Capítulo 21. Amigos

1398 Palabras
Las cosas no se hicieron más fáciles para Michael cuando Diego y Rebeka decidieron casarse en Las Vegas, por supuesto Guadalupe y él fueron testigos del enlace. Guadalupe de manera bastante sugerente le informó a Michael que el día anterior había cumplido año, ya podía ser testigo, era mayor de edad. Después de que los novios fueran a pasar su noche de bodas en el lujoso hotel de las Vegas del tío de Rebeka, Michael regresó con Guadalupe a la casa segura de Halcón en Las Vegas. Michael pensaba pasar de largo a su habitación, pero Guadalupe no se lo pondría fácil. «Nunca me lo pones fácil, niña» —Guadalupe, estoy cansado —dijo sin mirarla. —Perdonáme por lo que pasó en la madrugada, es que bueno, era mi cumpleaños… Michael se sintió peor. —Santa madre de Dios —expresó cansado—. Lupita, no tienes que pedirme perdón, yo debo pedirte perdón a ti. — ¿Por qué? Reaccionaste porque estabas borracho, lo mismo te hubiera dado besar a una mula. Michael arrugó el ceño contrariado. —El caso es que estaba borracho, triste y me aproveché. «No eres una mula, eres hermosa» Por supuesto eso prefirió no expresarlo, era algo que no quería analizar. —No te aprovechaste, no estoy ofendida, sé que tu corazón le pertenece a otra y de verdad deseo que aparezca sana y salva, solo te diré que no me arrepiento y lamento que nos hayan interrumpido. Michael se sintió abochornado y bastante miserable. —Otro motivo para pedirte perdón. —Entonces te perdono, pero no sigas siendo indiferente conmigo, podemos ser amigos. Michael no podía mirarla, al escucharla sabía que era la misma niña de cara sucia que lo buscaba para jugar a lanzar la bola, pero si la veía encontraría a una mujer bella en un vestido muy corto y no quería sentirse peor. —Guadalupe, preferiría mantener distancia, es mejor si me olvidas. Guadalupe sintió morirse, pero acostumbrada al rechazo simplemente afirmó con la cabeza y subió los hombros, contestó aparentando indiferencia. —Tienes razón, en algún momento me enamoraré de otro, en el equipo de vigilancia hay algunos bastante buenorros. — ¡No te fijes en ninguno de ellos! —Gritó Michael y volteó a mirarla—, Guadalupe, entiende algo, ellos son bazofias, ninguno te merece. —Bueno Michael, son los que están disponibles —contestó Guadalupe muy resuelta. Mientras tanto en Los Hampton, Victoria se sentía bastante mejor respecto a Stefan, el creer que él la liberaría le hizo tomarle algo de confianza, aun le tenía miedo y quería alejarse, pero al menos estaba conforme con interpretar el papel de novia. Afortunadamente para ella tampoco era tan estresante el asunto, pues Stefan a menudo estaba metido en sus computadoras y al teléfono, eso le dejaba tiempo para pasear y conversar con Adriana y Anka. Una noche Victoria escuchó a Stefan y a Ivo discutir. “No podemos perder a Estados Unidos por una vieja” Había dicho Ivo, antes de callarse porque la vieron llegar. Victoria no sabía qué pensar de eso, pues para su concepto ella no le estorbaba en nada a Stefan y le tenía sin cuidado sus negocios. De hecho prefería no saber nada para no complicar su salida. En este nuevo día, Victoria estaba en una tumbona bronceandose con un espléndido sol de verano a la orilla de una piscina con los ojos cerrados cuando sintió que le caía bastante agua. Alguien la había salpicado. Victoria enojada se sentó en la tumbona y se arrebató el sombrero y vio a Stefan en la piscina. —Mi amor, no me digas que te salpiqué… Victoria resistió las ganas de insultarlo, se supone que la novia perfecta debía tolerar al tonto Stefan. Debía seguir el libreto. Sin embargo, miró alrededor y no vio ni a Anka ni a Adriana. —Lo hiciste a propósito. Victoria tuvo que levantarse para tomar la toalla de la silla secarse. — ¿Cómo crees? Yo soy un excelente clavadista, creo que