Capítulo final

1051 Palabras
Mi amiga Daniela estaba pasando por una situación incómoda en su vida amorosa. Tiene un novio a larga distancia que dice que la ama y después le pide tiempo para salir con otras personas y justo cuando Daniela comienza a ilusionarse con un nuevo hombre el aparece. Ella cae rendida de amor por él y es un ciclo interminable, es un idiota que no la ama, pero que tampoco le permite seguir adelante. Es como un parasito que se alimenta de ella. ―Tiene derecho a estar enojado, pero eso no le da derecho a ser cruel ―le digo. Han pasado dos días de mi cumpleaños. Hoy recibí la notica que Percival me hará una modesta fiesta de cumpleaños. Me confundí al principio pero luego me engancho con una sesión de besos. ¡Adoro a ese hombre! Daniela esta hermosa. Su cabello castaño claro estaba contenido en una trenza francesa que caía en su hombro derecho. Llevaba un vestido con falda tulipán y cuello a la caja sin mangas en crepé azul francés brillante y un par de piezas de bisutería que ella misma había hecho. Estaba terminando de arreglarse para ir a Tus Waffles (TW), en Villa Inmaculada. Aunque me sentía de cierto modo incomodo tenía una ligera idea que sería una gran noche. De cierto modo. Me puse una camisa de lino azul pastel con los tres primeros botones desabrochados, acompañado de un pantalón mostaza y unos zapatos beige. Estaba casi listo. Mi amiga Belen me estaba terminando de maquillar muy ligero. ―¡El taxi llegó! ―grita Renata desde lejos. Todas corren a terminar de arreglarse. ***   Habíamos llegado a la discoteca. Me sentía de cierto modo una celebridad; todos me saludaban me felicitaban. Me daban de sus tragos. Y así arranco la rumba. Buena música, buenas luces, cuerpos bailando de lado a lado. Todos estábamos en nuestros mundos, bebiendo riendo, disfrutando. Mi hermano me acompañaba. Hice lo posible por dejarlo entrar, puesto que es menor de edad. Tal modo fue, que nos burlábamos de la sensación de hacer una travesura. Y algo hacía falta… ¿Dónde estaba Montecarlo? Disipo todos mis pensamientos. Noto como el amigo de Montecarlo se acerca. ―Hola ―acercándose para saludarme―, soy el chico que… ―Sé quién eres…―igual de desconcertado que yo. ―Bueno, ya sabemos que entre tú y Percival existe algo. ―¿Esta bien? ―dudo en preguntar. ―¡Coño, sí, hombre! ―me abraza con fuerza―. Montecarlo esta reenamorado. Jamás lo vimos hacer algo tan importante por alguien. Ni por nosotros. Mira que fiestón se hizo. ―Dijo que sería modesto ―ambos reímos. ―Con él nada es modesto ―niega con la cabeza. ―¿Y dónde está? El mira a su alrededor y golpea su frente con la palma de su mano. ―Venía detrás, coño ―sin explicar más se retira. Miro todo confundido. Parpadeo nuevamente y doy vuelta. Sigo bailando bajo la mezcla de f*****g Mambo, un dúo de Djs muy buenos. Algunas personas se siguen acercando a saludarme. Daniela, mi mejor amiga, es intimidante cuando se enojaba (que era extraño como ahora) y más si usaba tacones. No entendía que le sucedía ―¿Qué paso? ―me rio al verle su reacción. ―Me duele los pies, odio usar tacones. ¡Lo que uno hace por usted! No puedo evitar y me rio fuertemente. Oh, j***r. Amo a esta mujer. ―¿Cómo haces para intimar con Montecarlo sino han tenido tiempo? ―Resulta que hace días fuimos a casa de sus padres y estando allá nos dieron unas tremendas ganas de follar. Pero no se pudo. La madre casi nos descubre. ¿Y tú qué? Me mira pensando que decirme. ―Esperando que Andrés, venga. ―Ósea, nena, ¡La v****a la vas a tener para orinar solamente! ¡Le van a salir telarañas si sigues pensando así! Ambos reímos. La abrazo con fuerza. Se acaba cuando alguien me toma de la cadera halándome. Golpeo mi espalda con un pecho fuerte. No necesito girar y ver  a la persona. Puesto que el aroma de su fragancia impacta en mi nariz. Sin evitarlo inhalo su fuerte perfume. Okey, stop. Nunca me había demostrado reacciones físicas en público. ―Amor ―mierda. Mierda. Mierda. Mierda. ―¿Por qué estás borracho? ―trato de empujarlo, sin embargo no me lo permite. Besa mi cabello. Todos absolutamente todos nos están viendo. Incluso los amigos de él. ―Feliz cumpleaños mi vida ―me abraza. Arrastra las palabras. No puedo creer que él este ebrio. Precisamente hoy. ―Quítate de encima, Percival ―lo empujo con fuerza. ―¡Pero amor! ¿Ya no me quieres? ―bebe del vaso lleno de coñac. ―Joder, cállate ―trato de alejarme. Pero vuelve agarrarme. ―Ven ―toma mi rostro. Siento vergüenza. Todos nos miran. ―¡No! ¿Cómo se te ocurre llegar ebrio a la fiesta que me organizaste? ―chillo viéndolo fijamente―. Es que, eres increíble ―riño. Siento mi respiración pesada. ―Amor, no quiero que estés enojado ―trata de agarrarme el rostro. Sus amigos lo agarran y lo sostienen. Qué vergüenza. Mis amigas me miran con los ojos entrecerrados. No quiero ni ver a mi hermano. Siento tanta pena. No deseaba que conocieran al hombre que me hace suspirar de aquel modo y menos tan intenso. El resto de la noche trato de ignorarlo. Pero me es imposible porque en todas las fotos quería estar y mucho más al lado mío. De cierto modo estaba fastidiado. Y para rematar había un hombre que me había hablado para felicitarme. Pues resulta que el señor Percival se enojó y empezó a insultar al tipo creyendo que me estaba coqueteando. No sé en qué momento Montecarlo se tropezó y cayó de bruces al suelo llevándose la mesa diagonal a la decoración del cumpleaños. Sus amigos me vieron creyendo que fui yo. Pero no. No había sido yo. Lo llevaron al auto. Porque estaba muy ebrio. Aun así empecé a tener una sensación fastidiosa en mi cuello. Paso más o menos cuando la discoteca cerró. En varios grupos fuimos a un famoso a Trisquel. Una discoteca exclusiva, donde los rezagados de otros sitios asistían. La cola es inmensa para poder entrar. Como andábamos varios, junto a los dueños de Tus Waffles. Entramos rápidamente. El ambiente era explosivo. Bajo la música de Jhon Ject. Uno de los mejores Djs de la ciudad. ¿Qué era esa rara sensación en mi cuello y pecho? Todos nos fundimos en un baile erótico. Dejó de importarme todas las miradas. Muevo mis caderas. Un hombre se me acerco y puso un cigarro cerca de mis labios, no me importo e inhale con fuerza. Sé que perdí el tiempo y espacio. No me acuerdo casi después de lo que sucedió. …solo de que al llegar a la casa de Renata. Mi teléfono se inundó de un cúmulo de llamadas perdidas. Y un mensaje que lo cambio todo. «Percival sufrió un accidente, está muy grave en la Policlínica»
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR