Narra Gabriela Desde ese momento de… no sé cómo llamarlo de ¿gratitud? el señor James ha tenido algunos cambios, algunas cosas empezaron a ser diferentes entre nosotros; ya no era tan incómodo darle unos buenos días o topármelo en alguno de los pasillos, eso, además de pedirle a la señora Lorna que solo yo entrara a organizar su habitación. —Señor James, su desayuno está servido —dije frente a su puerta. —Gracias, Gabriela, en un momento bajo. Se escuchaba extraño que él me llamara por mi nombre, una sonrisita se dibujó en mis labios por eso. Sentía como una pequeña cercanía, sí, de esa manera lo podría explicar. Esa mañana me dediqué a aspirar las alfombrar, esto me toma un poco de tiempo, pero no hay afanes; desde que el señor Darío volvió a su casa en Pozuela se siente menos pres

