Capítulo 17. Recuerdo

1412 Palabras
Victoria se echó a reír. —Y tu hermana cree que eres bueno en charadas ¿Cómo lo haces? Stefan la miró con esa manera de él tan intensa. —Años de práctica —respondió igual que ella antes. Victoria dejó de reír y se movió más allá en el asiento, como siempre incómoda ante su cercanía. —Es solo eso, actuación, no puedes evitar lo que eres, como Stefan también eres cruel, solo que te excusas en aparentar ser un tonto para que nadie te diga nada. —Lo dices por tu madre. —Disfrutaste diciéndole vieja —Victoria se echó a reír—. Seguro le dolió en el alma, me sorprendería si mañana mismo no va con el cirujano plástico, aunque en realidad no tiene acentuadas las arrugas, por eso eres cruel —Victoria suspiró con nostalgia—. Podrá no ser la mejor madre del mundo, pero hay que reconocerle que es muy bella. —Lo siento Victoria, por lo que pasó antes. —Caramba ¿Por qué te disculpas exactamente? Creo que una disculpa general no basta ni compensa… —No te confundas, no me estoy disculpando. Siento que te sintieras mal porque no pudiste despedirte de tu madre. Victoria se sintió vulnerable y no le gustó. —No te dejaré entrar en mi mente Stefan —pronunció con voz entrecortada llena de furia—. No permitiré que me quiebres… Stefan puso el plato de pastel en el espacio entre ellos y limpió sus lágrimas con los pulgares. —En verdad lo siento; Victoria no soy un buen ser humano, eso no lo discuto, pero sé lo que se siente que no le importas a tu padre, sé que no es agradable. —No… no lo es —concedió Victoria. —Tú verás de nuevo a tu madre, y de nuevo sentirás que quieres darle un pisotón —Stefan sonrió—. Si mi padre viviera seguramente no le hablaría, quizas sería el tonto Stefan Angelov. Pero aunque la mayor parte del tiempo me hacía sentir un cero a la izquierda, yo lo amaba y no pude despedirme de él, lo último que él vio fue un niño asustado temblando de miedo. Supongo que está en el infierno pensando que morí como un mártir, se sorprenderá cuando algún día de estos me vea llegar. Victoria rio sin humor. —Y entonces podrás decirle que después de todo tiene motivos para sentirse orgulloso de ti. Stefan negó con la cabeza. —No, eso no será posible, aunque mate a Halcón, no pude salvar a Stoyan. —Eso no fue tu culpa —dijo Victoria subiendo los hombros—. Quién lo mató fue Halcón. Stefan negó y comenzó el relato de su desgracia, él estaba contento de haber ido a ese viaje con su padre y su hermanito en cosas de hombres, irían a cazar y de pesca. Stefan se quedó observando el estanque y Victoria sintió que podía trasladarse y presenciar lo que él vivió. RECUERDO DE STEFAN Bulgaria hace 21 años Dimitar Angelov le ordenó a su hijo mayor tomar a su pequeño hermano y meterse en un armario secreto en su oficina. —Papá, yo puedo disparar —exclamó Stefan. —Que vas a poder disparar tú, toma a tu hermano y haz algo útil, no dejes que llore y los descubran, —pero entonces Dimitar escuchó la rafaga disparos y maldijo—. Estoy perdido —le entregó un arma pequeña a Stefan—. Pase lo que pase no salgan hasta que yo los busque o haya pasado una hora sin escuchar ningún sonido, toma esta arma, protege a tu hermano. —Padre, ¿por qué pasa esto? —Halcón... Stefan hizo lo que le ordenó su padre y entró al armario y advirtió a su hermano que hiciera silencio. Escuchó como abrieron la puerta y la voz de un hombre. —Tú, maldita sabandija, confiaba en ti, sabías que me había salido del negocio, no pudiste aceptar eso… —Halcón, estás equivocado, yo no tengo nada que ver en la desaparición de tu mujer. —Tengo pruebas, malnacido, ¿qué te había hecho ella? Sabías que era mi debilidad y por eso