Capítulo 19. Aceptar lo que dice el corazón

1340 Palabras
Stefan bajó la mirada a sus pies. —De verdad si pudiera hacerlo, te dejaría libre —susurró él. Victoria se puso de rodillas en la cama. —Te lo juro Stefan, no diré nada, me dijiste que necesitaba algo allá afuera que me importara lo suficiente para no arriesgarlo y ahora lo sé. ¡Quiero vivir! Stefan negaba con la cabeza, pero no se atrevía a mirarla, no tiene palabras para explicarle lo devastado que se siente en este momento. —Mírame Stefan —suplicó Victoria con la cara muy roja y las lágrimas le hicieron hinchar los ojos—. Lo quiero hacer por mí, dame la oportunidad de conseguir una nueva vida, quiero tener una nueva versión de mí. Stefan fijó su mirada azul claro en los ojos oscuros de Victoria y entonces supo sin lugar a dudas que Victoria era más que un encaprichamiento. Él no quería que le tuviera miedo, quería que sus lindos ojos chocolate lo miraran con amor. No era lo mismo que su madre y hermana amaran una parte de él. Ahora le pareció que era poco. Como Franco Slashdot le sobraba atención femenina, pero no era real, las mujeres eran parte de su fachada, disfrutarlas era simple placer s****l. Pero Victoria sabía quién era él, aunque ninguno lo planeó, Victoria se metió en su vida hasta formar parte de ella. A Victoria la deseaba como no había deseado antes a ninguna mujer. —Victoria, te aseguro que conmigo estás segura —trató él de darle tranquilidad. Victoria se encorvó derrotada y lloró frustrada. —Está bien —pronunció Stefan e incluso él se sorprendió pero el deseo de complacerla era muy fuerte. Victoria levantó la cara y limpió sus lágrimas, sin duda estaba feliz. —Te prometo que no tendrás problemas por mí, incluso estoy agradecida contigo —expresó Victoria sinceramente—. Me has hecho reconsiderar mi vida Stefan, me demostraste que puede haber algo para mí por mí y no por la felicidad que me proporcione alguien más… Stefan sonrió porque la emoción de Victoria y la media sonrisa que le dedica no quiere borrarla, necesita que se quede, pero no puede seguir viéndola llorar. —Espera un poco Victoria, debes hacer una última cosa y es acompañarme en este viaje con mi familia. —Pero… —Victoria, no puedo dejarte ir así no más, que más te da unos días de vacaciones. Victoria iba a refutar, pero decidió no tentar a su suerte, al menos le dijo que la dejaría ir. Stefan le dio la espalda, no quería que viera lo que le afecta su felicidad por marcharse lejos de él, entonces ella lo tomó del antebrazo. —Stefan espera un momento —él la miró atento y ella sintió algo extraño al mirarlo y es que lo estaba tocando y no sentía tanto miedo como hace rato, pero no podía ser tan tonta y creerle porque sí—. Escucha, de verdad agradezco el tratamiento de ibogaina y no has sido cruel conmigo, bueno… no tanto, la cosa es que en verdad puedes contar con mi silencio. —Te creo, y bueno… lamento que hayas visto… Victoria apretó los ojos y lo soltó. —De verdad quiero olvidarlo. —Victoria él lo merecía —Victoria negó con la cabeza, —Por favor no hablemos de eso, pero necesito tu palabra Stefan. Él desvió la mirada y ella bajó la cabeza para encontrarla de nuevo. —No me rehuyas Stefan, dijiste que tu palabra era de honor, así que dame tu palabra de que me darás mi libertad. Stefan la miró y tomó su rostro entre sus manos. —Si al finalizar este viaje quieres irte, te dejaré ir sin problema, pero no como si nada Victoria. —No te delataré… —No, no es eso; ahora cuentas conmigo Victoria. Y creo que contar con Franco Slashdot es una ventaja. —Creo que me cae mejor Stefan —susurró Victoria bajando la mirada y eso lo hizo reír. Victoria volvió a mirarlo y no entendía su buen humor, él se acercó a ella