Cap. 2 El concierto

1405 Palabras
Una vez en casa tomo todo lo necesario para organizarme en el teatro de la universidad. Me veo por un momento en el espejo, pienso en lo que dijeron Carla y Lily, analizando mi reflejo no entiendo por qué no se me presta tan siquiera un poco de atención, mi cabello es n***o, liso, largo y está bien cuidado, contrasta bien con mi piel blanca, mi cuerpo está en forma gracias a mi constante entrenamiento de artes marciales, mi cintura es delgada y mis pechos pues no son tan grandes como al parecer a muchos hombres les gusta ¿será por eso? –Somos un 10 Em, y nunca pienses lo contrario –me anima Lily y retira esos pensamientos intrusivos. Más tarde, habiendo ya realizado las respectivas pruebas con el equipo de sonido, todo está en orden y me encuentro en el camerino dando los últimos toques a mi maquillaje. Me pidieron que hoy estuviera en el piano y este siempre llama mucho la atención, así que me instruyeron en verme especialmente bien el día de hoy, dijeron algo de la asistencia de unos diplomáticos que fueron invitados como VIP y la universidad quiere impresionarlos, por eso no llevo mi traje habitual sino un vestido n***o, largo, ajustado con una abertura en el costado derecho que sube hasta el muslo, la tela del escote cae un poco sobre el pecho y los tirantes son muy delgados, es un poco diferente de lo que acostumbro vestir pero al verme me impresionó bastante como luzco, el vestido acaricia mis curvas sin exagerarlas, mi maquillaje hace relucir mis ojos verdes, mi cabello cae por los costados, pero está sujeto desde atrás con el broche que me dió mamá para que no caiga en mi rostro. El broche es hermoso, es metálico y tiene forma de luna creciente, con un tallado bello que se enfoca en relucir la piedra lunar que recorre todo su centro formando la misma luna, mamá ama este broche asi que más me vale cuidarlo. –Te lo dije Em, somos un 10, nos vemos deslumbrantes –dice Lily –Te tomaré la palabra Lily, vamos –digo tratando de controlar mis nervios, es la primera vez que me presentare así al público en un concierto. Durante la elocuente presentación del organizador, nos dirigimos a nuestras posiciones, se abre el telón revelando a toda la orquesta sinfónica, puedo sentir como una ola helada me recorre de los pies a la cabeza, pero luego una chispa sale de mi pecho que me enciende, me emociona, una alegría inmensa se expande desde mi interior y se dirige a mis manos, ansiosa por recibir la instrucción del director le miro con ojos suplicantes y asiente. Iniciamos a tocar el concierto para piano número 4 de Beethoven -en sol mayor, op. 58-, me encanta, en mi mente es como una danza de hadas flotando sobre nosotros, dando saltos y volteretas, por momentos bajando el ritmo, pero luego parece que jugaran al escondite, unas escondiéndose mientras otras están buscando y luego se corretean, caen y ríen de sus juegos. Lo sé, es una tontería pero la música siempre busca narrar algo y para mí es así, me divierte esa imagen en mi mente y mientras pienso en mis hadas el tiempo pasa flotando entre ellas, terminamos la presentación en un abrir y cerrar de ojos, cuando menos pienso nos despedimos del público entre eufóricos aplausos y cierran el telón. Fuimos dirigidos a un cóctel que se celebraba posterior al concierto en uno de los salones del teatro, la universidad nos instruyó en interactuar cortésmente con los invitados y así hicimos lógicamente. Charle con un par de los invitados hasta que una mujer con un aspecto altivo y prepotente me clava su mirada, siento que me observa de pies a cabeza y con su mirada excava en mi, camina con paso decisivo como si fuera la dueña del mundo. Yo también la analizo y con lo poco que sé podría decir que lleva un vestido muy caro, le llega hasta las rodillas y es terriblemente ajustado, tiene un escote muy profundo y