—¿Sí? —escuché a mi lado, en un susurro que parecía pretender no despertarme, pero que, sin embargo, no logró su cometido. Parpadeé un par de veces y miré a Zaid somnolienta, encontrándomelo serio, con los labios haciendo una línea apretada y con el celular pegado al oído. Fruncí el ceño. Esa no era una bonita imagen para despertarse. —¿Cuándo? —preguntó frío, haciéndome sentir intimidada, aunque no fuera conmigo con quien hablara—. ¿No puede ser después? —Suspiró y yo le miré consternada, recibiendo un débil meneo de cabeza como única respuesta—. Soluciónalo pronto, busca una manera —frunció el ceño, molesto—. Esto no es mi culpa, no me cargues los hombros a mí. Si no fuera por tu… —soltó una risa sarcástica—. Olvídalo. No, no lo haré —su mandíbula se apretó y sus ojos se oscurecieron