y puso sus labios sobre los de ella. Victoria no lo hubiera permitido, pero él seguía sujetando su rostro. No la obligó a contestar el beso, más bien robó el contacto y se separó respirando agitado. —No querrás irte Victoria, preferirás quedarte a mi lado —dictaminó él y la soltó, le dio la espalda y se quitó la camisa y se sentó en un sofá amplio. —Dormiré en el sofa. —Gracias —exclamó Victoria aliviada. Stefan no contestó, pero en su fuero interno se propuso hacer que Victoria quisiera quedarse, porque no la iba a dejar ir, pero necesitaba que se quedara por voluntad propia. Al día siguiente partieron como una familia feliz de vacaciones a los Hampton. A Stefan le convenía alejarse, no quería arriesgarse a que Luciano lo buscara. La búsqueda de Michael se centró en Luciano y todo el que lo había visto fue interceptado. Ya a estas alturas Michael había matado a varios hombres y se sorprendía de no experimentar culpa. Suponiendo que a todo se acostumbra uno en esta vida su norte y determinación era recuperar a Victoria. Después de varios días sin resultados y harto de seguir pistas falsas regresó con Diego una madrugada a la casa segura, la guarida de Halcón. Todos los hombres respetaban a Diego como Halcón, pero Michael era su segundo, lo que dijera Michael no era cuestionado. Entraron al despacho de Halcón discutiendo que tendrían que encontrar otro método más eficiente para encontrar el paradero de Luciano y Slashdot y encontraron a Rebeka esperando a Diego. Diego de inmediato perdió interés en la conversación, vio a su mujer esperándolo y despachó a Michael. ¿Y cómo hacía Michael para culpar a Diego? Venían cansados, tristes, preocupados por don Massimo después de que Luciano casi lo mata con un carro bomba. Él hubiera hecho lo mismo que Diego, se hubiera quedado con su mujer obteniendo cariño. «Si tuviera a mi mujer conmigo olvidaba toda esta mierd@» Continuó a la cocina y tomó la primera botella del bar que encontró y se sentó en la barra a beber sin detenerse a buscar un vaso, eso era un sacrilegio para él que solía ser un bartender, pero se siente tan despegado de quien era e inmerso en quién se convirtió que no le importa como se debe servir un trago. La culpa lo estaba volviendo loco. Michael luchaba consigo mismo, no quería culpar a Diego, aunque se llenaba de coraje por no haber podido traer a Victoria, pero sabía que el único culpable era él. «¿Cuánto crees que me den por una modelo?» Las palabras de Franco Slashdot lo atormentaban en sus recuerdos, así lo había amenazado. Llevarse a Victoria era un castigo y a estas alturas rogaba que hubieran muerto en el mar antes de que ella hubiera tenido que pasar por las cosas horribles que le harían si la vendían como prostituta. Tomó un largo trago de tequila y se aguaron sus ojos. —Ha pasado mucho tiempo, debo aceptar que en realidad está muerta, si Slashdot estuviera vivo habría aparecido ya, estaría regocijandose haberla vendido o matado. Tomó otro largo trago de tequila. —Soy el culpable y merezco no tener paz en mi vida, de alguna manera he de pagar por ella. Conformarse con la tragedia de su vida no le pesa, se siente del lado correcto de la historia y no descansará hasta vengarse. Dio otro trago a la botella para silenciar su conciencia. A estas alturas ya estaba bastante borracho, pero no tenía intención de ir a ninguna parte y la luz de la cocina fue encendida. —¡Michael! —dijo Guadalupe pasando las manos por su cabello alborotado, venía de la cama y su intención era comer un poco de un pastel de chocolate que no la dejaba dormir. Sin embargo, encontró a Michael y sin duda era más llamativo que cualquier chocolate.
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