ordenaste que la secuestraran. —Yo también tengo familia, Halcón, no haría eso. —Dime dónde está mi mujer y no la convertiré en viuda. — ¡No lo sé! No tengo nada que ver, te han mentido, ¿cómo supiste esta dirección? Es secreta. —Maldición Dimitar, mataré a tu mujer y a tus hijos si no hablas… —Yo no fui… Stefan escuchó el disparo y no pudo resistir más, salió del armario con el arma alzada en su mano, temblando de miedo y con su hermanito a su espalda. —Maldición Stefan, ¿qué hiciste? —Susurró su padre. — ¡Papá! —Gritó Stefan, pero Dimitar ya estaba muerto, Stefan miró a Halcón y lo apuntó. —Baja esa arma niño —ordenó Halcón. — ¡No, te voy a matar! A Halcón no le costó nada desarmar al muchacho y lo arrojó al suelo apuntando con su arma, Stoyan lloraba tan asustado que se había orinado en los pantalones. —Máteme de una vez —gritó Stefan lleno de impotencia por no poder contra el asesino de su padre. Halcón sonrió de lado. —Tienes agallas y debería matarte, porque te convertirás en mi enemigo, pero te ha salvado tu pequeño hermano, cuidalo, él te salvó la vida. FIN DEL RECUERDO DE STEFAN. —Estábamos en una maldita cabaña lejos de la ciudad y me perdí en el bosque, no tenía ni idea de que hacer y la noticia oficial fue que morimos ambos, y casi lo hago, de hecho debí morir yo, teníamos sed y le di a mi hermano agua estancada, por supuesto nos enfermamos; cuando Ivo nos encontró ya era tarde, Stoyan apenas llegó vivo al hospital. —Lo siento Stefan —pronunció Victoria con los ojos brillando por las lágrimas contenidas. —La meta de mi vida es tener a Massimo Coppola a mis pies y decirle: Cometiste un error al dejarme vivo, mi nombre es Stefan Dimitrov Angelov. Victoria no sabía qué decirle, sin duda era una historia muy fuerte y sentía que era cierta, para no pensar en eso tomó el plato de pastel y comió. —Dijiste que no querías —dijo Stefan sonriendo, ella lo miró y de nuevo había cambiado su semblante. —Está buena —dijo Victoria relamiéndose. —Me extraña que no seas gorda con lo golosa que eres. —Mucho ejercicio y excelentes genes. —No todos tenemos esa suerte. —Pues mi mamá se conforma con tus genes, expresó que ojalá mis hijos tengan mi cerebro y no el tuyo. Stefan desvió la mirada. —Eso sería terrible. — ¿Que tuvieran mi cerebro. Stefan sonrió. —Sé que estás jugando, pero tú y yo seríamos unos padres terribles y le daríamos a un ser humano genes difíciles… —Tu madre me dijo que eres adicto recuperado. —Mi madre habla mucho. —No más que la mía —expresó Victoria comiendo un buen trozo de pastel. —Hey, no te lo acabes —Stefan le quitó el plato… — ¿Por qué ser Franco Slashdot? ¿No has pensado en ser solo Stefan? —Inquirió Victoria. «Siempre» — ¿Qué tiene de atractivo fingir ser un idiota a toda hora el resto de mi vida? Victoria subió los hombros. —Podrías decir que te di un golpe en la cabeza con una satén y te hizo recuperarte. —Muy científico de tu parte, lo difícil será explicar que hacías con una sartén en la mano ¿Alguna vez has agarrado una? —Ambos rieron. —Soy una excelente modelo, nunca fui buena en la escuela y menos en la cocina. Victoria le robó betún acumulado en la orilla del plato y se lo comió muy rápido. — ¡Lo estaba dejando para el final! —Espetó Stefan indignado. —Lo sé yo hago lo mismo, disfruto hacerte sufrir en lo que puedo. Stefan sonrió y le limpió sus labios con el pulgar, de alguna manera estaban muy juntos de nuevo y el corazón de Victoria latió a millón, no era tonta él la iba a besar y ella no estaba segura de que iba a sentir. Un grito femenino en la lejanía hizo que Stefan corriera en dirección al sonido.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR