Absolutamente todo se volvió tenso y sosiego. Mis amigas observan a Percival confundidas (yo lo estoy); a pesar de sentirse distinto, de cierto modo mi corazón galopea con fuerza. Mis manos sudan pero es una sensación bastante… grata.
―Montecarlo ―murmuro viéndolo con fijeza.
Todas las féminas de la cafetería observan con efusión al hombre que ahora es mi novio. Siento un leve ardor en la boca de mi estómago. Mis manos pican por la intensidad en la que mis amigas después me miran a mí. Ambas exigen respuestas.
―Que coincidencia ―comenta con una risa prepotente.
Joder. Todas lo miran extasiadas.
No las culpo. Es el efecto Montecarlo.
―Lo dudo ―digo sin pensarlo. Giro mi atención a las muchachas―. Chicas él es, Percival…
―El novio ―me interrumpe. Todas me miran sorprendidas y picaronas.
Siento como mis mejillas se encienden por la impertinencia de Percival.
―Bueno ―me recuesto en la silla dejando que todos me miren.
Nunca he vivido un momento como este. Glacialmente Montecarlo se retira los lentes para echarme una mirada inductiva. Pongo los ojos en blanco y suelto un suspiro.
―Ósea que él es el chico que te tiene en otro universo ―se burla Paula. La fulmino.
―Teóricamente ―respondo viéndola los ojos.
―Joder, amigo, ¡qué guardadito lo tenías, eh!
Todas ríen bajo. Percival no quita su mirada de mí. No sé como sentirme con respecto a esto. Ósea, me encanta ese hombre pero detesto que me acose tanto. No tengo ni puta idea de cómo sabía que estaría aquí.
―¿Cuándo se conocieron? ―interroga Paula viéndolo fijamente.
Saco el celular del bolso y me pongo a revisar mis r************* . Esta es una conversación mucho más intranquila de la que pensé.
―En una «fiesta.»
―¿Pequeña? ―enarca una ceja mi amiga―. Xavier, jamás asiste a fiestas pequeñas. Con él todo debe ser grande ―se burla dándole doble sentido a la palabra final.
―De eso no hay duda.
Responde con una pequeña sonrisa mi novio.
Me siento pequeño en la silla. Todos tienen la atención puesta en nosotros.
―Bueno, el momento no puede ser más incómodo ―digo en voz alta sin fijarme.
Me sonrojo cuando mis amigas me codean picaras.
***
Luego de que mis amigas quedaran satisfechas con todas las preguntas. Montecarlo tomo la decisión que me quedara está noche junto a él. Que pasáramos más tiempos juntos.
Fuimos a su casa. Todo fue tranquilo. Y romántico.
¿Cómo no podría distráeme cuando los ojos de Percival solamente se centraban en mí?
Hemos visto tantas películas y comido tantas pizzas que hasta yo estoy sorprendido. Veo películas tan a menudo, pero tantas y tan diferentes que no me había dado cuenta.
Hemos ido de «La naranja mecánica» a «Alicia en el País de las Maravillas», luego «Pretty Women: Mujer Bonita», «Ghost: La Sombra del Amor», «La Guerra de las Galaxias», «El señor de los Anillos», «King Kon» (tanto la versión de 1933 como la de 2005), «Danza con Lobos», «Desde mi Cielo», «Gran Torino», «Posdata, Te Amo», etc., etc., he perdido ya la cuenta y no recuerdo el resto de los títulos.
Nos sentíamos contentos. Su brazo me mantiene cerca de su calor corporal. Adoro cada sensación que me trasmite.
―¿Tienes sueño? ―cuestiono apenas veo como sus ojos se mantienen cerrados.
―No ―murmura. Se inclina para darme un beso en la frente―. Gracias ―lo miro confuso.
―¿Por qué? ―se nota la complejidad en mi mirada.
Una de sus manos busca con desesperación la mía.
―Por llegar a mi vida ―parpadeo sin creérmelo.
―En ese caso ―le doy un pico en los labios―. Soy yo el que debe agradecer.
Nos fundimos en una serie de besos suaves. Demostrándonos tanto, por un microsegundo observo como mi vida pasa por frente de mis ojos. Y lo veo a él.
Me veo junto a él.
Es extraño ¿saben?, toda la maldita vida, me lamente por las cosas que me ocurrían. Había perdido mi trabajo en la cafetería. Había distanciado mi afecto hacia mis padres. Me había sumergido en el que dirán que incluso me había enfermado.
Aún estoy enfermo.
Pero con tantas ganas de sanar.
Y con él lo obtendré.
***
Ha llegado mi cumpleaños número diecinueve, es 27 de noviembre y el clima es húmedo. No sé cómo sentirme al respecto del todo. Había querido bajar a la casa de mis padres y despertar en mi hogar y sentirme una vez más como aquel chico que siempre los hacía sentirse orgullosos.
Aunque casi no soy de expresarme, amo a la gente que me rodea incluso más que a mí mismo.
¿Acaso me dijeron que eso era sano?
Mi madre amaneció con gripe. Mi sobrina es la primera en despertarme. La amo tanto. Mi padre me abraza.
Todo el dia fue lleno de abrazos y besos.
Mis mejores amigas me habían dicho que me esperaban en casa de Renata para darme algo.
Cuando llego casi al medio día me llevo la sorpresa de un desayuno sorpresa. No puedo contener las lágrimas. Nunca me habían dado un regalo tan hermoso.
Hace años me había inclinado en la idea que, los regalos en objetos es la muestra de querer mostrar lo que siente hacia otra persona.
Pero no me fije que los más importantes son aquellos que me valoran y me acompañan.
El día fue hermoso. Lleno de sorpresas. Cuando llego al servicio comunitario los niños me reciben cantándome feliz cumpleaños. Se pueden imaginar como de vulnerable estuve.
Mis amigas me abrazan.
―No me gusta la idea de que todos se molesten en abrazarme o felicitarme como si fuera el único día de mi existencia. Cualquier día puede hacer eso, no solo en mi cumpleaños ―comento viendo como los niños observan entretenidos la historia en base a los títeres.
Paula voltea a verme y me sonríe.
―Supongo que es una costumbre muy bonita.
Ruedo los ojos y niego riendo.
No sé cómo, o cuando pero el día finalizo. No hice más. Mi papá nos buscó para poder ir a sus casas y así poder terminar de celebrar mi cumpleaños.
Era extraño de cierta manera. Pero sentí que mi cumpleaños paso volando y era yo el que estuvo volando.