el vestido es de un color rojo muy intenso, si me preguntas es un vestido más adecuado para una discoteca que para un teatro. –Su olor es muy extraño, no es humana eso es seguro, tiene unas notas similares a las de mamá y las nuestras, tiene que ser una loba –dice Lily aun masticando un poco esa idea. –Increíble es el primer lobo que nos encontramos que no sea mamá y esta tiene un aura asesina –le digo a Lily con bastante intriga. –Pianista, tu nombre –escupe con desprecio esa mujer. –¿Disculpe? –logro decir estúpidamente, ya que su tono me desconcertó por completo, que mujer tan grosera. –No puedo creer que tengo que repetir –dice ella zapateando y gruñendo. Sigo impresionada por el increíble desborde de emociones que tiene esta señora. –Pregunté ¿Cuál es tu nombre? –dijo ella haciendo énfasis en cada sílaba de su pregunta como si hablara con un niño. –¡Ah! Que pena no le había comprendido, soy Emma White gusto en conocerla –digo con una falsa sonrisa, extiendo mi mano para estrechar la suya, la ve con asco. Aparece un hombre gigante tomándome de la mano que tendí y bloqueando mi movimiento, mira que yo mido 1,70 m no soy precisamente pequeña y con estos tacones puedo estar en 1,80 m, pero este sujeto debe estar rondando fácilmente los 2 m, su cuerpo se ve entrenado, su movimiento de bloqueo fue muy suave no me lastimó, pero fue rápido y preciso, vaya me encantaría entrenar con este tipo. –¿Hola? –le digo incrédula al sujeto que acaba de detener mi mano. –No la toques –dice el tipo liberando mi mano. –Lo siento, señorita solo quería presentarme –digo con cortesía, esto de ser amable con los invitados al final me está costando. –Tocas bien el piano Emma, pero parece que tus padres no te educaron, no soy “señorita” soy “su alteza Amelia Jones” o “Su Alteza” para ti –dice Amelia hinchando el pecho con aún más orgullo, pero vaya, ahora entiendo perfectamente el motivo, la corona se le subió a la cabeza y no solo en el sentido literal. –Su Alteza, mi madre si me instruyó, sin embargo, no contaba con nombres o fotografías para enseñarme ya que desde hace muchos años estamos en este mundo, no fue mi intención ofenderla –digo conservando la compostura. –Exactamente de eso quería hablarte, estás arrestada –dice una Amelia muy contenta de sí misma, como si hubiese encontrado al peor criminal. –¿Qué? ¿por qué? –digo completamente impactada ¿arrestarme? ¿por qué? –Yo no he hecho nada malo Su Alteza ¿cuáles son los cargos? –digo tratando de conseguir información ya que no comprendo nada de lo que está ocurriendo, el tipo de antes me sujeta de los brazos y me arrastra hasta la salida, el disturbio llama la atención de todos a nuestro alrededor. –¡Disculpen por la interrupción caballeros! Son asuntos del gobierno esta mujer está siendo arrestada, lamento haberlos incomodado –dice Amelia con una cortesía que no imaginé que pudiese tener, pero claro, si ella es en verdad una princesa debe saber cómo tratar a las multitudes, una vez afuera se cae su fachada y me mira con el mismo desprecio que tenía antes. –¿Me dirás AHORA por qué me estás arrestando? Su… Alteza –dijo por fin devolviendo el mismo desprecio que esta mujer me ha estado mostrando, ya no estamos en el teatro no tengo por qué guardar las apariencias y apenas logro contener a Lily en mi interior para que no le destroce la linda cara de prepotente que tiene esta supuesta princesa. –Por estar en el mundo humano sin autorización –dijo ella creyendo que con esas palabras entendería todo lo que dijo ¿sin autorización? –¿Qué te hace pensar que no tengo autorización? –dije sin molestarme siquiera en usar su honorífico, en respuesta toma mis manos, expone mis muñecas y también muestra las suyas, se puede observar un sello en su muñeca derecha y por supuesto yo no tengo ningún sello mágico.
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