Capítulo 8

1823 Palabras
La tuene luz hace que cierre los ojos por un corto instante. Siento como mi cuerpo es sacudido con bastante rudeza. Siento tanto placer en este momento que mi mente se halla inmaculada. Noto el clímax llegando a su recta final. Mis ojos se ponen blanco, mi respiración se entrecorta, mi corazón palpita apresurado; una profusión de emociones intercala desde la cumbre de los dedos de mis pies hasta rebasar las hebras castañas alborotadas y húmedas, gracias a la traspiración que me brinda el momento de tener relaciones sexuales. —j***r —inhalo y exhalo con delirio. Insisto: el sexo es anti-estresante. A mi edad quiero paz mental y alguien con quien coger súper duro. El sexo se vuelve una necesidad cuando la pruebas por primera vez. Maslow, declaro en su estudio, que el ser humano posee necesidades fisiológicas y mentales que hacen que la conducta del individuo sea alterna. Dicho motivo, da a reflejar que: el agua, los alimentos, la vestimenta y, otros. Son importantes… desde luego, llegando al caso hay tendencias que se vuelven necesidades cuando nunca la has probado y ya la has hecho. En este caso: riqueza, sexo, dolor, sustancias psicotrópicas y otros. Centrando el fondo del sexo, es indispensable en como el ser humano se vuelve vulnerable ante reacciones químicas que se generan hormonales, creando descargas eléctricas en nuestro sistema límbico; obviando que la psiquis del individuo es la que acciona. «Porque el cuerpo propone y la mente dispone.» Tener relaciones sexuales se ha vuelto tan importante en la vida matutina del ser humano cuando este la experimenta, que incluso es un componente trascendental entre una relación sentimental, creando lazos sustanciales. —Eres más de lo que espere —apostilla el hombre con el que segundos atrás me follaba. —Mmm —murmuro sin dar a entender—. Gracias, ¿supongo? Ambos estamos acostados en la gran cama de su departamento, boca arriba. Sin darme cuenta creamos un silencio placentero. Luego de la reunión más persistente de mi vida. Fui a la casa de mí tía Nubia. Así poder arreglarme adecuado. Después para llegar a la nueva rumba. De modo que pueda relajar todas las emociones que sin intención me embistieron. Recuerdo que al haber llegado a la discoteca lo primero que hice fue dirigirme a la barra donde el mismo bartender hacia entrega de la bebida antes pedida. Prontamente me encontré en la pista de baile disfrutando de la rítmica música. Baile por más de tres horas, sentía de que era el momento para celebrar de que la reunión fue un éxito y que el día lunes sería llamado por la empresa para darme la vacante. Por lo que un hombre que conocía perfectamente se me acerco para poder compartir la felicidad que abarco mi rostro. Finalmente asistí a su departamento y terminamos en su cama teniendo sexo. Reviso la hora en el reloj que aún seguía posado en mi muñeca izquierda. Las siete de la mañana. Doy un brinco de la cama tratando de localizar la ropa que traía puesta hace dos horas al departamento del chico que no recuerdo su nombre. Camino descalzo por el suelo concibiendo lo gélido que esta. Paso por el alrededor de cuatro condones usados. Suspiro enérgico y tomo el bóxer que traía con mi mano derecha. —¿Tan rápido te vas? —frunzo el ceño y sigo en la búsqueda de mi vestimenta. —Si —respondo cortante. —Pensé que te quedarías para el desayuno —comenta con interés el hombre con su voz raposa y profunda. Suelto un suspiro, este hombre a pesar de que pudo hacerme sentir bien con su polla, no quiero que se haga falsas ilusiones. —Escucha —volteo sobre mis pies cuando hayo la ropa y la tomo en mis brazos—. Estuvo chévere el momento —le sonrió a medias—. Sin embargo, no quiero desayunar contigo, porque luego de ello, volveremos a tener sexo sea en la mesa o en la encimera, para posteriormente terminar de decirnos los nombres y apellidos… —me interrumpe confuso. —Pero si ya sabes mi nomb… —murmura para sí mismo. —No me interrumpas —protesto irritado—…, y en ese momento querrás que comparta información contigo de nuestras vidas cuando simplemente fuimos una follada matutina y ya. Aunque te enfrascaras en comentarme lo obstinante que puede llegar a ser tu exnovia, y que en tu trabajo solo prefieres follar con tu contadora que ni con tu actual pareja que por cierto esta fuera de la ciudad por cuestiones de trabajo. Efectivamente, luego tomaras mi celular sin que me fije y anotaras tu número para así mismo repicarte y tener el mío y que finalmente cambiare de número porque detesto tener en mi celular números de desconocidos que no sean solo de mi trabajo y familia. Tomo una bocana de aire. No me había fijado de toda la información que había cedido. Todo lo hice mientras me vestía con dilema. No había notado sus contraídas expresiones, hasta que me termino de colocar mis zapatos. Su rostro está totalmente pálido. Lo miro con confusión. Tomo mi cartera, mi celular y mi dinero. Salgo del departamento sin preámbulo, camino hasta el lobby del edificio. Pido un taxi y me marcho hasta la casa de mi tía. —Llévame a esta dirección —le tiendo un papel al taxista. Suspiro y me apego a la ventanilla de mi asiento. Me duele tanto la cabeza que me produce estrés. El recorrido hacia el departamento fue tan indecoroso que he tenido que cerrar mis ojos por instantes para tratar de disipar el dolor de cabeza. Giro mi cabeza para poder observar la ciudad desde la ventana del auto. El reflejo de mi rostro no es que el me asusta, sino la ligera línea de sangre que sobresale de mis oídos y nariz. Sin dudarlo pego un chillido haciendo que el taxista frene desprevenido. —¡Joven! —gira su rostro para observarme agitado—. Tengo que llevarlo a la clínica de inmediato. No sé qué decir, lo único que siento es como el  auto se pone en marcha a toda velocidad pasando algunos semáforos y autos que pitan con insistencia. Siento como el tiempo pasa tan rápido, todo a mí alrededor da vueltas, mis ojos se ponen en blanco y de mi boca sobresale una baba totalmente blanca. ¿Qué mierda ocurre?   ◄♦►   Un fuerte pitido hace que abra los ojos y vuelva a cerrarlo con fuerza. Mis labios tiemblan. Escucho voces lejanas. Un aroma a antisépticos hace que la punta mi nariz pique. Mi garganta esta reseca. Un punzante dolor en mi cráneo hace que me maree levemente. —Que mierda —susurro como puedo. Llevo una de mis manos a mis oídos cuando escucho perfectamente como un hombre habla con fuerza. —j***r. Este chico sí que me hace pasar unos sustos —abro nuevamente a mis ojos. Observo como puedo a mi tía. —¿Tía? —me observa enojada. Debe ser mi cabeza la que me hace delirar—. ¿Qué me sucedió? —logro inquirir. Mi tía Nubia me trae una jarra con agua. —Xavier, el doctor dice que tal vez tuviste un descenso de tención. —j***r —murmuro cohibido. —Es mediante el estrés —por la puerta ingresa un hombre de edad otoñal con dos enfermeras, debe ser el doctor encargado de mi salud—. Un saludo cordial. Mi nombre es… —Ícaro Elvis —termino—. Neurocirujano, con tres posgrados en ciencias  «cerebro y mente» de la universidad central de Buenos Aires. También “intento” de profeta en los años de 1998 y 2006 aunque su investigación hacia la altitud cerebral fue un fracaso por lo que le limitaron la licencia por tres años, por daños ilícitos. Divorciado con diecisiete años de matrimonio arreglado, siete hijos… Y ahora se encuentra aquí atendiéndome sin saber que mierda ocasiono el sangrado nasal y auricular presente. Todos en la habitación están pasmados de la larga e innegable información que expulse. Mi cuerpo comienza a temblar levemente y mi cabeza duele con ganas. j***r, todo esto es muy extraño. No entiendo que me sucede. Como mierda voy a saber todo lo que ese hombre traspaso a lo largo de sus años. —¿Disculpe? —la confusión y el miedo es palpable. —Tía, sácalo de la habitación. —¿Cómo mierda sabes toda esa información? —giro mi cabeza hacia la dirección del hombre que sale de la habitación. —Atiendes a mi abuela materna, doctor. Debería tener más cuidado a quien le comentas tus hazañas —se detiene abruptamente. Sale de la habitación con rapidez—. Tía Bulla, quiero que exijas el alta, mientras tanto me duchare y saldré de aquí. Y gracias por la ropa. Mis pequeñas primas le decían a la tía es vez de «Nubia», «Bulla» por tanto acostúmbranos a decirle de aquella manera. Llevo una de mis manos a mi cabellera. Siento las hebras en la palma de mi mano. Siento pánico, dolor, tristeza, desosiego. No logro entender nada. No puedo entender que es lo que me sucede los dolores musculares comenzaron hace dos meses y luego dolores de cabeza. Es tétrico. Joder, soy un maldito anormal de mierda. Luego de cinco horas soy atendido sin provisiones por tía Bulla. Mi jefe se enteró de lo que sucedió. Por lo que me exigió que me tomara unos días antes de volver al trabajo. Siento nauseas de saber que mi salud es una barrera para que no asista a mi trabajo. Detesto enfermarme o que sucede cualquier percance que obstaculice mis responsabilidades. Es ingrato expresar eso cuando también la salud es parte de mi responsabilidad, sin embargo, soy de las personas que con el orgullo altivo no acepta dichos motivos. En el mundo existe el que es inteligente y el que es aprovechador. El inteligente innova balanzas entre lo que puede servirle y lo que no. Mientras que el aprovechador toma decisiones abruptos, sin recapacitar en lo que se arraiga… …y prefiero ser el inteligente; mil veces. Entrecierro los ojos y me dejo llevar por el sueño. Solo deseo que mis padres no se enteren. Sino que con los aguante ante toda esta situación. —Por favor no llames a mis padres —suplico en voz baja cuando tía se acerca. —Deben saberlo, Xavier. No sabemos que te sucede a ciencia cierta. —No deseo preocuparlos. Si vuelve a ocurrir les diré… lo juro. —Jurar en vano es malo. Xavier. —Lo sé —suspiro. Se hace un largo silencio. Trato de incorporarme en la mullida cama. Exploro el alrededor notando la humeante taza de café que trae tía Bulla. Sonrió por inercia. —¡Claro! ¡Búrlate de mí taza de café! —Es inevitable, tía —me río—. Sabes, hace días conocí a un hombre —alza sus cejas. Reprimo una risa—… él es tan caliente… no sé. Me confunde… siento que le debo una disculpa. —¿Por qué? —Le tire el trago encima. Y ayer trato de entablar una conversación. Y no deje —suspiro posando mis manos a mis costados—. Tengo miedo de enamorar y caer… todo es eufórico a su lado. Me observa sorprendida y un tanto melancólica. Tía Bulla es esa mujer a la que le puedes confiar la vida entera y ella no te juzgara. Solo te recomendara un mejor destino por tomar. Es una de las confidentes que adoro. Llego de Estados Unidos hace más de cinco años y no se ha vuelto a ir. Dice que Venezuela lo es todo para ella. ―Nunca te arrepientas de haberte portado bien con la persona equivocada. Tus acciones hablan bien de ti, Xavier.   
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