Capítulo 20. Borracho no vale

1159 Palabras
Michael escuchó la voz de Guadalupe con los ojos cerrados. —Hola Lupita —la saludó Michael con una mano en sus ojos encandilado por la repentina luz, Guadalupe apagó la luz de nuevo—. Gracias bonita. —De nada —contestó Guadalupe rápidamente, pensando que es mejor así, no quería que Michael la viera ahora mismo en detalle, se sentía horrible medio dormida y sin maquillaje, pero igual Michael no le prestó atención—. ¿por qué estás aquí en plan vampiro? —No tengo sueño y siento que si regreso a mis computadoras me sentiré aún más frustrado. Guadalupe lo escuchó hablar y notó que estaba borracho, miró la botella. —¿Qué estás tomando? —preguntó a sabiendas que era tequila. Tomó la botella de entre los dedos de Michael. —Oye, no puedes be… —Michael no completó las palabras, pues ya Guadalupe tomaba un trago como una experta—, pues salud —expresó negando con la cabeza. —Mi sangre está hecha de tequila, como buena mexicana —contestó Guadalupe apenas arrugando la cara. —Creí que habías nacido aquí en Estados Unidos. —Bueno sí, soy ciudadana, ya sabes, espero cumplir el sueño americano, pero bueno me crié como mexicana —Guadalupe le devolvió la botella a Michael y él le dio otro trago—. Te ves mal Michael —comentó en voz baja. —Me siento mal —él la miró y sonrió apenas, le dio la botella de nuevo, Guadalupe tomó otro trago—. Yo también llegué a pensar en el anhelado sueño americano, ganar un cinturón de la UFC en Las Vegas —Michael negó con la cabeza—, sueños de un muchacho que ya no existe. —A mí me gustaba ese muchacho —comentó Guadalupe en voz baja—, de hecho yo sentía amarlo, por si te interesa saberlo —lo último lo susurró. —Antes no había nada bueno en mí…, ahora menos. Me olvidarás Lupita, te darás cuenta que yo soy solo un tonto que no vale la pena. Guadalupe se lanzó. Pensó que quizás no tendría otra oportunidad, así que lo besó. Sin embargo, Michael no la empujó, por el contrario contestó a su beso, estaba demasiado borracho para pensar con la cabeza. Él era un hombre y no había notado las necesidades básicas que tenía. Michael dirigió el beso más suave, tomándola por la cabeza con más ternura, necesitaba de un beso, el contacto humano y sus manos palparon a una mujer y no a una niña, la lengua traviesa de ella le indicaba que sabía lo que hacía y estaba ávida por más, su hombría reaccionó y él se levantó de su taburete y la pegó al barra acoplando su cuerpo al de ella. Encajaba entre sus piernas de manera deliciosa y podía sentir la fricción contra un cuerpo suave y ardiente. Besó su cuello y su mentón, se abrió paso su instinto de hombre y el alcohol lo hizo olvidar el resto, palpó el abdomen plano y subió hasta tocar un pecho, sus senos eran pequeños, pero firmes, dirigió su boca a las cumbres, mordió y pasó la lengua por el apretado y firme pezón, Guadalupe gimió y algo dentro de él le dijo que lo que hacía estaba mal, pero entonces ella frotó descaradamente el bulto en sus pantalones con la mano y él regresó a su boca a besarla con desesperación. —¡Señor! —alguien encendió la luz y Guadalupe hizo lo necesario para acomodar su blusa para que el empleado no viera sus pechos y este bajó la cara y carraspeó. Michael estaba tan borracho que no se quitó de inmediato de encima de Guadalupe, ella se quedó muy feliz sin empujarlo, pero entonces él se quitó trastabillando y fue al fregadero para mojarse la cara. —El señor Luciano apareció, tenía razón señor, se oculta trás un antiguo socio, habrá una noche de peleas clandestinas en Las Vegas. — ¿Y Slashdot?, ¿él estará? El empleado negó con la cabeza. Michael en ese momento es que se da cuenta lo que acaba de pasar y no se atrevió a mirar a Guadalupe, siguió al empleado y al llegar a su cuarto de computadoras lavó su cara de nuevo, tratando de que el agua fría le devuelva la razón al cuerpo. Se miró al espejo y se recriminó. —Maldición Michael, ¿qué hiciste? No tienes derecho a jugar con los sentimientos de una niña ingenua. Michael recordó la manera de Guadalupe besarlo y negó con la cabeza. La búsqueda de Luciano los llevó a Las Vegas, pero allí no estaba Slashdot como ya sabían. Aparentemente a Slashdot se lo había tragado la tierra, porque aunque en Europa mantenía negocios, nadie le había vuelto a ver la cara desde aquel trágico accidente. Michael furioso no quería ni hablar, estaba enfurecido y si tuviera los medios para buscar a Luciano por su cuenta lo haría, él había secuestrado a Victoria y sí estaba vivo. Burlándose de ellos a cada paso. Michael necesitaba matarlo, vengarse y eso podía hacerlo desde la organización de Halcón. Aunque así deba cargar con la tentación que representa Guadalupe. Tenía resaca y no había dormido casi nada. —¿Por qué trajiste a las chicas? —preguntó Michael con lentes de sol y muy mal genio caminando por una calle del caluroso desierto de Las Vegas. —No dejaré a Rebeka sola, se mantendrá a mi lado y la otra niña es una verdadera garrapata, pero la prefiero aquí donde puedo verla, le he tomado aprecio después de todo. —¡Aja!... —contestó Michael con ironía, contaba con que Diego no las trajera, ellas le estorbaban, sobre todo Guadalupe—, la verdad no me agrada, puede pasarle algo, con nosotros no hay espacio para niños. —Guadalupe tampoco es tan niña, es una mujer por donde se le vea o eso planea, que te des cuenta —Diego lo miró sonriendo de lado. —¿Quién te dijo?, se supone que deben ser discretos y son una sarta de viejas chismosas. Diego paró estupefacto. —¿Te estás follando a Guadalupe? —¡Nooo!, sé que no debo… —Pero algo pasó, me lo acabas de decir, nadie me ha dicho nada, solo tú. —No es nada, es que ando medio borracho aún. —Mickey, bueno, borracho no se vale, no te preocupes, no creo que fuera virgen igual. —No me la he follado, ok… —Pero quieres hacerlo entonces —murmuró Diego. —Claro que no, ella es una niña —Michael caminó adelante y Diego se mantuvo en silencio y Michael chasqueó la lengua—, solo nos besamos, no sé qué me pasó, yo estaba borracho, no lo planee, solo sucedió, pero no volverá a pasar, no es correcto que yo juegue con Guadalupe, porque ella está enamorada de mí.
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