fue alguien más que te mojó. —Imbécil —masculló—, me arruinarás mi bronceado. —No te oigo, dímelo aquí en la piscina. —No me puedo meter a la piscina, lo sabes muy bien. —Pero tienes traje de baño, te tienes que meter. —Stefan, déjame en paz. Stefan salió de la piscina y la cargó al vuelo y se lanzó con ella en la parte más onda de la piscina. Victoria gritó indignada, pero quien los veía pensaría que eran simples novios bromeando. —Idiota, este traje de baño no se puede mojar. —Entonces no es un traje de baño, hasta un tonto como yo entiende lo que es un traje de baño. —No te hagas, porque sabes perfectamente cuánto pagaste por este bañador y está hecho para ser exhibido. —Pero tú no tienes que exhibirse para nadie mi amor, bueno te encanta volverme loco a mí y yo de masoquista te compro estas ropas diminutas. —Pues prepárate, porque al salir de aquí seguro la tela se encogió en todas partes. Stefan movió las cejas de arriba abajo. —No seas idiota Stefan, ¿no tienes ningun negocio que hacer, acaso? Algún perrito que ahogar o algo por el estilo. —Mi madre me reclamó por no dedicar tiempo a mi prometida. —Creo que sería bueno que tuviéramos una pelea y terminemos. —Me muero por pelear contigo, pero a puerta cerrada, sin ropa y terminar dentro de ti. —Qué básico eres. — ¿Sabes qué?, el no tenerme miedo te hace muy contestona. —Es parte de mi encanto. —Ni el demonio pudo con las mujeres. —Quédate tranquilo, aun te tengo miedo, solo me siento segura porque estamos con tu familia. Stefan la abrazó y ella quiso poner distancia, pero él no lo permitió. —Nos pueden estar viendo desde una ventana. —No veo a nadie —contestó Victoria incomoda. —Victoria, confía en mí —rogó Stefan—. Nadie me conoce como tú, quizás Ivo, pero creo que te he demostrado que no soy un monstruo. Victoria desvió la mirada. —Prefiero no decir lo que pienso. —Dime, no quiero que sigas teniendo miedo, quiero que seamos amigos. Victoria lo miró desconfiada. —Dame tu palabra que me escucharás como un amigo y no me castigarás. —Solo si yo también puedo decirte lo que pienso. — ¿Cuándo te has detenido por delicadeza? —Aunque no creas lo he hecho. Victoria rodó los ojos. —Está bien, pero empiezo yo. —Adelante, dispara —exclamó Stefan riendo. —Comenzaré por decirte que sí eres un monstruo y que no puedes ir por el mundo matando a quienes te ofenden, menos cuando tú eres el culpable, eso no está bien y tarde o temprano se te devolverá. —No moriré a sombrerazos Victoria, sé cómo he de morir, solo espero poder matar a Massimo Coppola antes. —Ni puedes tener a tu hermana tan beata como una monja si la encierras en una fortaleza custodiada por sinvergüenzas. Ella es una jovencita normal, como cualquier otra con las hormonas alborotadas y que ve sexi a un hombre con arma en la cintura. —Ellos no pueden verla. — ¿Te estás escuchando? Ni que sean ciegos, ella es una lindura, joven y calenturienta como cualquier veinteañera, no puedes matar a todo el que la mire. —A ese idiota cuando la miró le hice una advertencia, no debió pasar el límite y es lo que quiero que me entiendas. — ¿Cómo pretendes que tus hombres tengan límites cuando uno de tus negocios es vender mujeres? Para ti las mujeres son objetos Stefan, es lógico que quienes trabajan contigo vean a las mujeres de la misma manera. —A las demás no me importa, pero no a mis mujeres. —Tu madre y tu hermana están demasiado resguardadas, al menos deberías advertirles. —No solo mi madre y mi hermana son mis mujeres, tú también Victoria, eres intocable, y quien se atreva a ponerte una mano encima está muerto. —Tus hombres saben que en realidad no soy tu novia. —Pero quiero que lo seas. — ¡Stefan! —Ya…, no me rechaces aún, primero estamos en plan de amigos, sigueme arrojando mis fallas a la cara.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR