Azael y Gladiola se esforzaban al límite, buscando desesperadamente un recurso legal que les permitiera ver al abuelo y, al mismo tiempo, proteger la fortuna familiar del derroche implacable de Angélica. Pero cada intento era en vano; esa mujer parecía tenerlos atrapados en una telaraña imposible de romper. —No puedo creer que alguien como el abuelo Nolan, siempre tan fuerte y respetado, haya caído bajo el control de esa mujer —murmuró Azael, frustrado. Gladiola, con la mirada vidriosa, intentaba contener las lágrimas. —Ya no reconozco a mi propio padre. Pensé que era un hombre digno de admiración, alguien íntegro. Pero… cubrió el asesinato de un inocente solo para salvar a su hijo de la cárcel. Entiendo que un padre haría cualquier cosa por proteger a sus hijos, pero… ¿Un crimen tan atr

