Epílogo

1076 Palabras
Les juro que con la noticia, se me fue todo rastro de ebriedad. Mis amigas me tuvieron que obligar a bañar. Aún estaba en shock. Estaba llorando y no lo sentía del todo. La desesperación corría fuertemente por mis venas. Es aquella sensación irracional donde quieres mandar todo a la mierda y estar junto a la persona que se ha convertido en un todo para ti. Uno de los amigos de Percival vino a buscarme. De paso él mal me caía. ―Esto es tu culpa ―dice en voz alta. Lo miro con ganas de asesinarlo―. Si no fuera por esa estúpida fiesta, estaría bien. ―Deja de culparme por algo que no provoque ―le riño. Trato de creer mis propias palabras. ―Es que no me cabe en la cabeza ―murmura desganado con la mirada furibunda. Quiero decirle que: ―No somos amigos, no me conoces, no te conozco, limítate a conducir y tal vez pueda ser un viaje menos incómodo para ambos. Pero lo único que sale es: ―Él lo es todo para mí ―hipo. El camino es silencioso y eterno. Mis pensamientos son un desastre. Todo lo que me representa es un desastre. Cuando llegamos a la Policlínica, observo a toda la familia de Percival. Me reciben en lágrimas e hipidos. ―¿Cómo está? ―apenas y puedo hablar. ―Mal, está muy mal, Xavier. Mi hijo… ―siento como mi corazón se agita. Es una sensación terrible. No puedo ni imaginar su dolor. Puesto que el mío es latente y vulgar. Me recuesto en el suelo, diagonal a la familia de Percival. A la hora y media llegan mis amigas. Ambas nos traen desayuno. Bebo un poco de jugo. Puesto que no me entra más nada. ―¿Cómo te sientes? ―me abraza Daniela. Renata habla con los padres de Percival. ―Me siento devastado―giro mi cabeza para observarla. La vulnerabilidad expuesta en mis facciones―, no quiero perderlo sin ni siquiera haberlo tenido. Las lágrimas descienden de mis ojos. Todo es catártico. Desesperante. Abrazador y tangible. Me siento como una criatura desamparada. No sé en qué y a qué me puedo aferrar. Me levanto para ir al baño. Necesito lavar mi rostro. Al entrar lo primero que me topo es mi terrible aspecto. El trasnocho la borrachera hizo factura y fue costosa. Sostengo mi rostro y paso las manos por mi desordenado cabello. Cuando finalizo escucho una conversación de Daniela por teléfono. ―Xavier no logra entender que tiene derecho a buscar su propia felicidad, tanto como cualquier otro en este puto sitio. Me temo que ha estado demasiado tiempo velando por el bienestar de los demás, que ha olvidado el suyo por completo. Cierro mis ojos y dejo que la degradación me lleve. Me acerco a la sala de espera. Los hermanos de Percival ya llegaron. No tengo vergüenza para verle a los ojos. Y reñirles su visita. Hace un par de semanas habían discutido por mi presencia en la casa familiar. Donde decían que si me traía más a menudo todos se fijarían de nuestra relación. Ambos hermanos estaban discutiendo en la sala. La madre de ambos les estaba regañando que no era el momento para discusiones absurdas. ―Cosa que te vendría bien, hermanito. No trates a la gente como pendeja, porque en cuando te distraigas… el apendejado será otro. El hermano menor de Percival dice todo con tanto rencor que mis vellos tiemblan. El tiempo parece correr con fuerza. Mis manos tiemblan. Intento estar tranquilo. Pero aún no hay noticias. Tengo ansiedad. Deseo gritar, llorar fuerte. Pero no. Tengo que estar fuerte. Por él y por mí. Sin esperarlo un doctor llega a la sala. Llama a los familiares de Percival. Trato de levantarme del suelo, pero al escuchar la noticia vuelvo a descender. Escucho ecos que significan los gritos de la mama de Percival. Sus hermanos se abrazan llorando. Subo la mirada. Al sentir la presión nuevamente en mi cuello. Lejos de mi percepción presiento una dura pero tranquila presencia. Es como si sintiera a Percival conmigo. Aquí. Y aunque es difícil. No sabía cómo decirle adiós, cuando tampoco lo salude.   *** Una suave brisa se inclinaba en las hebras de mi cabello. Mantenía mis ojos cerrados. Tomo una bocana de aire, lo suficiente para poder hablar y expresar lo que siento. ―Percival llego a mi vida en la manera menos adecuada, y como solo él sabe llegar ―todas las miradas estaban puestas en mí―. Su risa ―inicie―, esa que hace que el tiempo se detenga y todo se vuelva etéreo ―hay una gran foto impresa de él sonriendo a una cámara se ve tan hermoso, tan pacifico tan vivo―. ¿Recuerdas el primer «Hola», la primera mirada, primera, conversación, primera sonrisa, primera carcajada, primer mensaje, primeras mariposas, primer pensamiento en la mañana de mí, de ti, de nosotros dos, primera imaginación en la noche de vernos juntos de la mano? ―siento como un sollozo sale desde el fondo de mi garganta y las lágrimas continúan descendiendo―… ¿recuerdas la primera vez que nos dimos las manos, primer abrazo, primer beso, primer te quiero, nuestra primera aventura, primeras tonterías?, ¿Recuerdas nuestra primera fotografía?, ¿Recuerdas lo mucho que sonreía estando solo contigo? Porque yo sí, y te prometo que lo puedo recordar miles de veces y siempre aparecerá la misma sonrisa. Niego hacia el cielo. » Tú me juraste quedarte conmigo, cumplir mis metas, todo a tu lado. ¿Y ahora qué? ¿Cómo pretendes que continúe…? ―la voz se achica―… ¿si no estarás a mi lado? ―giro la vista hacia la fotografía―. Me enseñaste que los verdaderos amigos no son los que nos dicen lo que queremos oír, son aquellos que dicen la verdad tal como es. Son personas que nos quieren ver siempre bien, que les interesa vernos crecer, progresar y ayudarnos a mejorar, siempre con la finalidad de procurar nuestro bienestar ―más lágrimas descienden de mis ojos―. Me ensañaste lo bonito que se siente estar en una casa ajena y que te hagan sentir parte de la familia. Caigo de rodilla al suelo y siento el recuerdo de la última vez que lo pille hablando con mi padre. La única que vez que pudimos ser una familia. ―Sí, yo amo a Xavier ―dice, soltando una risa y bajando la cabeza―. No sé sobre lo de ser un buen chico, pero… él es mi hijo a pesar de su extravagante manera de ser, es el hijo que Dios me dio, sabrá por qué y lo cuidare siempre, ese es mi trabajo. ―Es él chico que llego acomodar mi vida. Juro que lo protegeré, señor. La gente me observa llorando. Su funeral es tan triste y melancólico. ―No creo estar listo para dejarte ir, pero si estoy listo para creer que nuestra historia siempre obtuvo lo que quiso obtener.
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