Se situaban las tres y cuarenta y cinco de la madrugada. Daniela, Renata y yo, estábamos realizando unos trabajos de la universidad. Cada tanto dejábamos un descanso para comer palomitas de maíz y beber café. Nos embutíamos ante las sensaciones de la ansiedad. Entre los tres soy el más ágil ante investigar, analizar y escribir. Había terminado hace veinte minutos el último trabajo asignado mientras que las muchachas estaban aún absorbidas en la finalidad del primero.
—Xavier —giro por un microsegundo mi atención a Renata. Dejo el indagar en el i********:—. ¿La última parte donde la encontraste?
—Ya te envió la página.
Desde el w******p web en la pc de la mamá de Daniela envió el vínculo de la página a través del grupo PyZ. Me levanto tomando los cuadernos para posteriormente guardarlos en el bolso. Noto a cada una inmersa en su actividad que causa un poco de gracia como el insomnio abarca sus facciones.
» —Ustedes deberían haber estudiado medicina en vez de psicología —me burlo.
—¿Ha? ¿Por qué? —Daniela me fulmina con la mirada.
—Nada, nada.
Me guardo el resto del comentario y me alejo riendo bajamente. No quiero reírme fuerte porque Renata comenzara a enviarme mil mensajes para que baje la voz o que haga silencio. Reviso con atención cada mensaje del w******p. Casi nunca reviso las stories de la aplicación. Tengo tantos contactos que suben decenas de imágenes, videos o versos que me causa pereza interesarme en ello. La única manera que me coloque a chismear es que se vaya la luz y no tenga nada que hacer.
Ingreso luego de unos minutos a i********: notando varios mensajes bloqueados de un perfil que no sigo.
—Hola
—Buenas noches, Xavier
—Sin duda alguna, hay algo en ti que me atrae
—Buenas palabras en la reunión de la empresa de Perls.
El último mensaje llama ligeramente mi atención. Enarco una ceja mientras ingreso al perfil de la persona. Puedo apreciar el usuario y el nombre del individuo que me había escrito. Percival Montecarlo. j***r. j***r. j***r. Me enderezo en el colchón de la cama, estoy en la habitación que tengo asignado en la casa de Renata cada vez que vengo. Parpadeo varias veces sin creer que ese espécimen de hombre me haya escrito. Las fechas de los mensajes no son seguidas. El primero fue una semana antes de salir a rumbear a Cygnus; el segundo y tercero fue esa misma noche en Cygnus Bar y el último fue una hora luego de la reunión en la empresa de eventos Perls.
Que miedo este tipo. j***r.
No negare que cada uno de sus mensajes hizo que mi estómago se agitara. Me quedo sin aire cuando noto que está en línea. Dudo en responderle, no obstante, dejo la incredulidad para que mis dedos se paseen en la táctil pantalla del celular así mismo crear una respuesta.
—Jodete imbécil.
Sonrió de lado. Ingreso nuevamente al perfil dándome cuenta que sus fotos son totalmente geniales. Tiene bastantes fotos publicada en HD, es increíblemente atractivo. Posee una cualidad masculinidad. Su jodida sonrisa es encantadora; hay unas fotos donde está sin camisa, dejando su musculoso cuerpo a la vista. Detallo algunos tatuajes, su afeitada quijada y en otras donde enseñaba una poblada barba. Sus ojos oscuros me miraban con tanta intensidad que me quedo sin aliento. Sin duda alguna es: explosivo, eufórico y sublime.
—¿Con esa boquita besas a tu mamá?
Me ruborizo increíblemente
—No es tu incumbencia, imbécil
—Habrá que enseñarla a darle un mejor uso.
—Jodete
—Eso te haré prontamente
¿Qué? Siento mi rostro arder una vez más
—Como sea
—...cambiando de tema. De verdad que quede impresionado con tu discurso.
Una opresión en la boca de mi estómago se presenta.
—¿Enserio?
—Sí, me dio sueño.
—JAJAJA que gracioso eres, deberías ser youtuber.
—Serias lo que tú me pidieras. Lindo.
—Aparte de que tienes unos ojos muy hermosos, me tienes cautivado, niñato
—...y eso que no le digo eso a cualquiera
Me río causando que Renata me mande a bajar la voz
—De verdad que eres muy gracioso
—¿Por qué lo dices?
—Porque, tu manera de cortejar a una persona es retrograda.
—¿Sera?
—Te lo aseguro
—Parece que fueses inexperto, pero mi intuición me revela que lo haces para hacerte sentir interesante, señor Montecarlo.
—¿Acaso lo estoy logrando?
—Porque puedo predecir que en estos momentos estas con tus manos encima de su pecho apretándolas por la ansiedad que te causo y que estas ruborizado a más no poder.
