—Lo siento mucho, el señor Conrado ha sufrido un infarto cerebral. Estamos haciendo todo lo posible para salvarlo, pero incluso si sobrevive... las secuelas podrían ser devastadoras. —¿Incluso si sobrevive? ¡¿Incluso si sobrevive?! —Gladiola exclamó con la voz quebrada, las lágrimas brillando en sus ojos. Las palabras del médico golpearon a todos como un balde de agua fría. La posibilidad de que Conrado muriera era un golpe demasiado fuerte. Aunque sus recientes decisiones habían causado enojo e indignación entre ellos, ninguno deseaba verlo sufrir. Nadie esperaba que todo se viniera abajo de esta manera. Ada rompió en llanto de inmediato, y David la abrazó para consolarla. —¿Hay algo que podamos hacer? —preguntó Azael con desesperación. —Por ahora, debemos esperar. No sabremos con ce

