmó con la cabeza.
—Pocas veces, tragándome mi rabia, él no sospecha quién soy.
—Stefan, si yo hablara con Diego.
—Absolutamente no…
—Pero déjame terminar de formular mi idea...
—Victoria, no tienes idea de lo que significas para mí.
—Y tú no tienes idea de la amistad que me une a Rebeka Larsson.
—Rebeka Coppola, no lo olvides, Victoria, yo maté a uno de los de ellos. Entiende que Luciano era hermano de Diego.
—Diego es mi amigo y odiaba a Luciano, lo que quiero decir es que estoy segura que ni él ni Rebeka saben…
—No te engañes Victoria, jamás he disimulado lo que soy, ellos saben que Massimo Coppola es un asesino, tú sabes que soy un asesino, tu amiga sabe que su esposo es un asesino y simplemente todos aceptamos lo que somos, no puedes hacer una cumbre y hacernos firmar un tratado, es tan simple como tomar un bando y ellos ya tomaron el de ellos.
—Stefan, no quiero que te maten.
—Y menos quieres que yo los mate a ellos, pero es lo que hay Victoria.
Victoria dejó de hablar, de nada servía insistir, pero estaba determinada a conseguir esa cumbre, como le llamó Stefan, lo haría por su propia paz mental.
—Tu padre me llamó —mencionó Stefan después de un minuto que ambos quedaron pensativos.
—Y no me llamó a mí, yo soy su hija.
Stefan tragó grueso, en realidad había sido él quien llamó al hombre.
—Bueno es que quería hablar de negocios y eso es conmigo.
—No me sorprende, los negocios se tratan de forma personal y por su hija solo pregunta, así ha sido toda la vida.
—En realidad quiere verte, me hizo prometerle que iríamos a Alemania ya que debo ir a Europa.
Victoria se afincó en su codo para ver la cara de Stefan.
— ¿Te hizo prometerle? Como si hicieras lo que alguien quiere por la bondad de tu corazón.
—Recuerda que él conoce al tonto Stefan.
Victoria se acostó de nuevo y delineó los tatuajes en el pecho de Stefan.
—No tengo ganas de ver a mis padres —susurró con tristeza—, ellos no son como tu madre y tu hermana, con ellas me llevo mucho mejor. Además, debo encargarme de las chicas en la clínica.
—Las chicas están en manos de profesionales en la clínica, mi madre y mi hermana te tratan bien porque temen que ya no puedas tolerar lo idiota que soy, a tus padres solo les importa el dinero.
—Si te dejara, mi madre me daría un sermón de la posición que escalaría siendo tu esposa y que siempre puedo tener un artefacto que me de la satisfacción que no puedas darme.
Stefan resopló indignado.
—Me gustan los juguetes, aunque no había notado que no solo parezco ser un idiota, tambien un frío mal amante.
—Lo haces muy bien como idiota, nadie creería que sabes como conseguir un clítoris ya que no se parece a un chip de computadora.
— ¿Quién dice que el tonto Stefan no puede darte muchos orgasmos? Te haré el amor como Stefan y te demostraré cómo trata a un pequeño chip con mucha energía.
Victoria se echó a reír.
—Tú estás muy loco, hablas como si no fueras tú.
—Y yo te doy orgasmos, pero si podemos tener juguetes.
Victoria jadeó cuando él le chupó los pechos.
—La inventiva de Stefan y la crueldad de Slashdot.
— ¿Y cuál te gusta más? —Preguntó Stefan concentrado en besar sus pechos.
—Me gustas tú, el que solo yo conozco.
Stefan la miró a los ojos y si fuera un hombre que supiera cómo expresarse con poesía lo habría hecho.
—Vayamos a Europa, tú y yo, sé mi novia Victoria, la de Stefan Angelov.
—Pero eso te delataría como Slashdot.
—Cubriría nuestros pasos, pero no quiero esperar para siempre, creí que Stefan te caía bien.
—Es un idiota adorable.
—Entonces ¿Qué dices mi sirena?
Victoria sonrió y afirmó con la cabeza y él la besó como siempre diciéndole con sus besos lo que no sabe expresar con palabras.
Al otro día salieron casi al mediodía en el auto de Stefan con chófer y equipo de seguridad, iban rumbo al aeropuerto.
Stefan estaba muy contento y no le permitió a Victoria hacer maletas, él le compraría todo lo que necesitara.
—No quiero quedarme mucho en Alemania, no soporto mucho tiempo a mi madre —le indicó Victoria ya nerviosa antes de verla.
—Ya verás que la pasaremos muy bien, yo me encargo de tu madre.
Victoria recordó a Stefan burlandose de su madre fingiendo ser un tonto y se echó a reír.
Stefan la montó en sus piernas y ella buscó sus labios cuando un fuerte sonido y la inercia la arrojó hacia un lado.
Victoria pegó la cabeza del techo del vehículo y quedó aturdida.
—Stefan, chocamos…
En eso abrieron la puerta y unos hombres con pasamontañas dispararon en el pecho de Stefan.
— ¡¡Noooo!! ¡Stefan!
Victoria gritó desesperada y uno de los hombres gritó a otro:
— ¡Toma la mujer, solo llevatela!
Victoria tiró golpes a diestra y siniestra, pero igual un hombre la sacó del vehículo, la puso frente a Ivo que sonrió y le dio una bofetada que le hizo perder el conocimiento.