-Mia Spirito, ¿jura solemnemente decir la verdad y nada más que la verdad? -Lo juro- Apartó mi mano del gran libro y me siento en el estrado. -Señorita Spirito, cuéntenos cuando y como conoció al señor Dunovich- Dice el abogado. -Lo conocí hace un poco más de cuatro años, él organizaba y participaba en carreras de autos a las afueras de la ciudad donde vivía, un amigo iba a competir allí una noche y me invitó a verlo- Sentía su mirada sobre mí, pero me negaba a mirarlo. - Me invitó a tomar algo y acepté. - ¿Qué edad tenía usted en ese momento? - Pregunta. -Dieciséis. - ¿Y Dunovich? -Veintidós- Hubo un silencio sepulcral en la sala, el abogado asintió. - ¿Volvieron a verse después de esa noche? -Si, me invitó a una de sus carreras y fui allí con él. - ¿Él participaba?

