Capítulo 18. Ajusticiamiento

1306 Palabras
Victoria siguió a Stefan a su propio paso ya que tenía tacones, sin embargo acostumbrada a estar sobre ellos no tardó demasiado en alcanzarlo. Stefan llegó hasta Adriana, ella había gritado, estaba llorando desconsolada con la blusa rota y un hombre con cara pálida junto a ella quería obligarla a callar. —Jefe, déjeme explicarle —suplicó el hombre al ver llegar a Stefan. Stefan fue por su hermana y en sus ojos ardía el fuego de su furia. — ¿Estás bien? —Preguntó a Adriana con voz letal. Ella llorando negó con la cabeza. Stefan volteó y vio al presunto agresor. —Estás muerto —susurró. Victoria sin palabras estaba presenciando aquello, solo sabía que Stefan no está interpretando ningún papel, la fiera asesina que tiene frente a ella es él, sin filtro y en todo su esplendor. —Victoria —la llamó Adriana buscando el apoyo de ella y Stefan se volvió a ver a Victoria. —Llévatela de aquí —le ordenó a Victoria y ella no lo duda, tomó a Adriana del brazo y la haló con apremio alejándose del peligro. Ambas chicas corren hasta la casa y allí consiguen a Ivo fumando un cigarrillo en la entrada. — ¿Qué te pasó Adriana? —Preguntó Ivo caminando hacia ella. —Papi, fue horrible. —Pero dime de una vez —Inquirió ya furioso. —Es que estaba hablando con uno de los guardias de seguridad y él malinterpretó, o exageró, porque yo no quería y se tornó violento… — ¿Te hizo daño? —la interrumpió Ivo con voz letal. —No, grité y llegó Stefan. Victoria intervino mirando hacia atrás —Señor, debe ir con él, Stefan, estaba muy molesto... —Lleva a Adriana con su madre —le ordenó Ivo a Victoria y se fue a paso rápido por donde ellas vinieron. «En definitiva me ven como su empleada» Pensó Victoria molesta, sea como sea no está acostumbrada a ser mangoneada. —Vamos Adriana, busquemos a tu mamá —le indicó Victoria, pues sí le da pesar con Adriana, pues contra ella no tiene nada. Anka se sorprendió al ver a su hija en ese estado llegar con Victoria a su habitación. —Ay mami, qué susto. — ¿Qué te pasó, Adriana? —Es que yo estaba hablando con un guardia de seguridad que es nuevo y muy lindo, y parecía amable y conversábamos, entonces… Nos besamos, pero él empezó a mover sus manos, iba muy rápido, yo le dije que debía parar y entonces empezó a decirme muchas cosas feas. Me dijo que yo era una sonsacadora, que me quería burlar de él y que me mostraría que con los hombres no se juega. Adriana llorando con hipidos y muy asustada buscó los brazos de su madre para que la consolara. —Adriana, debes tener cuidado con los hombres, mi vida has vivido muy protegida, debes ser más desconfiada —Anka miró a Victoria—. ¿Podrías ir con Stefan?, él debe estar muy mal y se debe sentir culpable. Victoria lo menos que quería era estar con Stefan ahora mismo, iba a ir a su habitación y entonces pensó que mejor oportunidad no tendría para escapar. Victoria salió de la casa y corrió en dirección contraria a donde dejó a Stefan, el terreno de la propiedad era enorme y las paredes que custodiaban la propiedad tenían cerco eléctrico y perros muy grandes. Victoria no podía simplemente escapar, entonces pensó en convencer a alguien de la seguridad, pues habían demostrado no ser incorruptibles. Victoria corrió hacia la garita de seguridad con sigilo entre los árboles para no ser vista, esperando encontrar un par de guardias somnolientos encontró una reunión completa de personal. De nada servía que diera un paso atrás, entre tantos era imposible comprar a alguien o esconder su presencia, se quedó muy quieta llena de nervios y escuchó