—¿O me equivoco joven Home?
Observo sorprendido los mensajes. En todas acertó. Pero soy lo suficiente orgulloso como para afirmarle.
—Parece que tu tardanza al responderme, me lo confirma, pequeño niñato.
—¡No me digas niñato!
—Pareciera.
—¡Claro que no!
—Tendrías que comprobarme que no lo eres.
—¿Qué?
—Eres lo suficientemente inteligente para entender lo que te escribí, Home.
—...eso lo entendí, tacaño.
—¿Ahora me dices tacaño?
—Para que sepas que no lo soy.
—No me interesa, señor «interesante»
—Por lo menos lo señalas.
—JO.DE.TE
Suelto un suspiro dejando que los pensamientos abarquen una vez más mi mente. j***r. Este tipo es un insistente de mierda. No puedo negar que me atrae porque sería falso. Pero hay algo en el que no me convence del todo. Su mirada es tan increpada que causa escalofríos. Aunque en pocas fotografías muestre sus ojos (en su mayoría sale con lentes oscuros) causa furor en mi cuerpo.
—Un almuerzo. Tengamos un almuerzo. Los dos.
—Así podría demostrarte que tan interesante puedo ser.
—Además me lo debes.
—¿Estas de coña?
—¿Cómo puedes decir que te debo una salida?
—Cuando me arrojaste aquel ron, me lo debes.
—Claro.
—¿Es un: sí?
—Es un: lo pensare. Pero tengo el tiempo bastante ajetreado, Montecarlo.
—j***r.
—¿Qué paso?
—Es que mi apellido viniendo de ti, me causo una erección
—Imaginarme que lo pronuncias de tus labios sentiría que me correría al instante.
—...eres un completo imbécil.
—¡Oh vamos! Como si no te provocara nada.
—Desde ese día en la discoteca me lo afirmo.
—Mucho más lo hiciste en la reunión en la compañía de Perls
Mierda. Este tipo es muy calculador. Me encanta.
—Puede ser.
—...no lo negare.
—¡Pero no te emociones!
—Mañana a la 13:00hras ¿te parece?
—Deseo llevarte a un sitio.
Este tipo ya me quiere llevar a un hotel.
—¿Dónde me llevaras?
—Es una sorpresa...
—¿Dónde te puedo pasar recogiendo?
—Prefiero llegar por mi parte
—No. Y es un absoluto no.
—¿Por qué?
—Solo no.
—Bien. Te diré donde me encontrare para que me pases buscando.
—Perfecto.
—Dame tu número.
—¿Para qué?
—¿Para que más va ser? Pues para llamarte y así saber dónde te encuentras.
—Está bien... +58xxxx
—Genial. *emoticón de corazón rojo*
—Feliz noche, Percival *emoticón de bostezo*
—Descansa niñato.
Sonrojado sigo observando el celular. Presto atención que sigue conectado. Finalice la conversación porque tenía la ligera sensación que tiene una manía de hacerme ser honesto que me abruma. Suelto un suspiro para ponerme a revisar las publicaciones de las personas que sigo. Cuando me doy cuenta de que no tengo el número de Percival golpeo mi frente frustrado. j***r. En ese preciso momento me llega un w******p de un número desconocido.
—Descansa, bonito.
Percival Montecarlo.
Solo eso. ¡Solo eso! Guardo su número en dirección a Google Contactos. Luego observo su foto de perfil. Esta sonriendo con sus típicos lentes oscuros posando delante de un paisaje muy hermoso. Todo en él es hermoso y, hace que su alrededor luzca aún mejor. Jadeo suspirando.
—¿Y ese suspiro, Xavier? —giro mi visión para posarla en Daniela. Que estaba más dormida que nunca.
—Nada, nada.
—Si claro —deja la computadora encima de unas colchas.
Se recuesta a mi lado y observa su teléfono. Antes de guardar el teléfono noto que son las seis y media de la mañana. Debo tener unas ojeras impresionantes. Daniela deja su celular para posarla en mí.
—Ahora sí. ¿Por qué estabas suspirando? Renata y yo creíamos que estabas durmiendo porque no emitías sonidos, y eso que eres bastante escandaloso —la fulmino con la mirada—. Y te veo pegadito a tu celular sonriendo como idiota, que ya eres, por cierto, y suspirando.
—Estaba leyendo —miento.
—Aja, ¿me cree pendeja?
—Bueno —alargo la palabra irónicamente.
—Xavier...
—Enserio, estaba leyendo un libro. Es muy bueno.
—Está bien —suspira viéndome con los ojos entrecerrados.
Sin más que decir, nos quedamos dormidos. Mi último pensamiento fue los oscuros ojos de Percival Montecarlo.