—sube— ordenó al estacionar ese impresionante auto frente a mí, sin oponerme lo hice, aquella madrugada era helada, con velocidad rodeé el auto sin dejar de sostener una maleta de bolsillo; llevaba prendas necesarias como objetos para mi limpieza. —Hola— saludé al sentarme en aquel asiendo delantero; el copiloto, con una sonrisa esta me regresó el saludo. —Puedes colocar tu maleta en la parte de atrás— sin dudarlo tiré aquella mochila, debía estar más cómodo. No podía negarlo estaba ansioso, nervioso, pasaría un día junto a ella y conocería más de ella. —¿Cómo te sientes, estás listo?— preguntó al encender el motor de su auto y dejar por fin aquel instituto, de mi parte me relajé gracias a la calefacción del lugar. —No me siento listo, ni preparado, pero al menos tengo una