el chirrido casi como un silbido que destacó en el silencio y un hombre que estaba de rodillas cayó. Victoria puso su mano en la boca para frenar el grito cuando se dio cuenta de lo que había ocurrido. Stefan le había disparado al hombre utilizando un silenciador para el arma, ella había presenciado un ajusticiamiento. — ¡Todo aquel que crea que puede desafiarme y burlarse de mí estará muerto!, porque si no puedo matarlo en el acto, lo cazaré hasta debajo de las piedras. Todos los hombres afirmaron, todos eran muy serios y Victoria jamás tuvo más miedo en toda su vida. Estaba concentrada en el hombre en el suelo con la cara llena de sangre y los ojos abiertos sin vida. Stefan en ese momento es consciente que Victoria está presente. — ¡¿Tú qué haces aquí?! —Inquirió molesto. —Yo… —Victoria no sabía qué decirle, no podía decir que quería escapar—, este, yo venía a buscarte —mintió con voz entrecortada. Stefan achicó los ojos y caminó hacia ella, Victoria tuvo muy claro que él no le había creído. Victoria quería correr, pero estaba en shock, paralizada y tan solo dio un grito cuando Stefan la alcanzó. Stefan la tomó del brazo y se alejó con ella en dirección a la casa. — ¡Mataste a ese hombre! Stefan no contestó y continuó con ella hasta la habitación de él. Victoria continuaba temblando como hoja seca y estaba muy pálida, sentía un nudo en el pecho que no la dejaba respirar. — ¿Podrías calmarte? —Inquirió Stefan. —Claro que no puedo calmarme —explotó Victoria y el esfuerzo sacó el poco aire que tenía en los pulmones—. Eres un asesino —acusó con voz entrecortada. Stefan se acercó y ella se echó atrás y alzó las manos como si él fuera a golpearla. Stefan bajó las manos, pero se mantuvo frente a ella. — ¡Él se metió con mi hermana! —se justificó él. Victoria negó con la cabeza y metió los dedos dentro de su cabello. —Lo mataste, estaba de rodillas y tú delante de todos —...Victoria negó con la cabeza y no se atreve a mirarlo—, eres un psicópata… —Sí Victoria, lo maté; lo hice delante de todos para demostrarles que no pueden traicionarme… Stefan dio un ligero paso hacia ella y ella dio dos pasos atrás y quedó contra la cama. —Victoria, estás teniendo un ataque de pánico, solo quiero ayudarte. — ¡No te me acerques! Stefan pasó las manos por su cabello. —No te haré daño, Victoria. — ¡Me vas a matar! —exclamó Victoria—. Tarde o temprano dejaré de serte útil y tú, me pondrás de rodillas… —Victoria, él era una rata traidora… —Por favor no te me acerques. Stefan alzó las manos y Victoria estaba casi morada. —Está bien, no te tocaré, pero necesito que te sientes y pongas la cabeza entre las rodillas, concéntrate en respirar lentamente. Victoria lo hizo, siguió el consejo desesperada por encontrar oxígeno para sus pulmones. Stefan se sentó en el suelo, quería permanecer cerca de ella, la escuchó jadear necesitando aire y tan llena de pánico sin encontrar la manera de compensar la respiración y él mismo sintió su propio pecho doler. Se quedó en silencio observándola, contrariado por lo que siente que es algo nuevo para él. Sintió vergüenza, lamentaba que Victoria lo hubiera visto y no imaginaba cómo se hubiera sentido si lo hubiera visto su madre o su hermana si tanto le afectaba el malestar de Victoria. Cuando Victoria estuvo lo suficientemente calmada y pudo respirar correctamente Stefan se levantó del suelo. — ¿Te sientes mejor? Victoria negó con la cabeza. — ¿Qué puedo hacer? —Preguntó Stefan con genuina preocupación. —Dejame ir, por favor —rogó Victoria llorando.
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